EL FRACK…ASO DE GUADIANA

Por: Horacio Cárdenas.-

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Dicen que soñar no cuesta nada, eso para los seres humanos normalitos, los hombres y mujeres de debajo de la banqueta, y si de lo que hablamos es de los políticos, soltar sus sueños en forma de promesas, les cuesta todavía menos, o no tanto sus sueños que esta clase de gente sólo piensa en aumentarle ceros a la derecha a sus cuentas bancarias, sino las expectativas del pueblo, que son expertos en darles su sobadita de lomo, para que se suelten aplaudiéndoles hasta que les duelan las manos, a cambio de lo cual, los dejan hacer lo que les venga en gana con el dinero, y en un descuido, los eligen para otro puesto desde el que puedan seguir mintiendo a su gusto, y al parecer, también del gusto de quienes los oyen.
Corría el año 2013, era gobernador de Coahuila Rubén Moreira Valdés, las cosas en lo económico, como consecuencia de la megadeuda, estaban del puritito cocol, no había inversión, no había obra pública más que la que se hacía con recursos federales, que quien sabe porque desconfianzas, llegaba etiquetado y con ocho candados para que nadie aquí le pegara una tarascada, la administración estatal, ni que decirlo, estaba dispuesta a agarrarse de cualquier clavo ardiente que pudiera encontrar, para de allí colgarse y columpiarse el resto del sexenio, y lo encontró.
El clavo del que se agarró el gobernador Moreira, y para el caso también el gobierno de Enrique Peña Nieto, que vivía una situación financiera que nadie podría calificar de boyante, fue el gas y el aceite shale, y la utilización de la recientemente desarrollada (en los Estados Unidos, obvio) técnica de la fractura hidráulica de la roca de esquisto en que se hallaban atrapados desde eras geológicas anteriores. El fracking, como se le conoce en inglés, es un procedimiento físico químico nada amable, si lo pudiéramos poner en esos términos, pues literalmente destruye la piedra, para liberar el gas y el aceite, que ya entonces se pueden extraer por medios más o menos convencionales, con tubos y a través de pozos.
Tanta era la desesperación de Rubén por el dinero, tanta la expectativa de que Coahuila se vería inundado de gas, de petróleo y de billetes al regresar a México a su época de oro como productor de hidrocarburos, que dijo, y repitió y no se cansó de pregonar cada vez que le plantaban un micrófono enfrente, que para el año 2015 estarían funcionando a plena capacidad mil pozos, sí tal como lo oye, mil pozos, trabajando con fracking para vaciar los yacimientos del norte del estado de Coahuila, que en su optimismo, estimaban como inacabables.
Ah, pero no solo eso, eran mil pozos para el 2015, y otros tantos para el 2016 y así cada año, hasta que en la geografía estatal hubiera tantas torres de extracción como ahorita hay palmas samandoca, si no es que todavía más. ¿empleos?, se hablaba de decenas de miles de nuevas fuentes de trabajo, se decía que habría nuevas ciudades, nuevas carreteras, montones de universidades para crear los recursos humanos indispensables para desempeñar los distintos puestos, especializados y no tanto, que se habrían de crear en las áreas de perforación, explotación distribución, administración, remediación ambiental, y las que ni siquiera se nos ocurren todavía que habría en un futuro que, para la desgracia de los políticos, se ha probado demasiado huidizo.
En el corto lapso de diez años, los estadounidenses lograron, a través del fracking y de la extracción de hidrocarburos shale, convertirse de más sediento importador de petróleo del planeta, a un país igualmente sediento… pero autosuficiente, y no solo eso, sino uno con capacidad e interés por exportar energéticos, algo de lo que se habían cuidado mucho durante décadas, en las que lo que les importó fue el garantizar el abastecimiento y el asegurar sus reservas estratégicas. Pues bien, los yacimientos de Texas, de Dakota y de otros muchos puntos, poco menos que inundaron el mercado energético norteamericano, y mundial, mientras tanto en Coahuila… en Coahuila y en México nada, nada digno de mencionar.
Sí, hubo la reforma energética, para todos los efectos un soberano fracaso de la administración de Enrique Peña Nieto, uno de los clavos que adornan el ataúd de que el nuevo PRI perdiera por segunda ocasión la presidencia de la República. Dentro de la tal reforma se incluía el asfaltar el camino para que el fracking se utilizara tan ampliamente como fuera necesario, para extraer el shale. Y así llegó y se fue el 2015, el 2016, y hasta el 2018 y nomás no se abrieron los campos de explotación, no se crearon los empleos, no aterrizaron los millones de dólares de inversión, nada. Al rato hasta los discursos se acallaron, pues ya a ningún público le arrancaban aplausos.
Lo que son las cosas. Ya en plena cuarta transformación el que se ha venido a erigir en adalid del fracking y en ambicioso promotor del fracking es el senador por Coahuila Armando Guadiana Tijerina, carbonero por décadas, que ve que su negocio de la vida corre riesgo de irse al caño, o peor, quedarse sepultado en la tierra ante la falta de mercado para un energético barato sí, pero contaminante como él solo, que no encuentra lugar en estos tiempos modernos de cuidado del ambiente.
A falta de carbón, ahora Guadiana, incluso contraviniendo y contradiciendo la política de su patrón, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien si por él fuera todavía estaría el país utilizando burros para mover las norias y los trapiches, se ha declarado enemigo del fracking, por el deterioro que causa al medio ambiente, y que como todos sabemos que él se habla de tú con la madre tierra, pues esta le dijo: dile no al fracking y a esos violadores del subsuelo, Guadiana no, él quiera fracking a como de lugar, y lo quiere ahorita, antes que la CFE mande a la goma el carbón mineral para siempre como materia prima para producir electricidad.
Allí anda Guadiana queriendo promover leyes para permitir el fracking, al tiempo que Ricardo Monreal, otro senador y líder de MORENA en el senado, lo que quiere es una ley para prohibirlo terminantemente. Para colmo, del otro lado de la frontera están llegando los primeros reportes de que no, el fracking está demostrando ser menos productivo que lo que se calculó al principio. Sí hay gas y sí hay aceite, lo que no hay es la productividad de los pozos de hidrocarburos tradicionales, a los que todos estaban felizmente acostumbrados. Un pozo convencional podía producir por décadas, en tanto que uno de shale lo hace por meses o semanas, y así… pues como que no rinde igual, hay que invertir para abrir otro y remediar el daño hecho. Con estos nuevos datos lo que se anticipa es que, con leyes o sin leyes, con promoción y sin ella, el shale mexicano se quede allí donde está, pues el gran negocio que se anticipaba, se niega a llegar, para coraje de su promotor número uno, Armando Guadiana.

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