La historia no fue la misma

Aquellos Tiempos.-

Por Miguel Ángel Genis Guzmán.

Los Yanquis Ganaron la Serie Mundial.

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Ante un parque lleno de casi 50 mil aficionados cayó el último out de la serie mundial y más de un millar de eufóricos fanáticos se volcaron sobre el terreno para felicitar y ‘pasear sobre hombros a sus ídolos que los habían emocionado durante los siete partidos que duró el clásico.

Los fabulosos Bravos derrotaron a los orgullosos Yanquis de Nueva York que eran marcados como claros favoritos para llevarse a casa el trofeo de campeones de béisbol del mundo.

Los Bombarderos del Bronx empezaron la serie con el pie izquierdo y sufrieron sendas derrotas en los primeros dos encuentros, pero al cambiar el escenario del clásico hicieron un buen intento por levantarse y la fiesta de otoño se Alargó a los siete partidos con victoria final para los Bravos.

El fornido lanzador que le propinó tres derrotas a los “Mulos” y ganó el último y definitivo encuentro era el hombre más feliz del mundo y todos querían estrechar su mano.

En el mes de febrero de 1958 en la tranquilidad de su hogar Lew Burdette, verdugo de los Yanquis un año antes, leía con deleite si inolvidable hazaña que con grandes fotografías ilustraba la revista “Magazine” especializada en deportes.

Entonces comentó con su familia y más tarde lo hizo para los medios de comunicación, que al siguiente año se dividiría el trabajo con su compañero de equipo Warren Spahn, quien obtuvo el otro triunfo para los Bravos en 1957, así- dijo, la carga será menos pesada.

Ciertamente al siguiente otoño se enfrentaron nuevamente los yanquis a los Bravos que en época tenían su sede en la industriosa ciudad de Milwaukee del estado de Wisconsin. Esta vez el resultado fue diferente, los yanquis se coronaron en siete juegos y le devolvieron dos derrotas a Birdette que solo pudo salir de la serie mundial con una victoria. Spahn salió mejor librado con dos ganados y uno perdido.

Eso que pasó hace casi cuatro décadas parecía que se repetiría en esa serie mundial de 1996. Los yanquis empezaron perdiendo los dos primeros encuentros en su propia casa y las apuestas se pusieron abiertamente en su contra cuando el clásico pasó a la casa de los Bravos ahora de la ciudad de Atlanta.

Más todavía si se considera que el equipo de la liga nacional tiene en la actualidad el mejor cuerpo de lanzadores del beisbol que los expertos califican como uno de los más grandiosos en la historia del béisbol.

Nada menos quien con el paso de los años podrá recordarse como el máximo ganador del codiciado trofeo Cy Young. (Con cuatro) que se entrega al mejor lanzador de las ligas mayores, el que es el talentoso Greg Maddux, que cuando sale al terreno inspirado no le sacan la bola del cuadro.

Otro astro del montículo de los Bravos es el luchador Tom Glavine y completa la trilogía el siempre confiable y efectivo John Smolts. Por si no fuera suficiente cuentan siempre con el poderoso brazo de relevo de Mark Wholers que es una garantía a la hora del rescate.

Ante sus alicaídos fanáticos en Nueva York los Bombarderos del Bronx perdieron los dos primeros en encuentros en el Yankee Stadium y viajaron a la ciudad de Atlanta con las apuestas totalmente en su contra, porque ahí enfrentarían no solo al poderoso pitcheo de los Bravos ante su público sino también a sus no menos poderosos bateadores.

Todos sabemos lo que influye el público de Atlanta a favor de su equipo en esos clásico, pero poco sabíamos que el día de descanso de la serie, miles de viejos fanáticos neoyorkinos estuvieron comunicándose por teléfono y algunos personalmente con los jugadores de los yanquis.

Es fácil suponer lo que dijeron por el articular los neoyorkinos a sus favoritos, sin duda que los animaron a seguir adelante y no darse por vencidos, pero sobre todo les pedían sacar la casta de los yanquis de antaño y darle al campeonato del mundo a la gran manzana que por 15 años tuvo ayuno del máximo galardón del béisbol.

Los Mulos de Manhattan respondieron a sus seguidores y les propinaron tres derrotas a los Bravos en su propia casa.

Y la hicieron efectiva y terminaron obteniendo corona de la llamada serie mundial, los yanquis aprovecharon el mal fildeo de los Bravos de Atlanta y se alzaron con un triunfo de 3 contra 2, aunque, hay que señalarlo, el cuerpo de ampáyer no estuvo a la altura de lo importante que era esta serie.

Desafortunadamente para el equipo de los Bravos de Atlanta, con todos sus lanzadores estelares. Steve Glavine, Jhon Smooltz, Gary Madoux y con las fallas del manager Billy Cox, los yanquis no perdonaron y realizaron la proeza de llevarse el título de esta serie mundial, pero en fin, ésta terminó  y los que le iban a los de Atlanta, tuvieron que apechugar una derrota muy enigmática, y es que los hombres de azul, en realidad castigaron a los serpentineros de Atlanta, pero en fin, esto es algo que sucede siempre en este tipo de confrontaciones.

Por algo se tiene que perder o bien qué ganar. Pero definitivamente una serie mundial deja malos recuerdos porque el equipo a ganarla sentimentalmente, (no hay que olvidar que en esta escuadra estuvieron Vinicio Castilla Soria y Armando Reynoso) era Atlanta.

 

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