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Protegiendo el valle

Herejía Política.-

Escribe: Luis Enríquez.-

4-cienegas

Millones de años atrás, la sierra madre oriental emergió de las aguas. De entre las fracturadas y plegadas rocas marinas, se formaron pozas y lagunas en medio del desierto.

Una desolada tierra prometida, en medio de la nada. Una tierra de yeso levantada por mantos acuíferos, pozos, ríos subterráneos y lagunas solitarias que aún resguardan en sus aguas miles de especies ancestrales y endémicas. Especies únicas que conservan cadenas alimenticias que han subsistido por más de 550 millones de años sin deformación alguna, donde se concentra una prueba viviente de la teoría de la evolución de las especies; es la conexión entre el pasado y presente.

Tras algunos miles de años de la llegada del hombre, el epicentro coahuilense, cimentado sobre un centenar de cuerpos de dulces aguas cristalinas, era custodiado por coahuiltecas, borrados y tobosos, quienes rodeaban el valle. Desde encima de las broncas montañas, con ojos sigilosos velaban e impedían la llegada de invasores.

Durante siglos sangrientos, la sabiduría coahuilteca atesoró las aguas del oasis arqueológico de lo que ahora es Cuatrociénegas. La primer época de transición arribó con bandera española. Conforme los conquistadores avanzaban al norte, el calor del desierto y los inhóspitos paisajes fueron debilitando sus fuerzas. Pero la vista del oasis arrinconaba en sus mantos enormes esperanzas. Esperanzas que al llegar eran desaparecidas, acribilladas, destazadas, con flechas y lanzas. Los indios estaban empecinados en proteger el valle. Por varias ocasiones los españoles intentaron fundar su asentamiento; pero los caminos eran largos, el agua poca y los nativos muy violentos. Cada asentamiento fue asaltado, destruido y aniquilado incontables ocasiones. No fue hasta el año de 1800 (39 años después del primer intento de fundación), que el entonces gobernador de Coahuila, Antonio Cordero Bustamente, junto a una docena de personas lograron la fundación definitiva de la entonces llamada Nuestra Señora de los Dolores y Cuatrociénegas, dejando al mando de la pequeña población a Don Julián de la Riva.

Desde entonces la prosperidad de esta región ha avanzado a un ritmo lento, esporádico. Tuvieron que pasar 59 años de su fundación para que ocurriera algo relevante en la localidad, que en ese entonces no tenía ni 2 mil habitantes: sus cielos vieron nacer al “Barón de Cuatrociénegas”, Venustiano Carranza, primer jefe Constitucionalista, derrocador del traidor gobierno de Victoriano Huerta. Años después de su asesinato entre sueños, (se dice que acribillaron a Carranza mientras dormía), por allá de los 20’s, en su honor se le dio al municipio el nombre Cuatrociénegas de Carranza, su cabecera municipal fue decretada ciudad apenas en 1975.

A pesar de tantas riquezas y un turismo explosivo en temporadas altas, la inversión ha sido poca y la explotación excesiva. La desecación del valle, desde hace 50 años, se ha dado a pasos agigantados; la revolución industrial, empresas lecheras, algodoneras y la agricultura cercana al valle han exprimido poco a poco las aguas y con ellas innumerables especies endémicas. Fue hasta 1994 que se le declaró área protegida por el gobierno federal, pero sólo de palabra; industrias y agricultores siguieron explotando las riquezas de las pozas, extinguiendo especies, desapareciendo poco a poco el área protegida.

Científicos que investigan la cuenca y sus alrededores aseguran una importante disminución en el agua superficial en años recientes. Respecto a la causa de la desecación de lagos y ríos, mencionan que “De forma similar a situaciones que ocurren cada vez con más frecuencia en regiones áridas del mundo, el desarrollo agrícola y la extracción de agua en la región han colocado nuevas presiones en la integridad ecológica de los ecosistemas únicos de Cuatrociénegas”. E incluso han descubierto que la extracción de agua en los valles aledaños repercute en la cuenca principal.

Nos lo advirtieron. Ahora, la laguna de Churince, el cuerpo de agua más grande de la cuenca, está seco. Sólo queda un fondo áspero y rocoso de la antigua laguna; sus comunidades de microorganismos cámbricos, adaptados a condiciones ambientales similares a las de hace 600 millones de años, han desaparecido completamente. La mayoría de los cuerpos de agua, manantiales, ríos y estanques de Cuatrociénegas han experimentado drásticas reducciones.

Pero no todo es desesperanzador; en un hecho sin precedentes, PRONATURA Noreste, con el empuje político y el total apoyo del rector de Universidad Autónoma de Coahuila, Salvador Hernández Vélez, lograron promover un amparo indirecto contra la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), impidiendo que esa dependencia del gobierno federal expidiera más concesiones y/o asignaciones para el aprovechamiento, uso o explotación de las aguas nacionales en esta zona protegida.

El empecinamiento de los entes, en la defensa de lo justo, se pinta de grandeza. Pero éstos no son eternos. Sin nadie que la proteja, con el pasar de los años, la cuenca de Cuatrociénegas se irá secando, irremediablemente. Sólo esperemos, que de vez en cuando, exista como en estos días, uno que otro empecinado en proteger el valle.

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