Reclutando carne de cañón

Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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¿Vio usted la película Seven?, es una película de suspenso de tema policíaco. Se desarrolla en la Ciudad de Nueva York, donde de repente los detectives se dan cuenta de que están en presencia de un asesino en serie que ha tomado como referencia para cometer sus crímenes, los siete pecados capitales, según la religión católica. En general la trama está bastante bien armada, los héroes, el típico novato recién casado que acompaña al detective negro ya de mucha experiencia, y tanta que lo que quiere es ya tirar la toalla, pues bien, como en la mayoría de las películas de este tipo, el objetivo es evitar que el asesino cometa el siguiente homicidio, en una carrera contra el tiempo y contra la imaginación, pues una vez completados los siete pecados, podrá esfumarse tranquilamente.

El detalle importante de la película Seven es que el delincuente se hace casi invisible de quienes están encargados de atraparlo, ¿por qué invisible?, ah, pues porque él mismo se ha ocupado de ser la persona más común y más corriente de la ciudad, un tipo ni muy alto ni muy bajo, ni elegante, ni dejado, ni muy flaco ni muy gordo, ni carita ni especialmente feo, ni siquiera es demasiado calvo, ni demasiado blanco, ni demasiado nada, la persona más normal que pueda uno encontrarse, al grado de que nadie pone dos veces la vista en él. Para acabarla, no deja huellas porque se quemó las yemas de los dedos con ácido, no deja rastro de tarjetas de crédito, no tiene licencia, no tiene antecedentes policíacos, un perfecto don nadie que lo hace el perfecto criminal. Si no la ha visto, se la recomendamos.

Lo de Seven viene a cuento porque el juego de policías y ladrones, uno de los favoritos de los niños de todas las épocas, que apenas se actualiza según las épocas, ahora por ejemplo los malos son el capo, el jefe de plaza, los sicarios, los buenos son los policías federales, los marinos, los gendarmes y la guardia nacional, tiene reglas que no siempre son las que nos imaginamos. En efecto, ¿qué sentido tiene ser un policía que parece policía, o para el caso, qué caso tiene ser delincuente que parece delincuente?, lo comentaba Harold Robins en su novela Avenida del Parque 79, la joven prostituta acepta irse con el fulano porque ella sabe que los policías usan calzado negro, y este traía zapatos cafés, y allí tiene que la arresta y dice además que se pone los cafés para no parecer policía.

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Los policías de todas las épocas, salvo los que no pueden evitar el uniforme, y aún estos, buscan aparecer ante la población, y sobre todo ante los criminales, como gente normalita, hasta un poco bobalicona, con tal de que se confíen y sigan en lo suyo, para ahora sí poder atraparlos en la indispensable flagrancia. Del otro lado, los delincuentes hacen hasta lo imposible por parecer gente honrada, también ellos ganarse la confianza de sus víctimas, de los vigilantes, de quien sea, para que bajen la guardia, y entonces sí, dar el golpe.

Ya con estos antecedentes que pueden parecer poco serios, pero que sin embargo nadie mejor que un novelista para poner el árido y aburrido trabajo policíaco en perspectiva, es que nos preguntamos ¿qué es lo que está pasando en estos momentos en el estado de Coahuila, donde pareciera que los delincuentes están empeñados en picarle la cresta a las corporaciones policíacas, y estas puestas de dejarles claro a punta de metralla, que esas cosas no se hacen impunemente?

Veamos, por lo menos tres, si no es que más, de los enfrentamientos armados que ha habido en las pasadas tres o cuatro semanas en los distintos municipios de la entidad, desde Ramos Arizpe y Saltillo hasta Monclova y Piedras Negras, tienen que ver con que se dan avistamientos de gente armada viajando a bordo de las típicas camionetas pick up o cerradas tipo Suburban o Cherookee. Sea que los ciudadanos se den cuenta y notifiquen a las autoridades, o que alguna patrulla policíaca vea estos vehículos en los que sobresalen por las ventanas los cañones de armas largas.

A lo mejor antes, no hace mucho, las cosas no eran así, pero ahora sí lo son, tanto si se recibe el reporte como si lo ven con sus propios ojos, lo procedente es marcarles el alto… y allí es donde comienza la refriega, que en los últimos enfrentamientos, como en la gran mayoría, terminan con casi todos los delincuentes muertos, y uno que otro policía fallecido y algunos heridos. Pero yéndonos unos minutos antes de que sucediera lo de la carretera ribereña cerca de Piedras Negras o lo de la Colonia Loma Linda, ¿qué sentido tiene andarse pavoneando con sus armas asomadas por las ventanillas, a quien quieren intimidar o ante quien quieren aparecer como los muy machos?, y quizá más puntualmente, ¿de dónde venían y a dónde iban? Siguiendo el principio de Seven o el que ofrece Harold Robins, si ando en malos pasos y tengo que mover a toda “la célula”, pues no meto todos en una camioneta para que parezcan Mafio y sus Pandilleros, aquella caricatura de hace medio siglo, y las armas, si las tengo que tener a la mano… las acuesta uno en el piso y pone cara de que voy aquí con mi primo a comprar las tortillas.

Ah y si se topa uno con una patrulla, pues nomás de lejos el saludo, o ni eso, ¿para qué hacerse de sospecha? Pero ¿y qué pasa con los ataques contra policías o instalaciones en Ramos Arizpe y Nueva Rosita?, ¿qué significa ir a tirar los cinco cadáveres de una sola familia a las oficinas de la Fiscalía en Sabinas?, eso es desafiar a la autoridad, que sí, siempre y con razón se están quejando de que no tienen ni armas, ni equipo, ni los vehículos más modernos… pero que a la hora que activan el código rojo y se juntan soldados, marinos, municipales, estatales, a ver de qué cuero salen más correas, y eso es un principio de contabilidad que no entienden los valentones que le andan picando la cresta a las autoridades, detrás de un policía hay otro, detrás de una patrulla hay un carro blindado, atrás de este hay un helicóptero, y más detrás viene la artillería, así son las cosas.

Desde que el mundo es mundo siempre ha habido delincuentes, pero están los que tratan de llevar una carrera productiva y sobre todo larga como para disfrutar de lo que consiguieron con sus malas pero finas artes, pero ahora lo que vemos es que, al menos a los que han caído en Múzquiz, en Piedras Negras, en Saltillo, son pura carne de cañón, personas a las que lograron sus reclutadores engañar con que tendrían una vida cómoda y emocionante, y que en una estrategia bastante difícil de entender, están usando para que los masacren. Ojalá estos pobres se dieran cuenta, para eso están las películas caray, de que de un enfrentamiento con la fuerza pública, las posibilidades de ganar son casi cero, y ni siquiera las de salir vivos, que cada vez también son menos.

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