IMSS ¿QUÉ TANTO SON 18 MESES POR UNA CIRUGÍA?

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Permítanos contarle la historia de un corredor, no un corredor de fin de semana o de las cada vez más populares carreras de cinco y diez kilómetros, no, es una persona de esas bastante pocas, que a lo largo de sus más de treinta años de correr pistas, calles, carreteras y sendas a campo traviesa para arriba y para abajo, acumula un buen número de maratones corridos, tantos que ni se acuerda cuantos, pero ciertamente muchos más de los que la gran mayoría de los seres humanos, y este periodiquero que ni uno solo, en su existencia.

Bueno, pues este corredor, que aparte de eso es un ciudadano común y corriente, un trabajador que cumple con sus obligaciones y a cambio de lo cual tiene derecho a las prestaciones de esas que dicen “de ley”, se enfermó, ni siquiera los corredores de maratón logran librarse de padecer de su salud, quizá menos que el resto de los mortales que no hacemos nada de ejercicio, o bueno, para decirlo con algo más de precisión, se lastimó la cadera, aunque no por correr, por correr de más o por no correr de menos, como a cualquier mortal, le tocó la de malas, siendo para su desgracia un padecimiento que le impide hacer una de las cosas que más le gusta para hacer llevadero su tránsito por este valle de lágrimas, correr.

Queriendo curarse, ya que no regresar a las competencias, o aunque no sea curarse, pero que desaparezca o mínimo que baje de intensidad el terrible dolor que lo aqueja, el personaje de nuestra historia verídica se dirigió a la Clínica 2 del Instituto Mexicano del Seguro Social, de la cual es derechohabiente. Allí comenzó un viacrucis peor que cualquier maratón que hubiera jamás emprendido, largo, largo como la ruta de Filípides entre las ciudades de Maratón y Atenas, la diferencia es que en vez de medirse en kilómetros, hay que medirla en semanas, meses y años, adelantándole de una vez que la historia está lejos de acabar.

Como todo derechohabiente del Seguro, nuestro corredor fue con su médico familiar, quien después de mucho meditar sobre su capacidad para resolver su problema de salud, se decidió a “darle un pase” con un especialista, allí mismo, en la Clínica 2. El traumatólogo ordenó los exámenes de rigor, ya sabe cómo son las cosas ahora, desde que se extinguió el “ojo clínico” de la profesión médica, radiografías, ecografías, TACs, resonancias y quien sabe cuantas cosas, para ver, según, la extensión del daño, y determinar dos cosas: el tratamiento para el dolor, lo más inmediato, y luego de eso, la estrategia a seguir, si el padecimiento se podía curar con medicamentos o con cirugía.

Pues con los elementos de diagnóstico en la mano, el traumatólogo tomó la sabia, honesta decisión de que el caso escapaba a su habilidad profesional, así que también, le dio un pase para que acudiera a la Clínica de especialidades, la tristemente célebre 25, de Monterrey. Triste caso, que en la capital de un estado altamente industrializado, con una planta laboral que cubre religiosamente (no le queda de otra) sus cuotas al Seguro, no cuente éste con los especialistas para resolver un caso como el que le platicamos, uno de traumatología, de cirugía general, no estamos hablando de cardiología o neurocirugía, o como algunos partos de alto riesgo político, que los atienden en Houston.

Desde que, a regañadientes, nuestro corredor fue por primera vez a la Clínica 2 y el momento presente, han transcurrido dos años, tiempo durante el cual sí, le recetaban medicamentos para el dolor, unos parches de morfina, mismos que por las características del padecimiento y por el acostumbramiento del cuerpo, han ido perdiendo su capacidad de paliarlo, peor se la cuento, que con los ires y venires de la burocracia de la Cuarta Transformación, hasta de esos parches ha habido escasez, el caso es que ya ni se los surten en la farmacia del Instituto.

Ahora la parte enojosa, escandalosa, que se parece tanto a la historia que El Demócrata dio a conocer el pasado 19 de enero, donde familiares de una paciente del IMSS, a la que el mismísimo superdelegado del gobierno federal en Coahuila, Reyes Flores Hurtado había prometido apoyar para que recibiera atención en el IMSS allá en Torreón, se quejaban de que nomás nada. En el caso del corredor saltillense, en dos ocasiones le han suspendido la intervención quirúrgica que le devolvería la salud perdida.

Aquí no vale el pretexto universal del actual sexenio, de que fue la corrupción de las pasadas administraciones, no, la cirugía ha estado programada en dos ocasiones durante el curso del año 2019, en la última ocasión, recibió una llamada de la Clínica 25 donde le decían que ni se presentara, porque no había lo necesario para operarlo, ni estaba disponible el quirófano, ni había el instrumental, ni los medicamentos, así, que mejor se presentara con su médico, con el especialista, para reprogramar la operación.

Esto que le contamos fue en julio, y la cirugía se reprogramó ahora para febrero… a ver si con los líos que se trae el gobierno con la falta de medicinas, con el INSABI al que se están canalizando recursos que eran de otras áreas del sector salud, entre otras circunstancias, no resulta que otra vez le cancelan la intervención, o peor, que se la realizan sin contar con los insumos indispensables, ¿recuerda usted el diagnóstico administrativo dado a conocer en noviembre, de que los equipos del IMSS tienen una obsolescencia de más de veinte años… los que hay y que funcionan?, le deseamos que su operación sea un éxito… aunque ya con que se la hagan, ya es un éxito.

Dos historias, la mar de similares, una en Torreón, la otra en Saltillo, ¿Cuántas más habrá?, difícil o imposible de decirlo, que tampoco la contabilidad es lo que realmente importa, sino que cada historia es la de una persona, mujer u hombre, que si acude a una institución, a la que por lo demás tiene el derecho, es porque su salud está minada.

A nosotros se nos ocurre preguntar, a la luz de que la semana pasada el orondo secretario general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Javier Guerrero García, andando en la grilla por el norte de la entidad, anunció la construcción de dos nuevas unidades médicas en Coahuila: un hospital general en Piedras Negras, y una unidad de medicina familiar en San Buenaventura.

Esto mientras dizque supervisaba obras, algo que no es su función, en Ciudad Acuña, y a la gente se le ocurre preguntar si lo que hace falta es otro edificio a donde la gente vaya a que no la atiendan, a que le digan que no hay medicinas, que no los pueden intervenir quirúrgicamente, esas no son mejoras en el IMSS, esos son negocios con las necesidades de la población.

Los casos de ineficiencia, de negligencia, de burocracia, los podemos y los debemos seguir documentando, es nuestro trabajo de periodistas, ¿pero cuando se tocarán los funcionarios eso que llaman su corazón para aliviar el dolor y las enfermedades de la gente a la que dicen servir?

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