BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

Pues se llegó el día, y luego se fue, como siempre, sin pena ni gloria. El tan anunciado y no menos suspirado concierto del cantante Carlos Rivera se llevó a cabo como estaba programado… la segunda vez, porque como lo tecleamos en su momento, se sucedieron por allí algunas cosillas que ni siquiera el griterío de las enloquecidas fanáticas pudo acallar.
¿Qué tal estuvo el concierto?, le podría uno preguntar a cada uno de los asistentes, en proporción de 19 mujeres por cada machín, con lo que estamos estresando al máximo el sobado tema del lenguaje incluyente, que en tan baja proporción, merecería que la nota se redactara en femenino y no como siempre en aglutinante masculino, pero esa es otra historia, entre “bien” e “increíble”, será la respuesta generalizada, si por lo que estamos preguntando es por como canta el fulano, como se mueve en el escenario, como domina a la concurrencia, de lo cual no había ni sombra de duda para ninguno de los involucrados, fans, organizares, recaudadores de impuestos, etc., pero de lo otro, allí es donde comienza a desbarrar la cosa.
Esto podría parecer una nota de color, y qué bueno, qué bueno que no se haya convertido en una noticia de ocho en primera, salvo la llamada de que fue un éxito, o una noticia en las páginas policiacas, y es que con todo lo que pasó alrededor del mentado concierto, ahora sí que cualquier cosa pudo pasar, refiriéndonos en concreto a cuestiones de manejo de contingentes, protección civil, policía, y otras menores.
Comenzando por el principio, no es lo mismo desplazarse al lugar donde iba a ser originalmente el concierto, en el Lienzo Charro, que ir a “los terrenos de la feria”, como se conoce comúnmente el tan poco glamoroso lugar. Aceptando filosóficamente que la tierra es redonda y que cualquier sitio es igual a cualquier otro, muchas de las personas que habían decidido deleitarse con la voz y el forro del cuate este, lo hicieron por la ubicación, el cambio no les resultó nada agradable. Y menos todavía cuando se enteraron que de dos mil boletos para número equivalente de fans, se iba a cinco o más miles. La gente va a los conciertos, también pensando en su seguridad, que podrá gritar, cantar, bailar y descocarse sin el menor riesgo de nada, pero cuando en vez de ser unos poquitos par de miles, se duplica y sobra, pues ya no hay tanta confianza.
Luego lo de la visibilidad… en el Lienzo Charro, construido, o más bien armado como anfiteatro, unos asientos están detrás de otros, de manera tal que unos más cerca y otros más lejos, pero todos tienen la posibilidad de vislumbrar los encantos del monito que está enfrente. ¿pero qué ocurre cuando en vez de gradería, más o menos pequeña, se usa un terreno plano y además más extenso?, pues que las posibilidades de echarle un oclayo al fulano, por lo que pagaron una buena lana, disminuyen sustancialmente, y no solamente en relación a la lejanía horizontal o vertical de la pendiente, sino en función de que solo los de mero enfrente pueden ver, seguidos de aquellos y aquellas que por su estatura sobresalga del promedio del homo mexicanus, quienes además, por estar más altos y altas que el resto, impedirán la vista de toda la línea de los que en mala hora quedaron instalados atrás suyo.
¡Ah, raza!, ¿y cómo cree que resolvieron damas y escasos caballeros el asunto?, pues muy a la mexicana: se treparon en las sillas, confiados en que de esa manera, podrían ahora sí contemplar al objeto de su apasionamiento… pero oh sorpresa, desconfía de la masa, dicen los sabios, trepándose en la silla unos, siguieron otros, y otros más, de tal manera que a los pocos minutos, todos y todas estaban arriba de las endebles sillas, con lo que para los que interpretan el comportamiento de los grandes conglomerados de gente, la asistencia creció cuarenta centímetros… toda. Si hubieran permanecido sentados no hubieran visto nada, si se hubieran quedado parados, tampoco habrían visto nada, trepados en sillas de esas apilables, tan incómodas de las fiestas, tampoco nadie vio nada.
Allí sí que hubo riesgo, porque si sentado corre uno el riesgo de que las patas mal soldadas de origen y peor reparadas, cedan, dando con la humanidad de quien tuvo la ocurrencia, por tierra, casi seguro provocando un efecto dominó, y tirando toda la fila a derecha o izquierda. Si pasó o no, no hubo reportes, todo parte del folclor y del festejo.
Hablando de otras cosas malas, había alrededor de cien sillas por fila, y solamente se podía acceder por un lado, si usted tenía el sitio cien, tenía que incomodar a los 99 antes. Si quería ir al baño… tenía que molestarlos de regreso, o aguantarse. Qué bueno que no pasó nada, porque con esa distribución y una sola salida, desalojar el espacio en tiempo de garantizar la integridad de todos los asistentes, hubiera sido más que difícil.
Por allí hubo quienes preguntaron ¿y por qué no hicieron el concierto en el parque Las Maravillas?, esto pensando en que el evento estaba anunciado como parte del festival cultural Julio Torri, aunque cobraran, o ya en el colmo de la generosidad si el gobierno del Estado se ponía guapo, en la Plaza de Armas, de gorrión para todas las fanáticas. Algo truculento hubo allí, no falta quien tenga una vecina o una prima trabajando en la administración estatal, quien dijo que no, que lo que pasa es que los del 440 no se hablan con los de gobierno, y que por eso, aunque estuviera disponible, no se los iban a prestar, y solo de nombre formaba parte del festival Julio Torri, que la verdad es que era un negocio particular del empresario que trajo al cantante, de allí el interés por retacar cuantos más espectadores fuera posible, en un sitio incómodo, terregoso, pero barato.
¿ah y ya les contamos lo del estacionamiento?, ¿pues porque se los íbamos a contar, si no hubo estacionamiento?, sí, al que quiera dejar su carro azul celeste, que le cueste pagar el estacionamiento. No fueron para rentar los terrenos que se usan normalmente para estacionamiento, aunque por supuesto lo cobraran, la que fue, tuvo que dejar su carro allí donde pudo, a la buena de dios, aunque tampoco hemos oído de casos de desvalijamiento, será también para agradecerle al cantantillo.
Bueno, pues eso con lo de Carlos Rivera, ¿y qué me dice lo de Paquita la del Barrio?, que según dijo ella misma, no se presentó porque el empresario no le pagó lo que estaba contratado, y hasta tenía secuestrado a su equipo, mariachis y demás?, no si por algo Saltillito es una plaza apestada para traer artistas, si vienen no quieren regresar, y ponga que sí, las fans gritan que da gusto, pero tratar con los empresarios, eso sí está del cocol.

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