BAILE Y COCHINO… // Horacio Cárdenas Zardoni

Usted sabe cómo es el lenguaje político. Todo son amabilidades, gentilezas y zalamerías, y cuando se trata de relaciones con personas de un estrato superior, y más cuando hay una diferencia entre el partido político del de abajo el de arriba, lo que priva es la subordinación en el lenguaje, llegando hasta la abyección. Las palabras son en este caso seleccionadas con el máximo cuidado, no vaya uno a dar pie a un malentendido, los mensajes cifrados de reducen al mínimo, ¿y cómo no?, si las pichadas derechas las malinterpretan, imagínese aquellas que implican que un grillo o grilla, o grill@ tenga que pensar lo que le están diciendo, el tonito y cómo se lo están diciendo. Mejor todo clarito.
Tampoco vamos a decir que todo lo que se dicen los políticos unos a los otros, se lo creen, faltaba más, así pertenezcan a partidos políticos diferentes, cada uno con su plataforma ideológica, como si eso existiera en la clase política mexicana, todos ellos están cortados por la misma tijera oxidada. De lo que se dicen, ofrecen, se prometen, y en un descuido, hasta lo que firman, todo es objeto del análisis más cuidadoso, no vaya a ser que el otro me meta gol… disculpando la referencia mundialista.
Que a veces juegan con valores entendidos. Acá delante de mi tribu, te voy a lanzar todas las cacayacas del repertorio, para quedar bien con ellos, tú sabes, mi buen Donald, lo de la independencia y la soberanía, los mexicanos no perdonan si no se dobla o se la meten doblada, pero en privado… lo que tú gustes y mandes, tus deseos son órdenes. De eso vemos mucho, muchísimo, los políticos se congracian unos con otros, hoy por ti, mañana por mí, llamándose los grandes amigos, cuando en realidad se odian a muerte y más allá todavía.
Toda esta explicación viene a cuento porque de repente el discurso del presidente municipal de Saltillo Javier Díaz González cambió. Todavía hasta hace una semana, cuando se hablaba del tren de pasajeros México Nuevo Laredo, que pasará por en medio de la ciudad, era de lo más optimista, zalamero como lo calificamos antes, era una auténtica adoración por el proyecto estrella de la presidenta Claudia Sheinbaum, pero algo pasó, y ahora como que se han enfriado las cosas, al menos por el momento.

A cambio de que pasaran por Saltillo, que nos pusieran una estación en Derramadero, otra en el casco urbano y una más en Ramos Arizpe, les ofrecimos, no, le ofrecieron al gobierno federal el sol, la luna, las estrellitas, la mar y sus pescaditos.
¿Qué hay que tumbar unas casitas?, ustedes nomás pónganles un tache con pintura roja en la puerta, y les mandamos al ángel exterminador, ¿qué les parecería usar la antigua estación del tren, la que está en bulevar Francisco Coss y que ahora alberga la biblioteca del congreso?, ¿no les llena el ojo?, también tenemos el mercado Francisco I. Madero que construyó Rosendo Villarreal y que nunca ha funcionado, el jacalón hagan de cuenta que es la estación de San Lázaro, pero la de Paris, no cualquiera de cualquier país tercermundista. ¿no, tampoco?, bueno, pues la de antes, la que está abandonada desde que Zedillo privatizó los ferrocarriles, con una manita de gato queda perrona, estándar cuatro T, no le pide nada al Transoceánico de la época de don Porfirio, al Maya o hasta el AIFA que ni las pistas pavimentó de la viejísima base aérea de Santa Lucía.
Literalmente se tendieron sobre las visas al paso del ferrocarril, pero como que luego de que ni así les hicieran el menor caso, como que empezaron a marcar distancias.
De momento parece que es solo retórica, ya que las reuniones entre las partes federal, estatal y municipal se dan con una frecuencia mucho menor que la esperada y deseada… por el municipio. Pero de veras, nos sonó preocupante esa declaración del alcalde, donde dijo que Saltillo iba a enfrentar una convivencia incómoda, más bien una molestia, que probablemente ocasiones vibraciones y hasta daños en las viviendas cercanas. Hasta hace pocos días, jamás habrían aceptado esto, y menos se hubieran puesto a defender a los ciudadanos.
Como que ya la están viendo venir, algo les habrán dicho, se habrá filtrado, que Grupo CARSO podría derruir algunos de los cruces ferroviarios existentes, nos imaginamos para ampliar las vías, y luego volver a ponerlos… o no.
El Ayuntamiento se está dando cuenta de que le va a tocar bailar con la más fea, pues a él le va a corresponder lidiar con el caos vial que provocarán los cierres de cruces, si tumban algún paso elevado, ¿por dónde y cómo manejar el tráfico, y peor, si ni siquiera se toman la molestia de colaborar, como debieran estarlo haciendo?
A lo mejor estoy viendo cosas, en cualquier chico rato se contentan con una comida y unos alcoholes y todo vuelve a quedar como estaba… o tal vez no, y las diferencias escalan, en vez de reducirse.
Cualquier cosa podría pasar en estos momentos, pero el enfriamiento no nos augura nada agradable a los saltillenses.

Deja un comentario