Los médicos del Presidente

¿Necesitamos más médicos de veinte pesos, necesita el país médicos cubanos en las farmacias similares, del ahorro, Benavides?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

medicos

López Obrador quiere más médicos egresados de las universidades ¿para que tengan salarios de cincuenta pesos o en el sector salud les quiten su paga?

Cuenta un viejísimo cuento político, que andando en campaña un aspirante, al puesto que sea, pues eso no es lo importante y al final de cuentas todos están cortados por la misma tijera, que estando frente a un aburrido grupo de simpatizantes, más bien de acarreados por la siempre entusiasta estructura del partido, quiso el candidato sacarlos de su abulia al más puro estilo del sistema político mexicano, prometiendo lo que fuera que creía que podía ser su “aspiración más sentida”: “y aquí en este yermo les voy a construir un puente, el más moderno del país”, a lo que algún socarrón que nadie sabe cómo se había colado en el mitin observó con una de esas voces imposibles de no escuchar desde cualquier sitio “¿y para qué un puente, si no tenemos río?”, a lo que el político, haciendo gala de su desparpajo y de su capacidad de salir adelante de cualquier adversidad respondió “pues también les construiremos un río”… hasta aquí la anécdota, que más que eso parece una cita del manual del político mexicano en  campaña.

Eso de ir a los lugares, o reunirse con grupos o gremios, para decirles lo que quieren escuchar, es eso, una estrategia de campaña de cuando los grillos andan tras el poder, aunque ya luego teniendo el poder en la bolsa, la mayoría se vuelve mucho más cuidadoso, pues, haciendo uso de la tan mexicana referencia, no es porta uno igual de borracho que de cantinero, así los políticos, cuando andan tras el sufragio popular se portan, y mire lo útil de la comparación, tan alegres y dicharacheros como el borracho, pero cuando les toca administrar la cantina… se vuelven de lo más circunspecto, ya no prometen tragos gratis para todos, sino que se cuidan que no se vaya uno sin pagar el consumo, y se vuelven muy hachas para saber quién todavía trae dinero para seguir bebiendo. El político que gobierna ya no promete al puro trancazo, ya no bromea con cosas que son serias o deberían serlo, se cuida mucho de cada palabra que dice, que en algún momento pueda resultar que se la vengan a cantar como promesa incumplida, como falta de tacto hacia algún grupo específico, como retrógrada o lo peor de lo peor, como antidemócrata.

Muchos son, en los cafés, en las columnas políticas, en los análisis académicos, en los partidos políticos, que al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador “no le cae el veinte todavía”, que ya es, por voluntad popular, el primer mandatario de la nación, no un grillo en campaña, como tal, su discurso debería ser mucho más mesurado, más cuerdo, que lo que es en la práctica. Allí donde va, promete, promete cosas que no es posible cumplir, pero que la gente a la que acarrean, recordemos aquella chica que en Mérida le pintó el dedo al presidente, y no por lo que estuviera diciendo este, sino porque le valía una pura y dos con sal lo que estuviera diciendo, le suele aplaudir, él se siente bien, se siente que ya tiene su voto para la próxima elección… cuando que lo que le toca ahora es guiar, ordenar, orientar a una nación.

Este fin de semana último el presidente anduvo por Michoacán en lo que no puede describirse de otra manera que como una “gira temática”, al viejo estilo priísta o panista. Estando en el hospital rural de Villamar, en Michoacán, se le ocurrió soltar una de sus típicas bombas tabasqueñas: hacen falta 123 mil médicos en el país, eso hablando de médicos generales, y de médicos especialistas, la cantidad que usted quiera. Pero el presidente no se quedó solo en señalar un hecho estadístico, el del número de médicos por habitantes que hay en México por comparación con lo que existen en otros países de la OCDE, no, para pronto se lanzó contra la mafia del poder… contra las universidades que se niegan a aceptar a todos los aspirantes que quieren ingresar a la que sigue siendo la carrera con mayor número de solicitantes y también la de mayor número de rechazados. El pato feo del discurso de Villamar fue la Universidad Nacional Autónoma de México, que se dio el lujísimo de aceptar solamente, según números de la presidencia, al 2% de los 13 mil aspirantes a un espacio en las aulas universitarias, en un esquema que se repite en todas las universidades públicas de los estados, en las que se cuentan por decenas de miles los rechazados, por comparación con las pocas decenas que sí son admitidos.

Parece que nadie es capaz de decirle al presidente que, no de ahorita, sino de toda la vida, es el sector salud, la Secretaría de Salud del gobierno federal, la entidad que ha puesto un tope al número de ingreso  de alumnos a las facultades de medicina, en función del número de “campos clínicos” existentes en los diversos hospitales, clínicas y centros de salud existentes en el propio sector, y aquí no solo hablamos de los públicos, sino también de los privados, las plazas de profesionales que pueden ser absorbidos sin detrimento de la calidad en relación con las instalaciones existentes, y en fin, el sesudo análisis de los especialistas, que no han estado dispuestos por más de medio siglo, a que cualquiera se cuele en la universidad para estudiar medicina, por muchas ganas que tenga él o ella o sus papás, porque sea doctor.

La amenazas que se dejan entrever en el discurso presidencial van en el sentido primero, de pretender cumplir su promesa de campaña de que cualquiera, todos los que aspiran, entren a las universidades, esto dando por descontado que estas son unas corruptas manejadas por corruptos, a los que no se les entregaría un centavo más de presupuesto para enfrentar una demanda adicional que solo podría describirse como una avalancha, sin ir más lejos, ¿Dónde pondría la Universidad Autónoma de Coahuila dos mil alumnos que quieren ser médicos, si solo tiene espacio para cincuenta en Saltillo y cincuenta en Torreón, donde pondría la UNAM a trece mil alumnos, si solo tiene sitio para también cien? Las universidades se vendrían abajo en todos los sentidos, pero ese es solo el comienzo, ¿Dónde irían esos alumnos a hacer prácticas, internados, servicio social y demás que se les exige?, todavía más lejos ¿Dónde irían a trabajar ya graduados, seis o siete años a partir de hoy, para más señas, ya en otro sexenio que pinta para que no sea continuación del lopezobradorismo?

También hay quien ve moros con tranchetes, más bien médicos cubanos ya llegando a cubrir las funciones que aquí, según, no cubren los médicos mexicanos que no hay porque no los forman las universidades, pero esa ya es otra historia también de terror, de la que luego le contamos.

Lo cierto es que: médicos hay, están en las clínicas, están en los hospitales, están en las empresas… están en las farmacias privadas cobrando veinte pesos la consulta o ni eso, gratis dependiendo de cuál sea. ¿Necesitamos más médicos de veinte pesos, necesita el país médicos cubanos en las farmacias similares, del ahorro, Benavides?, en materia de educación médica el presidente está a punto de cometer un atropello, que no un error, de dimensiones epidémicas en un país que no está para esta clase de errores…

 

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