Cuate, cuate, cuate… No; si Guadiana quiere gubernatura, que la compre

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

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Se corren toda clase de leyendas negras en torno a la manera en la que fueron seleccionados los candidatos a diputados federales y senadores por parte del Partido del Movimiento de Regeneración Nacional, para participar en la elección de julio del 2018. Una de las más recurrentes, repetida en distintas latitudes de la geografía nacional, es que, como los candidatos irían cobijados bajo la fuerza y la imagen de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República por tercera ocasión, a quien favorecían todas las encuestas como seguro ganador, aquellos que se sumaran a su partido como aspirantes a un escaño en el Congreso de la Unión, también tenían un alto grado de certidumbre de que igualmente serían electos.

El asunto no es ese, así como las ratas abandonan el barco cuando este se está hundiendo, así las mismas ratas buscan treparse en aquel que ofrece las mayores garantías de todo, ah, pero el complemento de la historia es que ahora que MORENA y Andrés Manuel la llevaban de gane, ya no estaban dispuestos como en otro tiempo a aceptar a cualquier hijo de vecino como abanderado bajo sus siglas y colores, siguiendo el principio de la política mexicana, de que “el que quiera azul celeste, que le cueste”, las candidaturas se habrían cotizado en sumas importantes de dinero, y aquí sí que la imaginación de cada estado volaba sin restricciones, algunos hablaban de cientos de miles, otros de millones, estos de pesos y aquellos de dólares entregados en efectivo y por adelantado, esto adicional al financiamiento de la campaña, que el dinero de MORENA no se iba a entregar a candidatuchos para que se regodearan en él, esa lana entregada por la Federación a través del Instituto Nacional Electoral, era para la operación del propio partido… más bien para que su cúpula y líder máximo no sufrieran apuros económicos si es que tenían que vivir un sexenio más fuera del presupuesto, que como lo sentenciaba El Tlacuache Garizurieta, es vivir en el error.

Le digo, es una leyenda negra, que algo de verdad ha de tener, porque si usted se fija, muchos de quienes fueron ungidos candidatos por MORENA no casaban con la típica imagen del politiquillo mexicano de izquierda, zarrapastroso y con los ojos desorbitados por la pobreza y enfebrecidos por el hambre, no, los candidatos eran, para todos los efectos, “gente fifí”, muy fifí, personajes con mucho dinero, empresarios que cumplían con la característica de tener una venita revolucionaria, un poco social, y sobre todo, estar enemistados con el régimen priísta o panista de su estado, y ya puestos en eso, con visión de que a través de la compra (sí, la compra) de una candidatura de MORENA, podían reivindicarse de todas las ofensas que el sistema pudiera haberles hecho, y hacérselas pagar carísimas.

En Coahuila esta leyenda cobra visos de verdad en las personas de Eva Eugenia Galaz Caletti y Santana Armando Guadiana Tijerina, empresarios ambos quienes habrían aceptado la invitación de Andrés Manuel López Obrador de acompañarlo en la aventura de echar al PRI de Los Pinos, y luego echar Los Pinos por la ventana, para que nadie lo volviera a usar como casa presidencial. Sus malquerientes, y también gente cercana, de ambos, dicen que las condiciones incluían el hacerse cargo de los gastos de campaña, y hacer una sustanciosa contribución a las arcas del partido. No por nada, en el caso de Guadiana, se dejó coquetear por meses y meses, sin dar su bigote a torcer, a veces decía que sí, cuando recibía una nueva afrenta de Rubén Moreira y sus secuaces, a veces decía que no, cuando se ponía a contar chiles, porque una cosa es que le lata su corazoncito político y otra diferente que tenga que poner de su dinero, mucho, por una venganza que no fuera a redituar en dinero contante y sonante, y no hablamos de la dieta y prebendas de senador de la República, que los gastos de campaña consumen en un par de meses el ingreso de seis años de senador, sino “bussiness”, negocios.

A Armando Guadiana se le ubica hoy como una de las figuras políticas más relevantes de Coahuila, no solo por su investidura, sino porque le ha dado por estar presente en todos lados, donde lo inviten y donde no, después de todo, ¿Quién es el guapo que le va a decir que no es su fiesta a un senador por mayoría relativa, no de limosna como otros? Pero Guadiana no anda nomás haciéndose el aparecido en bautizos, quinceaños e inauguraciones de salones de belleza, no, anda queriendo llevar agua a su molino, a cualquiera o de preferencia a todos sus negocios.

Recién electo senador, se fijó metas en dos ámbitos de su interés muy personal, el primero el de los toros, aficionado como es a la sangrienta fiesta brava, y con intereses de criador de ganado de lidia, a Guadiana se le metió el revertir la ley estatal que prohíbe las corridas de toros, ordenamiento impulsado por su archienemigo Rubén Moreira, a quien claro que le gustaba ver sangre, pero más le gustaba fregar al cacique Guadiana.

La otra, que no es el negocio ratonero de la cría, era lograr que el gobierno federal impulsara de manera sin precedentes la minería del carbón, para ser utilizado como combustible primario para la generación de energía eléctrica. Aquí sí que le brillaron los ojitos a Guadiana Tijerina, quien si usted lo recuerda, muy a principios del sexenio llegó a anunciar como un hecho consumado la construcción de una nueva planta de generación de energía, la cual se iba a instalar en la Región Carbonífera de Coahuila, allí mismito, debajo de su guaripa.

Cada  vez que puede, Armando Guadiana publica en sus redes sociales que se entrevistó con tal o cual alto funcionario de la federación, con Manuel Bartlett Díaz director general de la Comisión Federal de Electricidad, y con el propio presidente de la República López Obrador, ¿así quién podría cuestionar sus aseveraciones de que sus negocios van a todo mecate?

Pues sí, pero pues no, porque lo del carbón nomás no avanza, el gobierno federal le sigue dando el mismo trato despectivo de los sexenios anteriores, pudiendo comprar carbón por millones y más millones de toneladas, compran no más de trescientas cincuenta mil, y otra vez a batallar, a mendigar. Lo máximo que ha salido de eso es la promesa de buscar nuevas alternativas… en Hidalgo, en Michoacán y otros estados, mientras que acá en Coahuila los yacimientos están a flor de tierra, allá van apenas a hacer prospección, a eso es difícil llamarle un gran triunfo. Lo mismo con lo de los toros, recién el presidente López Obrador, protector de jumentos y pollinos, dijo que quiere enviar una iniciativa de ley para prohibir las corridas de toros, ya no solo en Coahuila sino en todo el territorio nacional, parece que a Andrés Manuel se le olvidó que tiene un cuate bigotón y senador que le había pedido precisamente lo contrario, restituir al toreo como espectáculo y como negocio.

Por lo visto López Obrador aprecia a Guadiana como socio, como correligionario, como su cuate, cuate, pero así como que sea su cuate, cuate, cuate… no.

A ver qué más desconocidas le pone en estos años, a quien ve esfumarse sus posibilidades de ser gobernador de Coahuila, a menos claro, que la compre.

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