BAILE Y COCHINO.-
Por: Horacio Cárdenas.-

Comentábamos en este espacio el otro día lo que podríamos llamar el extraño caso de la intervención ilícita, ilegal e ilegítima de los altos cuadros de la administración pública federal, específicamente los así llamados superdelegados, en actividades que no pueden calificarse de partidistas, si no es que abiertamente proselitistas, y de la actitud por lo menos errática de la corte y el propio gobierno, ahora nos toca ahondar en lo personal del asunto, que en nuestra opinión, no es poca cosa, pues retrata de cuerpo entero a los políticos denunciados, juzgados y sentenciados, y que al menos por lo que toca a Coahuila, andan como Pedro por su casa.
De que la perra es brava, hasta a los de casa muerde, dice el viejo refrán popular. Pues bien, dando muestra, una más de lo que siempre ha sido el ala izquierda del sistema político a la mexicana, los partidos cargados a la izquierda si por algo se han caracterizado es por su proclividad a integrar gente, es un decir, que es refractaria precisamente a eso, a integrarse. Nos explicamos, mientras que el Partido Revolucionario Institucional, siempre imitado y jamás igualado como los chiles Herdez, llegó a considerar la disciplina de sus miembros, militantes y dirigentes como su máxima fortaleza, definiéndose a sí mismo como un organismo monolítico a prueba de prácticamente todo, mientras que en Acción Nacional y otros partidos de derecha, la adherencia a los estatutos y principios adquiría tintes de doctrina, en los de izquierda no, cada cabeza no es un mundo, es una ideología y en consecuencia, la semilla de un partido político, de los que ha habido montones. Es en función de esto que las denuncias por la actuación de los superdelegados y los supersubdelegados, o como figuren en el organigrama y la nómina de la cuarta transformación, no provinieron de lo que podría definirse como sus enemigos naturales, envidiosos de otros partidos que nomás andan buscando pretexto para írsele al cuello al partido en el poder, sino gente del mismo MORENA en los estados, que fueron los que sintieron que la gente de la burocracia estaba metiendo su mano negra de más en las cosas del partido, algo que no estaban de ninguna manera dispuestos a permitir.
Lo que debió quedar resuelto en una comilona, en una borrachera, en una encerrona, en una regañina, al estilo MORENA, llegó en forma de denuncia ante el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ni tardo ni perezoso, juntó a su selecto grupo de representantes en los estados para leerles la cartilla. Que si hicieron caso o no, es irrelevante, toda vez que las investigaciones en la Secretaría de la Función Pública ya estaban en marcha y las denuncias ante los tribunales en curso. Si acaso se intentó, no se logró desactivar un asunto que no debió trascender ni a la opinión pública ni a los medios de comunicación, “cuantimenos” quedar asentado en los registros de los órganos de control del gobierno ni mucho menos en actas judiciales.
Pero déjese de si el conflicto político interno, las rencillas entre grupos que se creían afines, las malas interpretaciones en cuanto a actividad oficial, proselitista o pura gentileza de buenas gentes, se resuelven o no, lo que a algunas personas todavía les importa, cada vez menos vale decir, es su buen nombre, y aquí es donde algunos de los treinta y tantos sancionados es hora que deberían andar como ¿se acuerda de aquella caricatura del gato Silvestre y su hijo que cuando le daba vergüenza se ponía una bolsa de papel para que nadie lo reconociera?, pues tal cual. ¿Cómo alguien que durante años y décadas se destacó como luchador social, como profesional, como político, de repente ve su nombre en una sentencia del tribunal o en una investigación de la Función Pública? Que ponga que no implican cárcel o inhabilitación, hasta el momento, pero de que ya no están tan impolutos como cuando vinieron al mundo, eso que ni qué.
Digo, hay politiquillos de izquierda como Fernández Noroña a quienes ni importa, al contrario, andar exhibiendo sus vergüenzas en las redes sociales, pero hay otros que dicen, con razón, que como políticos al margen del sistema hasta hace muy poco tiempo, lo único que tenían como patrimonio era su buena reputación, y miren, donde han venido a parar.
Hablando de lo mismo pero en otra vertiente, declaramos nuestra ignorancia de si un asunto como el de las denuncias de MORENA contra los superdelegados y sus colaboradores cuentan o califican como antecedentes penales… que si así fuera, ¿hay alguna disposición vigente respecto a que los funcionarios de la administración pública federal estén libres de pecado, o bueno, de aparecer con eso, con procesos penales en su contra?, la última vez que supimos, hace ya muchos años, en el momento en el que un servidor público, concretamente un policía, era acusado penalmente, en ese instante quedaba suspendido como empleado de gobierno, la lógica de aquel tiempo era que el gobierno no podía ser acusado ni por un instante, de estarle pagando un salario, con el dinero de los impuestos, a un delincuente (todavía no había las delicadezas esas de “presunto”). ¿Se imagina la que se armaría, o la que se debería armar?, en automático, todos los procesados, las tres docenas de superdelegados y subalternos, deberían ser cesados sin decir quítate que ahí te voy.
Pero regresándonos un poco, está la cuestión de la reputación, por no decir de la decencia, por no decir del código de ética de cada quien, que por lo visto, es algo en lo que los MORENos no se fijan demasiado, o mejor dicho nada. Lo mínimo que debería estar pensando el superdelegado cuando habla con alguien de su partido es “este cuate me va a denunciar”, o cuando trata con algún ciudadano “este está pensando que está hablando con un cuate que ha sido acusado por malos manejos”, eso lo menos, y lo más, la paranoia desbocada, a menos claro, que por lo menos aquellos que tienen antecedentes priístas, hallan desarrollado una piel tan gruesa y tan dura como los rinocerontes, y que ninguna mirada, ninguna alusión, ningún gesto, les haga mella, de que los hay los hay.
Dice un antiquísimo dicho, de la época del emperador Calígula por lo menos, que la mujer del César no solo debe ser decente, sino también parecerlo. En el caso de los superdelegados del gobierno federal, señalados por violaciones a la ética partidista, a reglas de operación, de hacer proselitismo a su favor con recursos públicos, por lo menos el de Coahuila, Reyes Flores Hurtado es campeón en hacerse rosca… ¿o qué, esperaba que renunciara por minucias como las descritas?

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