Ramiro, el juicio político…¿Desaparecen los poderes del “pueblo mágico”?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni

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Nada denota más la incompetencia de un político, que los problemas salgan de los límites de su municipio para ir a ventilarse en cualquier otro lado.

No estamos hablando de lo anecdótico, ya ve como somos los mexicanos, que de la mala suerte y de la queja hacemos nuestro tema favorito de conversación, sino de lo otro, de ir a pedir que alguien venga y nos arregle los problemas, porque acá la cosa está del cocol, y hay que buscar por todos los medios alternativas para evitar que la sangre llegue al río.

Los mexicanitos somos muy dados a eso: nombre, allá en mi tierra, los policías son los más corruptos del universo, ¿Qué me cuentas, si en donde yo vivo no puedes asomar la nariz después de las ocho de la noche, porque te la tumban de un balazo?, o en mi pueblo los políticos se han robado hasta las baldosas de la plaza de armas, las armas y la plaza, así somos para hablar de nuestros males y de nuestros peores. Algunas son verdades, otras son verdades a medias porque nos da vergüenza decir las cosas como realmente son, algunas son meras exageraciones y lo que decíamos, tema de conversación con muy poco sustento, y por supuesto, alguna que otra mentira.

Pero es lo normal, establecer comparaciones, sea para no sentirnos tan mal de lo que vivimos cotidianamente, sea para contar nuestras pocas o muchas bendiciones, de las que mínimo hay que conocer y tenerlas presentes, incluso como lo hemos comentado ya tantas veces, los coahuilenses tenemos una cierta debilidad por las comparaciones, característica que no tiene otro origen que un complejillo de inferioridad que por más que hacemos, no nos lo podemos quitar de encima. Por eso siempre estamos diciendo que nos hallamos en el “top ten” de esto o aquello, obvio de cosas buenas, que ocupamos el primero, segundo o tercer lugar de esto o aquello, y la frasecita que se ha puesto de moda en voz de los políticos, que Coahuila es referente nacional o mundial en alguna cosa importante o no tan importante, y por supuesto, de lo malo… de eso a ver como lo tapamos, porque no es posible que por un lado nos la vivamos echándonos confeti, para que por el otro lado nos caiga mugre de cosas que no hemos podido resolver, o peor, de otras que no hemos siquiera intentado comprender para luego arreglarlas.

Peor hablando de cosas verdaderamente importantes, a diferencia de lo que solo sirve para entretenernos, para entretener a quienes nos escuchan, y que también funciona como válvula de escape de lo que traemos allí atorado, hay que apelar de nueva cuenta a la sabiduría del pueblo bueno: los trapos sucios se lavan en casa, dice un pregón de todas las familias, de las instituciones y de los gobiernos, mientras que un asunto, por cochino que sea, no trascienda de los muros del hogar o de los límites del municipio o del estado, la cosa entra dentro de lo manejable. Malo cuando estos asuntos se orean en público de la gente, que se apela a la autoridad superior, tenga competencia o no, porque lo que está ocurriendo en el fondo es una acusación, dura y a la mandíbula, de que quien debería estar atendiendo los problemas, es incapaz de ello, o peor si se puede, es el origen de las complicaciones, y no queda más que pedir que venga alguien a poner orden.

Todos lo hemos vivido en carnita propia, los pleitos entre hermanos pueden ser divertidísimos, violentos, rudos, pero todo entra en la camaradería filial, eso hasta el momento de la más grande de todas las traiciones, cuando uno de los hermanos dice: ya no juego, y no solo eso, sino que lanza la peor amenaza posible, voy a decirle a mi mamá, y ya el summum es cuando va y lo cumple. Allá viene la progenitora de los niños, dos, tres, los que sean, hecha una furia, a poner orden, de las cachetadas no se salva nadie, ni siquiera el que fue con el chisme, y ni aún el temor de que alguna de las víctimas de la chancla mágica o de las vecinas metiches hable a la policía y venga la PRONIFF a llevarse a las partes, importa, hay justicia porque hay justicia.

Pues bien, ¿qué es un cabildo sino una gran familia?, sí, allí están representados los poderes del municipio, está por supuesto el alcalde o alcaldesa, quien para todos los efectos ejerce el poder ejecutivo en el nivel más cercano al pueblo, está el síndico que vigila que las cosas se lleven a cabo como se debe, que se aplique la ley, y están los regidores y regidoras, quienes son los verdaderos representantes de la familia extensa, todos los habitantes del municipio.

Que quede claro, tener a todos los integrantes del cabildo contentos es hablar de un imposible, porque las decisiones que se proponen a unos les cuadran y a otros no, como las acciones del ayuntamiento derivadas de aquellas, a algunos favorecen y a otros perjudican, es lo común, lo normal, raro sería que todos estuvieran de acuerdo, y lo es más por el hecho de que se representan no solamente sectores sino también partidos políticos y por extensión las ideologías detrás de cada uno de ellos.

Pero una cosa es que un cabildo parezca un costal lleno de perros y gatos, que al rato se cansan de morderse y arañarse y se queden todos tranquiltos en el morral, y otra que alguien del cabildo… el cabildo en pleno, rompa el costal, mande al alcalde por un tubo de albañal, y se lance a exigir a los poderes superiores que ponga orden, porque el presidente municipal no entiende razones.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Parras de la Fuente con el cuerpo edilicio, que esta semana estuvo por Saltillo, ni más ni menos que por la sede del Congreso del Estado para pedir se haga juicio político contra el alcalde Ramiro Pérez Arciniega, quien pese a todos los señalamientos que se le han hecho en privado, en corto, a gritos y particularmente en las sesiones de cabildo, nomás no entiende que sus actitudes, sus decisiones dañan al pueblo mágico y a los pobladores mágicos de Parras de la Fuente.

Que vergüenza que asuntos de nepotismo, de enamoramiento rayano en la estupidez, de tráfico de influencias, de falsificación de actas y documentos oficiales, en vez de resolverse allí, en cortido, entre cuates, entre hermanos, tenga que saberse, y peor, tenga que analizarse y resolverse en el Congreso local, porque en Parras unos y otro y otra no se hablan, (la otra es Brenda).

Decíamos que la peor incompetencia para un político es que se ventilen sus trapitos fuera del municipio, pues Ramiro ya lo logró, son tantas las cuestiones que resolver, que el cabildo se rinde a la autoridad superior del Congreso, esto señoras y señores no puede terminar bien, para nadie. ¿se imagina lo que dirá la publicidad turística de Parras ahora, Desparecen los poderes en el Pueblo Mágico?, para vergüenza no saca uno, gracias Ramiro…

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