Una probadita del caos

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

TRAFICO2

El tráfico en viernes es pesadísimo en Saltillo, en eso hace algunos años que comenzamos a parecernos a muchas de las ciudades y capitales de otras entidades, en que da la impresión que la víspera del fin se semana, todo aquel que tenga carro, se trepa a él con su flota, para querer dar un paseo por cualquier parte, terminando todos desencantados porque otra tanta gente tuvo la misma idea, y ya estacionados en las calles, bulevares y pretendidas vías rápidas, no les queda más que armarse de paciencia, y encontrar el hueco para regresarse a su casa.

Pues bien, ayer no fue viernes, sino jueves, y el boulevard Venustiano Carranza, todavía la principal avenida de Saltillo, por lo menos para la tan saltillera actividad de “boulevardear”, estaba tan congestionado, que muchos de quienes estaban allí estacionados se preguntaban si no sería viernes, si no habría ocurrido un accidente gordo, el enésimo intento de suicidio de la niña consentida de un exalcalde de Parras, o que a la gente se le hubiera votado la chaveta y se hubiera lanzado sobre “el buen fin”, como si se fueran a acabar las pantallas de chorrocientas pulgadas, pues ya entrados en cavilaciones, comenzó a caerles el veinte de que precisamente por allí, bueno algunos kilómetros más allá, está el acceso a Plaza Galerías, ese paraíso del consumo de pocos y de distracción de muchísimos.

Pero no, el asunto sí tenía que ver con Galerías, pero no que las tiendas ancla y las más ratoneras estuvieran vendiendo hasta los tabiques de qué están hechas, sino con un evento que se programó precisamente en la plaza. Según versiones, se trataba de la ceremonia de encendido del pino navideño, que normalmente ponen en esa clase de negocios, para despertar más el espíritu navideño, y bajarle las defensas a los potenciales compradores, para que se lleven desde lo que no necesitan hasta lo que no quieren, ah, pero para redondear el inicio de la locura comercial, coincidiendo casual o intencionalmente también con el buen fin, se programó la presentación de una pequeña ¿Qué será?, obrita de teatro o algo así, la aparición de La Sombra de Masha acompañada de La Sombra del Oso,  personajes que se encuentran entre los favoritos de los niños de la actual generación, y sea que haya sido idea de los párvulos de arrastrar a sus progenitores a la pelotera para ver una Masha de cartón y un oso de felpa, o de los papás de hacer pasar un rato entretenido a su prole, el caso es que aquello se convirtió en un apretujadero Marca Diablo, eso, adentro, porque afuera estuvo peor.

Ya había habido antecedentes de lo mal planeado y todavía peor ejecutado que está la vialidad en torno a la plaza Galerías. Hace un par de años, un sábado por la noche, el totalmente alcoholizado conductor de un carrito Peugeot 206, lanzado a 160 kilómetros por hora según peritajes, no pudo decidir a tiempo si se subía al primer puente de Nazario Ortiz Garza, el que pasa sobre López Mateos donde se convierte en Rufino Tamayo, y se ensartó en el barandal, muriendo instantáneamente.

La policía y el MP cerraron la subida al primero de los “los puentes” para hacer su talacha, labor en la que se llevaron cuatro o más horas, tiempo durante el cual… todo el tráfico con dirección sur tuvo que desviarse por el simpáticamente llamado bulevar Galerías, mismo que como todo Saltillo sabe, termina frente a un semáforo que ninguna autoridad se ha atrevido a poner en operación por el caos que ocasionaría. Quienes salieron del cine a las nueve de la noche tardaron tres horas ¡en salir del estacionamiento!, eso para apenas incorporarse al tal bulevar y continuar su calvario, y eso que no era día de mucho tráfico ni hora pico…

Regresando a lo del jueves, pena ajena dieron las patrullas del GRS, el Toro, Rinoceronte o como se llame el armatoste de la policía municipal, el comando móvil, teniendo que meterse por calles secundarias en la colonia latinoamericana y por los Ángeles, para irse al terregal que está atrás de Parque Centro, el único camino que encontraron para llegar al cogollo del problema, la mentada Galerías. Total, y salvo lo de la pobre niña que se atoró en la escalera eléctrica, no pasó a mayores, salvo las horas hombre perdidas, la desesperación de la gente y su correspondiente enojo.

Pero a estas cosas hay que sacarle provecho, y este no es otro que el comprobar lo que los vecinos y algunos observadores sin que hacer han dicho desde hace años: lo que sus desarrolladores pretenden que sea el fraccionamiento más exclusivo de la capital de Coahuila, uno que de albergue a 600 o más familias en igual número de departamentos que tratan de vender a precios altísimos, no tiene salidas, ya no digamos rápidas, sino ni siquiera suficientes. No hablamos para casos de emergencia, sino para la actividad normal de un conjunto residencial de esas dimensiones, que además comparte con oficinas y con una plaza comercial que aun no llega a su pleno empleo.

Recordamos que cuando se abrió el bulevar Galerías y se inauguró la plaza, los empresarios anunciaron que se construiría un paso a desnivel, subterráneo para mayor abundamiento, para que el acceso principal a la plaza fuera por Nazario Ortiz Garza, en ambos sentidos. La obra se haría como parte de los trabajos de los afamados puentes, que en ese tiempo se estaban construyendo, pero los que son unos buenazos para hacer localitos sobre localitos, sin estacionamiento, se han de haber espantado de ver lo que costaría un paso subterráneo, así que mejor convencieron al ayuntamiento que hiciera el corte de camellón, tumbara los árboles que estorbaban en bulevar Carranza, y pusiera el semáforo, mismo que tiene casi tres años gastando luz con sus intermitentes, y no ha funcionado ni un día, vamos, ni una hora.

Imagínese la zona dentro de cinco o diez años: 600 departamentos ocupados por 600 familias con dos carros cada una; los edificios de oficinas completos; los hoteles con su población flotante; los empleados para dar soporte a toda esta actividad, y la cereza del pastel, la Plaza Galerías con sus locales llenos, la ampliación proyectada terminada, temporada navideña o buen fin… eso va a ser un caos no solamente para los que allí vivan o trabajen, sino además para todos aquellos que tengan que circular por las avenidas de desfogue, a entender Venustiano Carranza y Nazario Ortiz. Ya ayer las redes sociales, desesperadas, exigían a tuitazos que comenzaran a construirle su segundo piso “al B. Carranza”, y eso que nadie habita allí todavía.

Hay quien renta oficinas en Parque Centro, pocos hasta eso; hay quien piensa invertir “desde dos millones cuatrocientos mil pesos”  en un departamento de cuarenta metros allí mismo; ¿todo para ir a hacer filas de horas para llegar y salir de su empleo o domicilio?, de veras que hay que ser masoquista para ello, eso sí, masoquista muy a la moda.

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