El retorno de Torres Charles, lo mismo que amarrar perros con longaniza

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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Cuenta la anécdota que un fulano se acercó con un, por esos entonces, prominente periodista del hoy extinto Distrito Federal, oye, le dijo el cuate este medio desgarbado y con ojos de desesperación, me dijeron que tú eras amigo del recién nombrado director general de Aduanas, por aquellos tiempos y desde el establecimiento del Imperio Azteca, uno de los puestos de bajo perfil más codiciados por los burócratas, pues se sabe que garantiza fortuna incalculable por generaciones por venir; pues bien, el periodista haciéndose el remolón y el interesante, como que le daba coba al solicitante y tampoco movía un dedo, hasta que este ya en el colmo de la angustia pronunció estas palabras mágicas: dile a tu cuate el director, que si me nombra vista, ni siquiera jefe de turno o comandante del resguardo, yo lo forro de billetes en un mes… a lo que el periodista contestó con esa cachaza que es inherente a los de la profesión ¿y qué, a mí no me vas a forrar también, aunque te tome seis meses o un año?…

Así eran las cosas en esa mina de oro del Rey Salomón que era y sigue siendo la Dirección General de Aduanas, hoy convertida por esos ajustes de la burocracia en que las cosas cambian para que todo siga igual, en Administración General de Aduanas. Un mes o un año en ciertos puestos del escalafón, y las familias de los funcionarios salían de pobres para siempre jamás. Conocido es el caso de un fulano avecinado en Saltillo, que fue unos cuantos meses jefe de la aduana interior de Monterrey, quien en su vida volvió a trabajar, así de generosa es esa área de la administración pública, donde tampoco vamos a decir que era fácil entrar, como en muchos otros lados las plazas se vendían, pero a diferencia de las de profe en la SEP, en PEMEX o en el Seguro Social, estas se cotizaban en dólares, muchísimos dólares, y eso para posiciones muy menores, porque los de arriba eran para compromisos políticos del presidente o del secretario de Hacienda, hasta donde dicen las malas lenguas, llegaba la corriente que pasaban desde los más humildes puestos fronterizos, pasando por las aduanas de los aeropuertos, los recintos fiscalizados, los puertos marítimos, y demás.

Hoy con la cuarta transformación, según, las cosas han cambiado, aunque nosotros nos permitimos tener nuestras dudas, y para muestra el botonazo en el oclayo que se llevó toda la estrategia anticorrupción, con la designación del temible Jesús Torres Charles, al frente de una oficina de reciente creación, según el esquema de reorganización allí en Aduanas, la Administración Central de Investigación Aduanera, dependencia que en sí misma representa un retroceso en los avances, pocos, que había tenido la desburocratización y la reordenación en un área que siempre se había manejado casi autónomamente, mientras siguiera fluyendo el dinero hacia arriba, lo que hicieran o cómo lo hicieran, importaba poco. Pero es cierto, en el pasado no muy lejano, junto con la eliminación de las volantas, la instalación de los semáforos fiscales, la desaparición del resguardo aduanal como cuerpo, también se había eliminado la Policía Fiscal, cuyas funciones, al menos por un tiempo adoptó la policía federal, cuando era de caminos y puertos.

Para atrás como el cangrejo, ahora la Administración General de Aduanas contrata a Torres Charles para hacerse cargo de las funciones de prestar servicios de seguridad y protección a las instalaciones, edificios y servidores públicos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del SAT, algunas de las cuales nos parecen metaconstitucionales o inconstitucionales, pero del todo fuera de la política del presidente Andrés Manuel López Obrador de eliminar los guaruras, choferes, escoltas y demás a los servidores públicos, y ahora resulta que en Aduanas, como en sus mejores tiempos de los gobiernos priístas y panistas, se cuecen aparte, en olla de oro de 24 kilates.

Dicen, dicen que para la selección de los ahora funcionarios de la ADA, se realizó una cuidadosa investigación de los antecedentes profesionales de los aspirantes… hubieran revisado sus expedientes penales y administrativos, hasta los periódicos les hubieran proporcionado más información de la que podrían digerir, pero bueno, recordemos que lo de los Head Hunters, los que seleccionaron a los mejores mexicanos y mexicanas para integrarse a la administración pública, fueron cosa de Vicente Fox, en este sexenio no hay nada de eso, si parece que a algunos los sacan de debajo de las piedras.

Del cúmulo de datos en el ambiente sobre el des-quehacer de Jesús Torres Charles durante sus obscuras andanzas en Coahuila, a donde llegó a ser procurador y luego fiscal ad vitam, solo vamos a recordar dos: en primer lugar la foto aquella que circuló ampliamente de su sonriente persona conduciendo un vehículo Ferrari por las calles de Saltillo, carro que solo tenía uno que era jefe de plaza del crimen organizado, aquel que ordenó quitar todos los topes de las calles pues se dañaban la carrocería, ese carro terminó mal, la Marina se lo llevó trepado en una grúa sin el menor miramiento, ah y otro Ferrari famoso, el del hijo predilecto de uno de los personajes más corruptos de la escena política nacional, Carlos Romero Deschamps, nomás esa foto a alguien con dos dedos de frente le hubieran servido para avisarle que aguas con Chuy Torres Charles, alguien quien no sabe guardar el perfil bajo característico de Aduanas.

El otro asunto tampoco es menor, y es previo a lo que luego deshizo como procurador y fiscal. Corrían los tiempos de Humberto Medina Ainslie, procurador de justicia del montemayorismo, y Torres Charles había logrado colocarse como subprocurador, probablemente con el mismo expediente de forrar a alguien de billetes, el todavía joven y bastante inexperto abogado, se le ocurrió que como parte de su chamba era resguardar unas bodegas aseguradas a cierto delincuente gordo, ¿Qué o quién le impedía pellizcar lo que allí había?, mala onda que lo descubrieron, lo procesaron y que supiéramos, hasta lo inhabilitaron para desempeñarse en el servicio público, claro, hasta que fue rescatado por el moreirismo, que lo encumbró hasta donde llegó aquí en Coahuila, y que nos sospechamos que también lo apadrina para su nueva posición en Aduanas, ¿pues si no cómo?

Nomás imagínese, un cuate que es el único con llave de una bodega a la que le encargan cuidar, y se sirve de lo que hay dentro como propio. Que lo hiciera en pequeña escala, casi le cuesta aterrizar en la cárcel, ¿y de allí lo nombran en Aduanas para cuidar todas las bodegas, todos los resguardos, todos los recintos, además, quedando bien con todos y cada uno de los funcionarios a quienes les asignará achichincles a cambio, por supuesto, de favores presentes y futuros?, peor no podía pintar la cosa, Aduanas no regresa al gansterismo, se le entrega al crimen organizado en la persona de Jesús Torres Charles.

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