BAILE Y COCHINO.-
Por Horacio Cárdenas.-

Las últimas semanas han estado calientes en el Estado de Coahuila, y no nos referimos al clima achicharrante que ha padecido la entidad como efecto directo del calentamiento global o el cambio climático, sino a las intentonas de una o varias bandas del crimen organizado por volver a sentar en el territorio estatal sus reales, ni más ni menos que como estuvieron, más que a sus anchas, hace algunos años.
Pero el verdadero calor ha venido no de como quizá esperaban, de la indiferencia del gobierno o de la sociedad para recibir una u otra banda criminal de las que tenemos registrada una larguísima historia en la entidad, o hasta de que fueran bien recibidas y mejor aceptadas, por como también suele pasar, esta clase de organizaciones, por muy violentas que puedan ser, también involucran una derrama económica, misma que puede ir desde el muy mínimo consumo de lo indispensable, hasta el derroche en obras, servicios, empleos y demás. No, el calorcito lo recibieron de parte de las autoridades, por las bocas de fuego de los cuerpos policiacos, que durante los dos meses anteriores se la han rifado contra los advenedizos.
El trabajo policiaco nunca ha sido fácil, entre mandos y policías, entre políticos y mandos el trato nunca ha sido algo que pudiera nadie calificar de suave, ni respetuoso de arriba para abajo, al contrario, alguien de fuera que lo presenciara por primera vez, podría señalar un buen número de violaciones a los derechos humanos, pero ni modo, la seguridad rara vez da espacio ni tiempo para las buenas maneras y para ejercitar las buenas costumbres, las cosas hay que hacerlas rápido y bien… o aunque sea rápido, ya luego vemos para que no dé la impresión de que se cometieron demasiados errores. Pero así están acostumbrados, unos a mandar y otros a obedecer, estos ya ascenderán en la jerarquía y se portarán exactamente igual que sus jefes actuales, reconociendo todos los involucrados que es la manera más efectiva y menos onerosa para que el trabajo continúe haciéndose.
En relación a lo sucedido en los últimos enfrentamientos entre las bandas criminales y fuerzas de seguridad en distintos municipios de la entidad, y ya sabe cómo están las cosas con las omnipresentes redes sociales, han circulado algunos audios de las comunicaciones entre los integrantes de algunas corporaciones que estaban participando en las balaceras y en las persecuciones, además de los otros que estaban en alerta esperando a los delincuentes que huían, y de los que no tenían otra opción que estar de imaginaria, en previsión de lo que pudiera ocurrir.
Sin ser expertos en análisis del comportamiento, ni mucho menos, sí podemos observar casi como cualquier mortal, la tensión de los policías. Algunos cercanos a perder el control, asustados, desesperados. Hablando entre ellos, sin sospechar o sin importarles que alguien pudiera estar de chismoso para luego andar regando el tepache. En ningún caso escuchamos a alguien diciendo que mejor le sacaran la vuelta al parche, y sin entrar en hipocresías de nosotros somos muy valientes, estaban con los nervios de punta, esperando lo que fuera.
Ya luego de lo de Sabinas y antes de lo de Acuña, en un momento de calma, salió por allí una nota muy interesante y preocupante que decía que cerca de 450 elementos de las corporaciones policiacas municipales y estatales, estaban pensando renunciar o ya habían renunciado, pues la ola de violencia está mucho peor de lo que el trabajo policiaco demanda normalmente. Ojo, no estamos hablando de cobardes, simplemente de gente que se pone a evaluar sus posibilidades reales de salir vivo de una lucha que no parece que tenga intención de terminar pronto. Casi medio millar de personas que desde hace un mes se presentan con cierto temor y mucha incertidumbre a trabajar todos los días, sin saber si terminarán el turno en una pieza, ¿y eso repetirlo al día siguiente y al siguiente?, como que portar el uniforme está dejando de ser vida.
450 elementos que causan baja significa un costo operativo tremendo, por principio de cuentas presiona a las corporaciones y las obliga a exigir más dedicación de los que se quedan, ya en segundo, reponerlos con reclutamiento, capacitación, los primeros meses o años para ganar experiencia, en fin, algo pesado. Pero para el gobierno del estado y los municipios, además de lo anterior, también tiene un costo económico muy fuerte, entre la remuneración, los uniformes, la formación, en fin, todo lo que representa poner a un policía uniformado perfectamente preparado en la calle. Lo del ahorro en nómina del pago de esos elementos no es más que momentáneo, porque hay que reponerlos a la brevedad.
Pero afortunadamente, si es que se puede ser optimista en una situación de riesgo de guerra civil estilo Sinaloa o Acapulco y que las corporaciones policiacas se estén desangrando de su gente, gracias a la Ley que crea la Guardia Nacional y a sus leyes secundarias, esta flamante corporación ofrecerá la posibilidad de apoyar los trabajos de seguridad públicas en las entidades federativas y en los municipios… a cambio de una corta. De una corta que no ha de ser tan corta.
Vamos a pensar que un policía municipal cuesta diez mil pesos al mes, uno estatal el doble, 20 mil pesos ¿para cuánto le gusta que cueste un policía federal, bueno un guardia nacional, 30 o 40 mil pesos? Una de dos, o el estado y los ayuntamientos tienen que exprimir las piedras para sacar dinero para cubrir el faltante de personal policiaco… o lo que es más probable, destina la misma cantidad de dinero que actualmente, encomendándose a los cielos de que un guardia nacional sea capaz de hacer el trabajo de cuatro municipales o dos estatales… si es que eso entra en lo razonablemente posible, lo que dudamos mucho, por mucha preparación y ganas, unos y otros no son más que humanos.
Por lo pronto las bandas que amenazan Coahuila ya lograron su primer objetivo de debilitar y desmantelar las corporaciones policiacas locales, van por el segundo objetivo, el de hacer sufrir las finanzas del estado y los municipios para reponer una fuerza pública menguada, por muy presumida que pueda ser la mentada Guardia Nacional, si es que se deciden por esa complicada opción, porque las otras de quedarse así o contratar al primero que pase, tampoco son muy atractivas. Que grave que ahora ya no haya que ocuparse de los balazos y quien los tira, sino de con qué vamos a pagar a quien quiera trabajar para mantener el poco orden que hay.

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