¿Eso quieren en el Tribunal?

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

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Desde segundo o tercero de primaria aprendimos la manera en que está organizado el poder público en México, ya sabe, los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, que trabajando armónicamente, equilibrando uno o dos los excesivos entusiasmos del otro, se garantice que la nación mexicana mantenga siempre una tendencia a progresar. Esto que nos enseñaron en segundo o tercero, ya para cuarto año se nos ha olvidado ¿y cómo no iba a ser así, si la práctica del gobierno mexicano día tras día, es la de dos poderes, el judicial y el legislativo, supeditados al ejecutivo?

Todo lo que se ha dicho y escrito sobre la presidencia imperial, sobre el ejercicio omnímodo del poder en nuestro país, queda de manifiesto en aquella cierta, pero deprimente frase recopilada por el Tlacuache Garizurieta, de que las cuatro virtudes cardinales de la política mexicana son templanza, justicia, fortaleza y prudencia, y los siete pecados capitales se sintetizan en uno: tratar de hacer pendejo al presidente. Así ha sido tradicionalmente la política en este país, y aunque estamos de lleno en la transformación de cuarta, no tiene visos de cambiar.

Y es que como todos quienes se dedican a la política en este país de historieta viven dedicados a escalar posiciones, cada vez más altas, cada vez más importantes, con mayores prebendas e influencias, y obvio, mejor pagadas, son pocos los que no buscan lograrlo a través de la disciplina más abyecta, que al final de cuentas, cuando uno está hasta arriba, todo queda compensado y olvidado. Para poder tener derecho a estar en una posición de nivelito, es necesario estar dispuesto a hacer lo que se les pida, lo que se les ordene, que los manden a donde los manden y por el tiempo que sea, con tal de que la siguiente vez, sean tomados en cuenta para empezar a cobrar los sacrificios realizados.

Algo así parece estar pasando con el Tribunal Superior de Justicia del Estado de Coahuila, donde todas las señales, las señales equivocadas vale decir, apuntan a un personaje que sí, ha cumplido con todos los cánones en cuanto a tenderse en el suelo para que los grupos en el poder pasen por encima de él sin pisar el sucio lodo, y que ahora dan la impresión de querer inclinarse a su favor para presidir lo que es, según los libros de texto de la primaria, uno de los tres pilares de la forma democrática de gobernarnos.

Miguel Mery Ayup es el nombre de este cuate que ha servido al sistema priísta en todo lo que este le ha pedido, aun en situaciones equivalentes al suicidio, no ha dicho que no, lo cual le ha valido, hay que decirlo con todas sus letras, que a la hora de los premios, le toquen algunos bastante más que decorosos. Durante la que podríamos llamar, sin exagerar mucho, dinastía de los Moreira en Coahuila, Miguel Mery ha jugado papeles importantes, por los cuales ha sido recompensado ampliamente, y a tal grado, que las bases moreiristas lo ungieron candidato a la presidencia municipal de Torreón, a sabiendas que las llevaba de perder… y perdió sin haberle hecho ni cosquillas a su contrincante.

Los Moreira no son de los patrones que olvidan un buen trabajo, o un mejor sacrificio, al contrario, siempre otorgan suculentos premios de consolación. A lo mejor sería exagerado comparar a Miguel Mery con Jorge Torres López, caballerango que siempre fue de Humberto y Rubén Moreira, a quienes obedecía ciegamente, y por lo cual lo elevaron hasta la alcaldía de Saltillo y luego hasta la gubernatura interina, pero quede claro, cuate, cuate, lo que se dice cuate del alma, Jorge Torres nunca lo fue, un empleado fiel, desde luego, pero no uno que doliera en el momento en que fuera a dar con sus huesos al bote, a donde ni cigarros le han de enviar, pues allí Jorge está cumpliendo con el último de los sacrificios… el ir a la cárcel por sus patrones, o mejor diremos el penúltimo, porque el último será cuando acepte una condena en un juzgado estadounidense por delitos que le podrían ser fácilmente perdonados con solo soltar el tepache de raterías mayores que las suyas, o por otros que se sospechan, pero de los que nadie ha podido reunir suficientes pruebas, nos referimos a las sospechas que pesan sobre involucramiento con el crimen organizado y narcotráfico.

Ahora ha llegado lo que podría considerarse el momento cumbre de la servil carrera de Miguel Mery, luego de haber sido llamado a ocupar la sala presidencia de la sala regional del Tribunal Superior de justicia del Estado de Coahuila con sede en la capital de La Laguna, puesto en el que apenas tiene lo que va del año, ahora se le postula para la presidencia del tribunal estatal, y es allí donde las cosas se ponen color de hormiga negra.

Si la justicia está hecha el asco que es, en Coahuila y en todo México, es porque se propone, se elige, no a la gente que piensa en el bien de la nación a través del delicado tema de la justicia, sino en el mejor de los casos, a gente que “sepa de leyes”, que se la vive en las ramas de los procedimientos sin aterrizar jamás en que la justicia y sus víctimas sean servidas, eso en el mejor, y en el peor… que estén de parte de los delincuentes, de los presuntos para no errar en el debido proceso, o vendidos al mejor postor. Un 99.algo% de impunidad solo puede ser atribuido a la connivencia entre quienes postulan y quienes aprueban a quienes ocupan los cargos en las magistraturas.

Deseablemente quien llegue a la presidencia del tribunal tendrá que resolver asuntos tan espinosos como el de FICREA, los tantos más cuantos de corrupción en los distintos estancos de la administración pública estatal, hincarle el diente a la ineficiencia del aparato de justicia, que le apuesta a la extinción y la prescripción de los delitos antes que tener que decidir sobre ellos, y sí, habrá quien diga que nadie, pero nadie puede hacerlo peor que Goyo Pérez Mata o Miriam Cárdenas, pero los que se dedican a esas tenebrosas cosas jurídicas ya se están sospechando que bajo el mando de alguien tan pusilánime, tan obediente con el poder, tan frívolo en sus cosas y en las de los demás como Miguel Mery, la justicia en Coahuila amenaza con alcanzar una nueva era de obscuridad, que haga al parecito mencionado merecedores de una estatua afuera del palacio de justicia para que sirva de sanitario a las palomas… y adentro para que se enseñoreen las ratas.

Mery está bien para ser el negro priísta al que le peguen los panistas y los morenistas, para ser el patiño del sistema en Torreón, pero dejar el tribunal en sus manos… Coahuila no se la va a acabar…

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