Contratos “B” de la Narro

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

huelganarro

La vida es una tómbola decía una canción de ¿me creerá que de Johnny Laboriel?, interpretada por Marisol, en una apreciación bastante chabacana a las posibilidades que a cualquier persona le puede ofrecer la existencia, en donde lo mismo nos puede ir bien que nos puede ir de la patada. A lo mejor la visión de Celia Cruz es más, digamos proactiva, de que la vida sí puede tener sus altas y bajas, pero sea como sea, es un carnaval, por lo menos nos da a cada quien un cierto dominio sobre lo que hacemos con el rehilete de nuestra existencia, eso sí, tomándola siempre por el lado divertido y guapachoso de una celebración. Ni modo, ¿Quién nos manda tener como filósofos de cabecera las canciones que en alguna época tocaban en el radio a mañana, tarde y noche, y que por su cadencia pegajosa, pues aquí las seguimos teniendo incrustadas en el oído, y peor, que las damos como guía existencial para enfrentar los problemas, solucionarlos, o sacarles la vuelta al puro caderazo.

Hay gente bastante más pesimista, conocemos algunos, que piensan y dicen que la vida es como el juego de la  matatena, ese que tiene una pirinola que se pone a girar, y dependiendo de su estrategia, o más bien de su suerte, tiene las posibilidades de que le salga el premio de tomar uno, tomar dos, o lo que es más probable, de que todos pongan. Hay otros todavía más pesimistas que estos, que piensan que la vida hay que interpretarla a través de la llamada Ley de Murphy, aquella que dice que si algo puede salir mal, saldrá mal, esta postura nos dice que las cosas siempre van a estar peor hoy de lo que estuvieron ayer, pero que a cómo van a ponerse mañana, mejor trata de disfrutar el presente, porque seguramente lo va a extrañar.

Total que entre pesimistas y optimistas, hay una cosa que se llama realidad, y que ya dejándonos de vaciladas, en la que enfrentamos todos y cada uno de los ciudadanos armados con nuestras pocas o muchas herramientas e ingenio, para enfrentar problemas que, ¿Quién sabe por qué?, pero dan la impresión de ser cada vez más complicados y difíciles de resolver. Para bien o para mal, los que hoy peinamos canas o pulimos calvas, nos acordamos de una época en la que las cosas eran un poco, o incluso un mucho, mejor de lo que son ahorita. No, no es que la senilidad nos esté haciendo añorar un pasado que seguro tenía sus problemas, pero como estábamos jóvenes nos parecía que era llevadero, por comparación con el día de hoy, que ya nos agarran cansados y las cosas nos parecen que terminarán por aplastarnos.

Pero no, a quienes les tocó vivir la época en la que el gobierno era populista y paternalista, que vivía y nos hacía vivir a los ciudadanos en la economía ficción, como que nos iba un poco mejor que ahorita. Baste consultar las estadísticas de pérdida del poder adquisitivo del salario, por el mismo trabajo y la remuneración correspondiente, el sueldo ha perdido entre 70 y 80 por ciento de su valor. De no ser porque esto ha venido pasando a lo largo de treinta años, a cualquiera nos escandalizaría y poco menos que nos haría levantarnos en armas eso de que de repente le exigieran el mismo rendimiento a cambio de una quinta parte de lo que le pagaban antes, pero sí, a eso es a lo que equivale el cambio de políticas gubernamentales en cuanto al valor del trabajo respecto al costo total de la fabricación de productos y la prestación de servicios.

Hace treinta, cincuenta años, trabajar era casi un gusto, bueno, tener una plaza en el gobierno o desempeñarse en algunos ramos de la iniciativa privada, porque cumpliendo lo mínimo, podía uno nadar de muertito treinta años haciendo como que trabajaba, lo que le permitía recibir una pensión bastante decorosa, por tiempo que si no era ilimitado, sí era por el resto de la vida, además que eso de jubilarse a los cincuenta años o todavía menos y dedicarse a la milonga otros veinte o treinta más, pues era por sí mismo la gloria. Además, se tenían unas prestaciones de envidia, desde apoyo para el pago de colegiaturas de los escuincles hasta una acción en un club deportivo, despensa con sustanciales descuentos, aguinaldo por el doble o más de lo que dicta la ley, bonos,  servicio médico privado, seguros, ayuda para compra de carro a precio de gobierno o a precio de fábrica, etc.

Pero compare esas condiciones de trabajo con las que hay ahorita… hay que ser de plano gerente o director para aspirar a algo parecido a lo que antes era generalizado. Pero como con lo de la pérdida en el poder adquisitivo, esto no ha ocurrido de un día para otro, las condiciones laborales se han ido actualizando, a veces de un año a otro, a veces simplemente tomándose la decisión en la alta dirección y notificándolo a través del área de recursos humanos, a partir de mañana, al que se contrate, es así y asá, teniendo como resultado que en un momento dado de la vida de las dependencias públicas y de las empresas, haya gente de tres o más generaciones, hablando de condiciones de trabajo, laborando hombro con hombro, pero cobrando unos mucho más que otros.

Ahora que continúa la huelga en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro por séptima u octava semana, parte de lo que los trabajadores administrativos llaman su lucha, es precisamente el tratar de impedir que la universidad negocie condiciones diferenciales de trabajo para quienes sean contratados a partir del día que se reanuden las actividades, si es que esto llega a ocurrir antes que le colmen el plato al ganso y su hígado se haga fois gras, orillándolo a tomar la decisión de mandar al diablo a esta institución educativa, como antes lo hizo con la electoral, el gobierno, y todo lo demás.

Los trabajadores de la Narro, el sindicato de la Narro se toman muy en serio su papel de defensores de la clase trabajadora narra, sin darse o sin querer darse cuenta de que esta tendencia es no solamente nacional sino global, al trabajador hay que explotarlo más a cambio de menos dinero, aun en dependencias gubernamentales donde hasta la palabra trabajo es cuestionable.

Ahora sí que a los trabajadores, les hace daño hasta lo que no se comen. Todos los que están ahorita, ahorita en huelga se rigen por un contrato que la rectoría ha ofrecido que no va a cambiar, pero sí se establece que las nuevas contrataciones se tendrán que hacer bajo otro tipo de relación de trabajo, pues la actual no puede sostenerse más tiempo, habiéndose dado como máxima gracia por parte del gobierno federal, el que no se les reduciría la remuneración ni prestaciones, como ha ocurrido en otras universidades, pero que estas no son extensivas para los nuevos trabajadores que se lleguen a contratar, so pena de… no contratar más, o que el gobierno, no la rectoría que es pura intermediaria en esto, revise su oferta y los mande por un reverendo tubo de albañal.

No que la gente no tenga aspiración o derecho a mejorar, pero esta es una tendencia imparable, y como dice la ley de Murphy, las cosas siempre empeoran antes de mejorar, suponiendo que alguna vez lo hagan, entonces ¿Quién les dice a los narros que pueden erigirse en bastión dela protección de las condiciones de trabajo de los buenos tiempos?, estos cuates están jugando con fuego, y corren el riesgo de tatemarse, si no por otra cosa, porque no les va a permitir sentar precedente. Ya si su gusto es terminar como mártires…

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