BAILE Y COCHINO.-
Escribe: Horacio Cárdenas Zardoni.-

La referencia al territorio no es ninguna novedad, mucho antes que se le considerara como uno de los componentes del estado, junto con la población y el gobierno, ya el territorio era una de las cuestiones preponderantes en la vida de las sociedades, y también en la de los individuos. En las películas de vaqueros a las que todos fuimos más o menos aficionados por el solo hecho de que había otras pocas cosas que pusieran en la programación de los cines de barriada, aprendimos de la importancia que podía el territorio llegar a tener, recordamos las referencias al territorio comanche o apache o sioux, y de los pleitos, no, auténticas batallas que libraban los pieles rojas con los colonizadores blancos y por supuesto con sus tropas, empeñados unos y otros en el exterminio de lo que ahora se han dado en llamar pueblos originarios.
Sí, se reconocía que esos pueblos eran los propietarios de ese territorio que llevaba su nombre desde tiempos ancestrales, pues aún así había que quitárselos y se los terminaron quitando, confinándolos en reservaciones, también territorio, pero que éste pocos o nadie les codiciarían para nada y del que poco podían explotar en materia de recursos naturales, con lo que la solución al problema indígena, disfrazada de paz no era otra cosa que una condena a la extinción, más o menos lenta.
Pero ya ve cómo somos los mexicanos, de la tragedia de nuestra especie, hacemos chunga para divertimento de la raza de bronce, ¿y porqué no?, nunca falta quien aproveche para sacarle tajada económica a algo que debería movernos a la reflexión de lo que somos y desearíamos llegar a ser como colectividad. A lo mejor hubo otros casos en otras latitudes de la accidentada geografía nacional, pero aquí fue donde lo escuchamos, y donde pudimos corroborar que el concepto pegaba con tubo, estamos hablando de la afición futbolera, compartida por el pueblo mexicano con los de otras partes del mundo, pero sui generis en los niveles de apasionamiento que puede llegar a despertar. Todo fue que algún publicista inventara aquello de “Territorio Santos Laguna”, para que la gente del fútbol, no particularmente centrada, se terminara de descocar.
El que diseñó la campañita etílico futbolera dio en el centro del blanco, de por sí que el Santos es un equipo cumplidor, no sabemos cuantas veces ha sido campeón y otras muchas ha arañado el campeonato, pero los torreonenses y laguneros están satisfechos con lo que reciben de su equipo, pero hay que aceptar que detrás de esto está, nomás rascándole tantito, el profundo regionalismo que tanto ha dado de qué hablar, cuando no el secesionismo, detrás del cual han andado desde hace ya un siglo. Todo porque a alguien se le ocurrió vender beberecua disfrazada de afición a un equipo de fútbol al que todos los habitantes del territorio arropan.
Ya con estos antecedentes de lo que es, lo que se fuerza a ser, y lo que no es la territorialidad, es que nos lanzamos de cabeza al concepto de territorio MORENA, fresquecito, recién salido del caldo de cultivo, pues el Movimiento (partido) de Regeneración Nacional se estrena en la presidencia de la República, incursiona en el senado de la República, gobierna estados y municipios, en los cuando muchos seis años que tiene de existencia. Acá en Coahuila, para no ir más lejos, MORENA logró hacerse en la última elección de presidencias municipales con cuatro municipios, y las dos senadurías de mayoría relativa en la elección federal. Un partido que no existía la elección previa, de repente trepado en los hombros de Andrés Manuel López Obrador logra, no precisamente el favor del electorado, sino ser el pretexto para sufragar en contra de las otras opciones políticas en disputa, por lo demás ya demasiado vistas y ampliamente conocidas en sus vicios y trapacerías, como para que la gente se decidieran a arriesgarse en un cambio.
El territorio MORENA está constituido por Francisco I. Madero, donde gobierna, dice él, Jonathan Ávalos Rodríguez, famoso por sus efervescentes amenazas de pretender romper el pacto con el gobierno del Estado; Matamoros, donde se afana en no regar demasiado el tepache Horacio Piña Ávila; Piedras Negras, bajo la férula del cacique Claudio Bres Garza, para quien MORENA es solo el cómodo membrete que usó para esta elección, que le durará… hasta que necesite otro más de su gusto, y Parras de la Fuente, donde mangonea cada vez menos Ramiro Pérez Arciniega, pues el cabildo está haciendo todo lo posible por amarrarle las afiladas garras con las que se ha ensañado sobre el presupuesto.
Territorio MORENA, desde otra perspectiva, es todo Coahuila, pues los dos senadores que ganaron junto a, o más propiamente gracias a Andrés Manuel, son de ese partido. Esto viene a cuento porque el fin de semana pasado Santana Armando Guadiana Tijerina rindió lo que dio en llamar pomposamente su primer informe de actividad legislativa, y no crean, que no le fue fácil ni cómodo elegir un sitio donde hacer un fiestón loco, como de rancho porque la chiva siempre tira al monte, porque ¿A dónde traer a sus invitados especiales, que sintieran que están en eso, territorio MORENA?, como acabamos de decir, el dizque movimiento que se transformó en partido a las primeras de cambio, solo gobierna en cuatro de los 38 municipios de Coahuila. Había de dos sopas, hacer su bailongo en Torreón o en Saltillo, las principales ciudades de la entidad, con la mala onda de que la primera la gobierna el PAN y la segunda el PRI, y ninguno de los alcaldes se iba a portar más allá de lo que manda la civilidad y la cortesía, además que ¿Quién garantiza que Zermeño o Manolo no quisieran hacer una jugarreta de esas del estilo de López Obrador, de infiltrar abucheadores profesionales que le echaran a perder el jolgorio, y lo peor, delante de la dirigencia del partido?, no mejor buscar sitio entre los alcaldes morenistas.
Las opciones eran magras: Piedras Negras era una opción de primera, ciudad bien arregladita, frontera para ir a chivear, pues sí, pero Claudio es un cacique… ni más ni menos que Guadiana también lo es, así que aunque temporalmente militen en el mismo partido, esto no quiere decir que estén precisamente a gusto con que los pongan en la misma olla. ¿Matamoros o Francisco I. Madero?, por favor, ¿Quién le iba a agradecer a Guadiana, de los invitados, que arriesgara su pellejo trayendolos a tierra de nadie?, sólo quedaba Parras, municipio donde el alcalde Ramiro Pérez está al borde de un juicio político por malversación de recursos públicos, denunciado ante Derechos Humanos y cuanta cosa, pero ni modo, o era Parras de la Fuente, o era alguno de sus ranchos en la Carbonífera. ¿Y para esto me trajiste?, gracias Armando, se fue pensando más de uno de los invitados llegado hasta el pueblo mágico, oasis del desierto, donde lo único que pudieron comprobar que el territorio MORENA, en Coahuila, simplemente no existe, no pasa de ser la tierra que los senadores y los alcaldes traen en la suela de los zapatos, y si se siguen descuidando, no será ni eso.

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