PAPELERÍA EN TRÁMITE
Por: Sergio Alvizo.-

Hace unos días estuve en Villa Unión, la vida me concedió este, no sé si premio, pero me dio la oportunidad de ir a donde ocurrió un hecho sin igual.
Después de lo vivido en Allende, Coahuila, donde más de 300 personas desaparecieron y cientos de llamadas de auxilio se dieron al 066, que en ese entonces era el número de emergencia y en donde muy cerca había una guarnición del Ejército Mexicano; pero nunca les brindaron ayuda.
Todo fue muy diferente, llegué y lo primero que pude observar fueron los boquetes de los disparos sobre casas, locales y vidrios. Villa Unión se convirtió en un pueblo fantasma, todo mundo permanece escondido y temeroso. Y como no, imagínese que lleguen a balacera durante 3 horas su casa.
Las fotos y videos de mis amigos y maestros del periodismo: Juan Andrés Martínez (que el sábado pasado fue su cumpleaños) y de Iván Sánchez, me dejaron atónito.
En los primeros momentos, y más cuando el gobernador Miguel Riquelme, bajo un intenso operativo de seguridad, visitaba el lugar, cuentan que cuando se hizo presente esa noche, aun había escaramuzas entre el cartel del noreste y las fuerzas del orden de Coahuila en las orillas del pueblo y sobre todo en las brechas que conducen al lugar.
Llegué el martes, tres días después de la refriega. La seguridad se hacía presente, los GATES, la Guardia Nacional y el valiente Ejército Mexicano recorrían las calles. Lo primero que vi, y era la única puerta abierta en todo el pueblo, era la iglesia del Santo Niño de los Peyotes Santo Patrono (300 años de existencia tiene esta iglesia y ninguna bala, esquirla la tocó, ni a un Cristo que estaba en Presidencia Municipal). La imagen que buscaba, era la Presidencia, pero para mí sorpresa era remodelada, estaban levantado sus paredes, remozando las heridas de un sábado que todos buscarán olvidar.
Las heridas de la refriega se veían por todo el centro, la gente tiene miedo de hablar, los edificios, mudos testigos de los hechos, recogían en sus paredes los sentimientos del pueblo.
Pude platicar con varios vecinos, una joven madre de familia: “estaba almorzando con mi esposo y vimos muchos hombres caminando por la calle, de repente se escucharon los balazos bien fuertes y me tiré con la niña, bajo del fregadero, la abracé, le tapé los odios y rezaba para que se acabara todo”.
Otra más, una señora de 92 años de edad cuenta: “yo nomás escuchaba: baja la gasolina vamos a quemar todo, y luego muchos balazos. Mataron a mis pájaros, gracias a Dios no me pasó nada pero a mi casa sí. Las fotos de mis nietos todas agujereadas las dejaron”.
Y una más que me causó asombro “al salir huyendo, entraron a una forrajera, se llevaron una bolsa de pañales, pero como no tenían troca, agarraron los pañales del bebé, se los llevaron y se los pusieron a los heridos que traían”.
Villa Unión fue atendida de inmediato, días después llevaron brigadas de apoyo por parte del gobierno y se entregaron patrullas.
Algo que decir de la alcaldesa panista, no tuvo miedo de defender a su pueblo, nunca vi a Jesús de León, líder del PAN, ni días después visitando Villa Unión y a su gente. Es muy fácil hablar, sólo lo vi criticando. En estos momentos es cuando debe de existir el gobierno, no colores y pugnas que dividen. Sólo el gobierno en su totalidad dispuesto a apoyar a su gente.

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