BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

Un viejo chiste racista cuenta que en algún pueblito del profundo sur de los Estados Unidos, la gente estaba ya harta de ser acusados de racistas y de discriminación, esto es muchos años antes de que se pusiera de moda el rollo ese de los derechos humanos, y a algún simpático, que ha de haber sido político de profesión, se le ocurrió la brillante idea de: para acabar con el problema, que por lo demás, se manifestaba en todos los aspectos de la sociedad, ya no vamos a ser blancos y negros, ahora todos vamos a ser verdes, y así ya no habría motivo para discriminar unos a otros, y todo iba bien, hasta el momento en el que alguien comenzó a ver matices, y puso de nuevo el letrerito en su camión: los verde claro adelante, y los verde obscuro, por favor hasta el final del camión…
¿Malo el chiste?, malísimo, pero no deja de ser ilustrativo de una manera simplona de que siempre hay personas bien intencionadas en resolver los problemas que se dan entre grupos de gente que en teoría deberían ser, si no amigos, por lo menos reconocerse como pertenecientes al mismo bando, pero no, casi nos atreveríamos a lanzar la hipótesis de que es parte de la naturaleza humana el establecer distinciones, mientras más en número y más precisas, mejor, obvio con la intención de dejar en claro quién es superior a quien, pero si uno lo hace, ¿Quién nos dice que el otro no está pensando hacer y haciendo lo mismo para demostrar que es él o ella el superior, y uno no le llega ni a los hongos de las uñas de los pies?
Aun en corporaciones que desde fuera dan la impresión de ser sólidas, monolíticas, casi inquebrantables, al interior no dejan de ser un hervidero de envidias y de desprecios mutuos. Sin ir más lejos tome como ejemplo el glorioso Ejército Mexicano, del cual importa hablar antes que el presidente de la república amorosa Andrés Manuel López Obrador lo convierta en una sección de la Guardia Nacional, y no al revés. En el Ejército, los de las “Armas”, desprecian a los de los “Servicios”, los del Colegio militar, ningunean a los de las demás escuelas militares, los que obtuvieron su diploma de estado mayor desprecian a todos los que no fueron a la Escuela Superior de Guerra, y los que son de veras insoportables son los que fueron al Colegio Mexicano de Defensa, por contra de quienes en ese tiempo estaban tupiéndole a algún mando de tropa. Así son las cosas, e incluso hay quienes lo consideran correcto y funcional, pues mantienen una competencia que dicen que es sana, por más que frecuentemente se presenten fricciones, enfrentamientos, balazos y muertos.
En algún momento, hace muchos años, y viendo que el odio entre quienes deberían verse a sí mismos como hermanos de armas, estaba costando demasiada sangre y minando la efectividad del propio Ejército, se dispuso que de ese año en adelante, “ni mais”, todos los aspirantes a oficiales, iban a irse a hacer un tronco común al Colegio Militar, y solo después de aprobar los dos primeros años y reconocerse todos como integrantes de una determinada generación, ya se iban cada quien a su destino: el Colegio del Aire, la Escuela Militar de Enfermeras, de Oficiales de Sanidad, de Mecánica de Aviación, de lo que fuera, pero por lo menos ya había un principio de espíritu de cuerpo, ¿Qué tal funcionó la experiencia?, eso es difícil de saber, pues los generales no suelen soltar prenda sobre estos trapitos privados.
Cuando en Coahuila y particularmente en Saltillo se pusieron las cosas del cocol en materia de seguridad, una de las medidas verdaderamente desesperadas que se le ocurrieron al gobierno del Estado, fue la de organizar convoyes multidisciplinarios, intercorporaciones, o quien sabe cómo se llamaron, pero que tenían la intención de demostrarle a los ciudadanos en segunda instancia, y a los delincuentes en primera, que las fuerzas de seguridad del estado mexicano estaban coordinadas para hacerles frente. Seguro las vio pasar: iban uno o dos vehículos del Ejército, todavía sacaban a pasear los impresionantes hummer, un par de patrullas uniformadas de la Policía Estatal, antes de pasar por el baño garrapaticida para convertirse en Fuerza Coahuila, otras tantas de la Policía Municipal, y es allí donde las diferencias presupuestales comenzaban a hacer acto de presencia, un par de vehículos civiles, presumiblemente de la policía ministerial de aquella época, un vehículo de protección civil por aquello de no te entumas, total, a ojos de quienes los vieron desfilar, aquello era la clásica tamalada de dulce, chile y manteca.
También se buscaba que mínimo por haber andado en convoy y pararse a darle baje a un Oxxo por las papitas y las cocas, se reconocieran como de los mismos, de los “buenos”, ya que no colegas o amigos, aunque por las caras que se les veían a los soldados que iban como siempre, asoleándose, enfriándose o mojándose, o de los municipales que tenían los sueldos más miserables, o los estatales que tenían que pagar de sus bolsillos la gasolina y las refacciones, los ministeriales daban la impresión de ser los que la pasaban más cachetonamente y los de protección civil los que menos se exponían y los que salían con cara de héroes. En vez de salir cuates, salían más distantes los unos de los otros, y ahora con conocimiento de causa. El proverbial tiro por la proverbial culata.
Luego del éxito relativo del dispositivo que durante ya varios años ha establecido a La Laguna como un ejemplo de coordinación entre las corporaciones policiacas y las fuerzas armadas para combatir la delincuencia, la organizada y la no tanto, a alguien se le ocurrió que podría hacerse lo mismo, pero no para el binomio Coahuila Durango, sino para los tres estados de la Región Noreste: Coahuila, el pollino por delante, Nuevo León y Tamaulipas. Hasta el momento las cosas han funcionado como se supone que los tres gobernadores de estas entidades federativas querían, ¿y cómo no, si rara vez alguien con autoridad se atrevía a poner una bota en las brechas, controladas por contrabandistas, narcotraficantes, cuatreros y otros criminales?, cualquier cosa que se hiciera sumaba más que el cero de antes. La novedad, así como lo han platicado, es que policías de las corporaciones estatales se coordinan bajo un mando rotatorio, y se dan a la tarea de peinar, con fines estrictamente de vigilancia y de prevención, las amplias zonas que eran prácticamente tierra de nadie… o no tanto así, pero que nos ganaron en su momento el sello de “estado fallido”.
Que si esto está funcionado, todavía está por verse, no en cuanto a la presencia, que eso sí es efectivo, sino en cuanto a la utilidad de la coordinación, porque eso de que llega un secretario o subsecretario a pegar de gritos a la tropa, para regresarse a su cómoda oficina, y dejar a los policías bien regañados y medio encabritados, ah y que a las dos semanas sea otro el que venga a ponerlos como el siempre ilustrativo palo de gallinero, pues como que no contribuye al espíritu de cuerpo. Ya a la luz de la fogata, no faltará quien quiera defender a su jefe sobre los demás, a su corporación sobre las otras, a sus delincuentes sobre los matreros de los otros, etc. digo, no es la primera vez ni será la última, ahorita traen los operativos como excursión de funcionarios que se sienten muy machos, a ver si dura después de los primeros balazos, ya ve que de esos se los dan gratis hasta en palacio de gobierno, entre compas y cuadernos…

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