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LA 38, AHORA EL LABORATORIO

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Hubo un tiempo, dicen, porque si nos tocó fue de puro refilón, en que los médicos tenían lo que genéricamente se llamaba “ojo clínico”. ¿Qué era exactamente aquello?, es difícil de definir, pero entendemos que era la habilidad que tenía el profesional de la salud, de “a ojo”, con el tacto, con el oído, mediante un cuidado interrogatorio, para determinar con alto grado de certidumbre cual era el padecimiento del paciente. El ojo clínico no era algo que viniera en los libros de texto ni se enseñara en las lecciones en la facultad, o sí, había algo de eso, la cualidad se adquiría a través de la práctica, día tras día viendo los pacientes, examinándolos, conviviendo con su dolor, trayendo a la mente lo que habían estudiado, y por supuesto lo que le habían enseñado sus profesores, quienes ni más ni menos, tenían la misma escuela, y así, el diagnóstico solía ser bastante certero, de allí se derivaba el tratamiento, y dados los recursos existentes, había buenas posibilidades de cura de algunas enfermedades.
Ah pero todo fue que irrumpiera en el negocio, perdón en la profesión médica la tecnología y las empresas que la venden bien vendida, para que cada vez más actividades del doctor, se transfirieran a técnicos, a máquinas, a programas de cómputo, y a cuanto aparato o artilugio que diera la apariencia de ofrecer mayor confiabilidad que lo que la habilidad del médico pudiera tener. Ni que decir que cada elemento de diagnóstico, como les llaman elegantemente ahora, lo que iba haciendo era quitarle capacidad y hasta confianza en sí mismo al profesional, que poco a poco se ha venido convirtiendo en un lector de reportes de resultados, en eso se ha transformado el ojo clínico, en darle una pasada de menos de un segundo a un electrocardiograma, una radiografía, un electroencefalograma, una ecografía, para decirle al paciente, parece que usted tiene esto… que a veces resulta que sí, y otras que no, para una eficiencia que deja medio mal parada a la profesión.
Con este nuevo estado de cosas, ni que decir que en la actualidad los hospitales, clínicas, centros de salud y por supuesto los médicos, han llegado a depender de los elementos de diagnóstico, sin los cuales se sienten perdidos ante el paciente que sufre, se de dolor declarado, sea de alguna de esas perniciosas enfermedades silenciosas. Ante la carencia de doctores doctos… valga la redundancia, hay que tener los laboratorios, gabinetes y demás al puro tiro, para lo cual, obvio, se necesita dinero, muchísimo dinero, ¿y qué pasa cuando por las razones que sean, mala planeación, negocio, pobreza, corrupción, o una combinación de estas y otras no lo hay?, ah, pues estamos ante uno de los peores escenarios posibles, pacientes con enfermedades a medio diagnosticar de un lado, y del otro instituciones incapaces de determinar qué tiene y menos cómo tratarlas.
Todo esto viene a cuento porque la Clínica del Magisterio, la dependiente del Servicio Médico de la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, acaba de descender un escalón más, o tres o cinco, en la calidad de la atención que presta a sus derechohabientes, golpeándolos en uno de los puntos más críticos que pueda uno imaginar, los elementos de diagnóstico.
Los cada vez menos derechohabientes que se atreven a acudir a la Clínica Hospital del Magisterio «Profr. Niceforo Rodríguez Maldonado» se toparon con el típico comunicado de la “dirección médica”, una hoja de máquina pegada en el vidrio, ahora en el departamento de laboratorio, de que ya no tienen que acudir desde la hora en que les amanezca el gallo, a las 6:30, a las 6:00 de la mañana para ser los primeros, para solicitar un estudio de laboratorio, no, ahora “para una mejor atención”, habrá que hacerlo por cita, lo de que le realicen la toma de muestras.
A la gente, ingenua, que vio el letrero todavía antes de que llegaran los primeros empleados del laboratorio, les pareció buena onda, por fín, una buena para la 38, ¿sería que se habían acabado el deterioro de los servicios?, pensaron optimistas, hasta que el primero de ellos, ya abierta la ventanilla, se acercó para solicitar su cita, que en su candor, pensó que sería de inmediato, momento en el que el ánimo se le fue al suelo, ¿y cómo no iba a ser así, si la cita se la dieron para un mes después?… ¡¡¡un mes después!!!
Sí, antes era una monserga lo de los exámenes, por eso la gente se apelotonaba desde antes que llegara el primer burócrata para comenzar a las siete pasadas, pero si había 20 o 30, o más, pues ni modo, ya todos iban hechos a la idea de pasar el trago amargo del piquete y la espera, armados de paciencia. Pero la cosa quedaba resuelta allí mismo, el mismo día, ¿pero un mes después?
Hagamos un poco de ingeniería reversa, para no usar la palabra forense que es de mala suerte: va el paciente al que le duele algo o no le duele nada, pero el médico le da una orden para que se haga tal o cual estudio de laboratorio, la lógica más elemental es que si se los está pidiendo es para que se los haga lo más pronto posible, para regresar a consulta con los resultados, los revise el médico y recete el tratamiento que requiere, también lo más pronto posible. Pero la lógica no es algo que impera en la Sección 38, donde para muestra, hace un par de meses decretaron que a cada derechohabiente cautivo se le descontara por nómina la “cuota quirúrgica”, a ver, a como están las cosas en la Clínica Hospital del Magisterio «Profr. Niceforo Rodríguez Maldonado» ¿Quién es el valiente que se anima a que lo operen en un quirófano en el que nadie le garantice que le hayan pasado no desinfectante, sino ni siquiera cloro?, pero le tumban sus 50 pesos a la quincena. Así con lo de la programación de citas “para su mejor atención”, a lo mejor hay padecimientos que no ameritan, más bien que aguantan treinta días para darle seguimiento a lo que el médico sospecha que tiene el paciente… pero hay otros que definitivamente no, exigen una atención inmediata, casi no dejarlo salir de la clínica, internarlo y comenzar tratamiento intensivo.
Eso en la reversa, viendo para adelante sí que tiene sentido, el mismo con el que viene funcionando el servicio médico de la Sección 38 de 10 años para acá: ya con la orden del médico, que esa no se le niega ni se le dilata, se presenta al laboratorio, de allí son 30 días, más tres, cinco o más para entregar los resultados ¿o qué se cree que la Clinica Hospital del Magisterio «Profr. Niceforo Rodríguez Maldonado» es un laboratorio particular donde le tienen los resultados para la tarde del mismo día?, bueno, ya con ellos en el expediente, a ir al médico general, que viendo el tamaño del mal… lo dará pase con el internista, el cardiólogo, el oncólogo o el especialista del caso, ¿Cuántos días le gustan para la cita?, ¿otros 30?, ah y si le recetó el médico general medicinas para irla pasando mientras lo ve el especialista, aguas con los corajes, no se le vaya a reventar la úlcera porque no los hay en farmacia “véngase el jueves, profe”… esa es la lógica, capaz que dentro de tres meses el derechohabiente ya palmó, ya no necesita ni el electro, ni el estudio de laboratorio, ni el medicamento ni nada. Ah, y de los precios de los estudios luego hablamos, le salen hasta más caros que en un laboratorio particular, eso sí, hechos con equipo arcaico. Una más de la 38 ¿hasta donde vamos a llegar antes que alguien haga algo?

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