UNA TRAGEDIA Y NADA MÁS

No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
Jorge Luis Borges

HEREJÍA POLÍTICA.-

Por: Luis Enríquez.-

Captura de Pantalla 2020-01-11 a la(s) 19.17.04

La violencia nos ultraja: se ha apropiado de nosotros. Afirman que las películas, los narco corridos, los videojuegos, las balaceras, son las culpables de la descomposición del tejido social que alcanzó ya a pequeños estudiantes a los que transformó en verdaderas máquinas de matar, como ocurrió en Torreón, donde un menor de apenas 11 años de edad, estudiante de Sexto de Primaria en el Colegio Cervantes, utilizó dos armas de fuego para dar muerte a su maestra, atentar contra sus compañeros y, luego de su acción, arrancarse la vida.

Unos más echan culpas al colegio, a la maestra, al bullying que podría haber sufrido el niño “inocente” y otros, culpan a los abuelos, por tener armas de fuego en su hogar, dándole la facilidad fáctica para cometer el ataque. Otros culpan a la facilidad del acceso a la información, como a los datos de la masacre de Columbine, de la que tomó la idea para su vestimenta.

Sin embargo, la violencia que nos rodea no es cosa moderna. Las agresiones de tal naturaleza son algo que ha acompañado al hombre desde los inicios de su historia. El ojo humano ha presenciado a lo largo de los años innumerables guerras, algunas que nunca terminan del todo. Ha presenciado ataques terroristas, bombardeos, devastaciones, crímenes sangrientos, magnicidios. Ha mirado masacres étnicas masivas. Miró ejecuciones al aire libre. Observó cómo la inquisición quemaba a brujas en la hoguera. Contempló también batallas campales y decenas de epidemias. Así, la violencia y el sufrimiento son parte de la humanidad y están, por desgracia, siempre presentes.

Los asesinatos, las matanzas, los accidentes sangrientos y los periódicos difundiéndolos, existen desde que se inventó la imprenta. Cuando no existían las fotografías, dibujantes se esmeraban, con papel y lápiz, para recrear gráficas de las sangrientas escenas del día a día. De esos periódicos, la mayoría de los vendedores urbanos eran niños.

Antes de Netflix, las películas de Scorsese y los narcocorridos, existían también la radio, los cuentos y los libros. Y en ellos está también presente, siempre, la violencia, porque es una parte vital del entretenimiento ¿por qué? Porqué es también una parte de nuestra propia naturaleza.

Así que no, no fue la violencia la que orilló al niño José Ángel a perpetrar su ataque. Ni fueron las armas a las que tenía acceso. Ni la facilidad de conseguir información a través de internet. Ni la muerte de su madre y la poca atención familiar. Tampoco fue el bullying y los videojuegos; ni la depresión y la rabia que, dicen, se alimentaron de él y lo fueron consumiendo hasta que se extinguió bajo su propia mano.

Fue una mezcla de todo lo anterior, aunado a que nadie prestara atención a sus mensajes y pusiera un alto a alguno de los tantos factores que plantaron y alimentaron en su pequeño ser la maldad y la muerte.

La culpa no es de nadie. No es del gobierno ni de la sociedad, ni mucho menos de José Ángel, ni de los que no prestaron atención. Es una tragedia y nada más, cometida desde lo más adentro de la verdadera naturaleza del hombre.

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