¿EL DESTINO YA NOS ALCANZÓ?

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

cecytec

Diciembre fue un mes nervioso para muchos empleados de gobierno, no los del sector central, o al menos de ellos no se supo mayor cosa, pero sí de las entidades periféricas, los trabajadores de universidades, institutos tecnológicos, de los CECyTECs, y otras instituciones, se toparon con que se alargaba, y se alargaba y se alargaba el plazo para pagarles el aguinaldo, y en casos extremos, para liquidarles la primera quincena, y aunque suene a entelequia del filósofo de Guemes, luego la segunda, porque la primera va antes que la segunda.

Es lo malo de las tradiciones, el gobierno y las universidades e institutos que dependen de él, estaban acostumbrados a pagar tal día la prestación anual del aguinaldo. Si acaso se jugaba con pagarla el lunes, en vez del viernes anterior, pero era lo normal que quedara cubierto antes del diez, y no pocos años, desde el cinco ya estaban los burócratas papeados, como para tronarse la mitad o todo en las posadas y en los regalos de Navidad. Cuando comienza el correr de los días no solo sin que se haga la luz, sino sin siquiera tener información de para cuando más o menos se van a iluminar los bolsillos, se desatan los rumores, y los borregos corren peor que los guajolotes que van a convertirse en el pavo de la cena.

Que si hay dinero, que si no hay dinero, que si lo están jineteando, que si es cosa de la Federación, que si es del Estado, que si es de la administración, y cero datos en concreto. Ah, pero eso sí, se sueltan las versiones de que a los del sindicato ya les pagaron, y de los otros, están haciendo listas de los que van a cobrar en diciembre y a quienes los van a mandar hasta febrero o marzo, ante eso, la imagen institucional, la del gobierno, la del sistema y de la nación entera, comienza a debilitarse.

Hubo manifestaciones, grupos de profesores se acercaron peligrosamente a la Secretaría de Finanzas, como con ganas de llevarse a lo chino lo que les correspondía por derecho, el dinero que ya habían trabajado y devengado, y que por razones que nadie explicaba, no se les entregaba ya no conforme a la tradición, sino estirando el plazo hasta lo que marca la ley… y un poco más allá, cargando con el costo político y hasta legal al que pudiera haber lugar.

Y bueno, diciembre vino y se fue junto con su año. La esperanza que es lo último que muere y que además religiosamente se renueva comenzando el 2019, era que todo hubiera regresado a la normalidad. Bueno, a la normalidad bastante relativa de que vivimos ya de lleno en la Cuarta Transformación, y que ahora las cosas se hacen de una manera muy distinta a la que se conocía de siempre, incluyendo que no haya nada seguro de nada y para nadie, comenzando por conservar el empleo y siguiendo con que los salarios por ese empleo no se los disminuyan, ya lo de que se paguen, es una bendición.

El caso es que ya en enero, avanzados sus buenos veinte y feria de días, los empleados del CECyTEC se toparon con que la incertidumbre no había desaparecido. La que sintieron en diciembre no hizo otra cosa que prolongarse hasta enero, y peor, recibieron el baldazo de agua a punto de hielo de que no había seguridad en cuanto a la asignación de los presupuestos para la operación de la dependencia. Esta nota debería ser desechada por increíble, pues no es concebible que una relación laboral del gobierno con cientos de trabajadores, no haya sido contemplada dentro del debate del presupuesto de egresos de la Federación, y del correspondiente en el Estado, una vez conocido lo que el de allá hubiera decidido respecto a este punto en concreto. Pues tal cual, ¿de qué bolsa salía lo del gasto de operación de los CECyTECs de Coahuila?, eso solo lo saben los que manejan el galimatías presupuestal en la Secretaría de Hacienda, pero de donde fuera lo estaban y lo siguen haciendo perdedizo.

Ese es un caso, aislado pero ampliamente difundido. Luego nos venimos a enterar que a un buen número de jubilados de la universidad no les pagaron lo correspondiente al mes de enero, y que la respuesta a sus airadas y no menos desesperadas protestas era un simple: no hay dinero. Oiga, que le digan eso a alguien que padece del corazón, que tiene diabetes o una úlcera, es hasta peligroso para la salud, por más que sea la más pura verdad, que no les han pagado porque no hay dinero para pagarles, y no lo hay porque de la Federación no han hecho el depósito correspondiente, así que lo que pueda hacerse aquí es poco más que nada, más que atenderlos con la amabilidad y medicamentos, si se necesita, para que se les pase el supiritaco.

Luego viendo las noticias nos enteramos que en Michoacán los integrantes de la Sección 18 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación se aventaron la puntada de bloquear las vías del ferrocarril en por lo menos cuatro puntos: Maravatío, Lázaro Cárdenas, Uruapan y Jacona, ¿la razón?, no nos lo va a creer, que los profesores demandan el pago de adeudos que el gobierno tiene con ellos…

Hasta aquí llevamos contabilizados tres casos, dos en Coahuila y uno en Michoacán, ¿pero serán los únicos? Nos sospechamos que no, los otros se han de estar manejando como situaciones locales que no han llegado a convertirse en notas periodísticas, pero con solo estas tres podemos conjeturar la existencia de una constante: no hay dinero para cubrir lo que para todos los efectos son compromisos financieros que no tienen nada de contingente, al contrario, son parte del gasto corriente de los gobiernos, del federal y del de los estados, y hablando de estos, de lo que recaudan por sí mismos o de lo que reciben del de la República para cubrir precisamente esos rubros de gasto. Esto no puede explicarse como desconocimiento o como parte de la curva de aprendizaje del nuevo gobierno, allí están los montos que hay que cubrir y cuando hay que hacerlo, cualquier retraso u omisión es una falta que causa problemas a los individuos, y que deviene en movimientos gremiales que pueden convertirse en políticos.

La cuestión es que el gobierno federal está haciendo sudar a todos parejo, a los gobiernos estatales, comenzando con el de Coahuila, a las instituciones, a los trabajadores en activo y a los jubilados, desde nuestros cuatro puntos de vista puede tratarse de un riesgo calculado… ver hasta dónde puede estirar la dotación de dinero, antes que las cosas revienten, esto puede tener que ver con crearle enemigos y problemas a las autoridades locales, para luego entrar ellos en papel de valientes rescatadores, y planteamos esto como hipótesis porque la otra opción nos gusta todavía menos, que efectivamente no haya dinero para pagar todo lo que hay que pagar y para hacer todo lo que han dicho que van a hacer, y que lo que están haciendo es apagar los infiernitos que se les van presentando. En materia de sufragar el gasto corriente del propio gobierno y mantener el pago de las pensiones, lo terrorífico es pensar que el destino, tan anticipado, ya nos alcanzó.

 

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