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Liberan a Pepe Chuy, asesinó a su tía y la escondió bajo la cama; le dan perdón

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Pepe Chuy no soportó que su tía  Norma Aracely arrojara su guitarra al piso y la estranguló con sus propias manos. (Fotos de Vanguardia Saltillo).

Saltillo, Coah., 27 de agosto 2019.- El 12 de septiembre del 2017, José de Jesús Serna decidió vengar a su guitarra que fue lanzada al suelo en forma cruel. A la responsable de ese sacrilegio la tomó por el cuello y apretó, apretó hasta que ya no se escuchó resuello alguno.

Tenía entonces 19 años de edad. Sus únicas compañías eran esa guitarra, algunas drogas y la tía Norma Aracely Serna, que tantos dolores de cabeza le provocaba.

El crimen se registró en el domicilio marcado con el 544 de la calle Nicolás Bravo. Después de arrancarle la vida con sus propias manos, José de Jesús, perdido en las drogas, escondió el cuerpo de su tía bajo la cama. Ahí podía observarla para que no tuviera la ocurrencia de regresar del más allá para arrojar de nuevo su guitarra al piso.

En un principio la dieron como desaparecida, se creó que la maestra había sido secuestrada en el trayecto de su casa al trabajo. La policía investigadora daba palos de ciego; nada indicaba que la mujer hubiese sido atacada por alguien.

Así pasaron los días. Los olores fétidos dentro de la casa empezaron a manar del cuerpo hasta alcanzar las ventanas de la calle. Los vecinos decidieron llamar a la policía para que investigaran que era lo que ocurría dentro de la casa habitada por el joven.

Cuál sería la sorpresa de policías y vecinos que ingresaron al lugar para ver lo que sucedía dentro. José de Jesús se encontraba sentado en su cama, tocaba la guitarra. Abajo, a sus pies, permanecía el cuerpo de su tía, silencioso, mudo, muerto.

Ahí fue detenido. La noticia consternó a los saltillenses. El joven fue encarcelado para pagar tal crimen cometido.

Sin embargo, hoy su vida volvió a dar un vuelco inesperado. La hermana de su víctima le dio el perdón y, con ello, abrió la puerta a su libertad.

Pepe Chuy piso de nuevo las calles de Saltillo, respiró el aire que fluye libre. El mismo cielo le pareció más azul y las nubes más blancas que como las recordaba dentro del penal. Agradeció a su tía el gesto noble y, con dos años más encima, regresó a su casa, la misma casa de su crimen.

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