¿Investigarán las fortunas de la peligrosa mafia de Coahuila?

Gobernadores imperiales en México.-

Por: Alfredo Reyes Ramos.-

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Con el ascenso de AMLO al poder han surgido voces que alertan sobre el posible fin de la democracia y el surgimiento de un “Hugo Chávez” mexicano. Citan el libro de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, “Cómo mueren las democracias”, ensayo que estos politólogos de Harvard han publicado en relación al triunfo de Donald Trump y esgrimiendo la premisa de que “el retroceso de las democracias empieza en las urnas”, un fenómeno que los agoreros vernáculos aseguran que ya comenzó en este País.

Pero resulta que las señales que los docentes de Harvard enumeran en su libro para alertarnos de un posible derrumbe democrático no coinciden con la forma tan peculiar de hacer política de López Obrador, aunque cierto es que el análisis resulta muy certero para Trump, Víctor Orban de Hungría, Jaroslaw Kaczynski de Polonia, Chistian Strache de Austria, Mateo Salvini de Ítalia y para Jair Bolsonaro de Brasil, entre otros.

Es más acertado decir que el estilo personal de gobernar de Andrés Manuel se aleja del autoritarismo y la autocracia, como lo señalamos en este espacio la semana pasada en el artículo titulado “El fin de la presidencia imperial”, incluso, sugiriendo que este tipo de gobierno podría dar la percepción de un vacío de poder.

Una percepción que ha soliviantado a varios gobernadores estatales a disentir abiertamente del Presidente, haciendo lo que otros gobernadores nunca se atrevieron durante el antiguo régimen revolucionario, que contaba con un presidencialismo extremadamente poderoso, con las amplias facultades que le otorgó el Constituyente de 1917.

Por eso aquí no aplican las teorías de los politólogos de Harvard sino las ideas vertidas en “El sistema político mexicano” por don Daniel Cosío Villegas, ensayo aún vigente aunque con ciertas adecuaciones a nuestra realidad actual, ya sin el partido de Estado ni la presidencia imperial.

En el capítulo 4, “Contener para limitar”, don Daniel plantea el entonces reto inmenso (1972) de reducir y acotar el poder presidencial, en ese tiempo con muy amplias facultades legales y extra-legales, citando para tal efecto a James Madison, que fue el cuarto presidente de EE UU: “La gran dificultad para idear un gobierno que han de ejercer unos hombres sobre otros radica, primero, en capacitar al gobierno para dominar a los gobernados, y después, en obligar al gobierno a dominarse a sí mismo”.

Y aquí don Daniel ya no vivió para constatar cómo se ha ido desmantelando la presidencia imperial, un asunto que para desgracia de este país sucedió a la inversa con el inmenso poder que luego se fue acumulando en los gobernadores estatales mismo que se desbordó tras la fallida transición en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón (la “Docena pánica”) y que con Enrique Peña Nieto alcanzó niveles nunca vistos en cuanto a corrupción, abuso de poder y escándalos en toda la historia de México.

Y es que durante la trágica “Docena PÁNica” se suspendió una de las prácticas más autoritarias pero políticamente saludables del antiguo régimen priísta: la caída de gobernadores por revanchas políticas o por “motivos de salud” algo que, si usted quiere, era antidemocrático pero un verdadero detente para la inmensa corrupción y discrecionalidad que luego se desbordó a partir del gobierno fallido de Fox y de su pareja presidencial, la abusiva y atorrante Martha Sahagún.

Y mire usted el gran daño que los panistas hicieron a este país por jugar al demócrata y provocar vacíos de poder que en los estados fueron llenados por verdaderos señores feudales de un poder inconmensurable y corruptor.

Muchos de ellos, más de veinte, de varios partidos políticos, ya han sido indiciados, detenidos o procesados por delitos de peculado, narcotráfico, enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, abuso de poder y entre ellos, hay que decirlo, Jorge Torres López, todo un forajido, prófugo de la ley del país más poderoso del mundo, ex gobernador de Coahuila, cuya corbata sigue exhibiéndose en una vitrina del Palacio de Gobierno, una parte del cual parece el “Mob Museum”, el museo de los gánsteres de esta entidad.

A ver qué dicen respecto a Torres López, Chuy Ochoa y Lito Ramos, don Alejandro Gertz Manero, el primer Fiscal General de México ¿Podrá investigar las fortunas imperiales de la peligrosa mafia de Coahuila?

 

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