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PANDEMIA EN MONCLOVA: ASADÓN DE PALO

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

Sobre la pandemia que tiene sometido a cuarentena involuntaria a uno de cada tres seres humanos en el planeta, y aterrorizados a prácticamente todo aquel que haya escuchado hablar de ella, se podrían escribir los proverbiales volúmenes enteros, y más en el terreno de lo comercial, un sinnúmero de novelas y no pocas películas. Pero como se trata de una cuestión pandémica, que afecta a tantos millones de personas, el Facebook es el recipiente adecuado para escribir y conocer tantas y tantas historias de cómo sobrelleva cada quien el coronavirus, y más tétrico pero más sensiblemente humano, como lo sobreviven los infectados y sus familiares.

No todo, pero casi todo sobre esta pandemia, quedará en las páginas del “feis”, para quien quiera tomarse la molestia en el futuro de comprobar como la humanidad logró superar una de las peores pruebas a las que ha sido sometida. Buena parte de las historias, muchas de las más humanas por su contenido, tienen que ver con “los sanitarios”, como se les llama globalmente en España a los trabajadores de salud, término que en México no existe o no existía hasta hace poco, pues acá siempre ha existido una distancia entre médicos, enfermeros, trabajadores de sanidad, administradores y políticos, quienes desafortunadamente no se reconocen como deberían, como parte de un gran todo articulado, al que si le falla cualquiera de sus partes, se desviela, causando perjuicio no sólo al aparato del sistema de salud, sino a la población a la que tienen el objetivo de atender y sanar.

Lo ocurrido en el Hospital de Zona del Instituto Mexicano del Seguro Social en Monclova es un caso clásico de lo que no se debe de hacer. A tal grado llega la pifia, y permítanos llamarla así al menos de momento, que seguramente será incluida en los libros de texto y en las asignaturas de administración de los sistemas de salud en el rubro de lo que no se debe de hacer. Es bien conocida la idiosincrasia del médico, y en menor medida del resto del personal sanitario, la mentalidad es que los que se enferman son los otros, los pacientes, “los civiles”, no los médicos. Así sabemos que hay doctores que padecen ellos mismos de lo que son capaces de curar y curan: hipertensión, diabetes, depresión, cáncer, hasta hongos en las uñas. Hay médicos, muchos, que padecen de obesidad, de alcoholismo, fuman como chimenea de alto horno, y la verdad es que se cuidan poco, o lo hacen tan bien como sus pacientes, quienes a lo que van al doctor es para que les cure los síntomas y los dolores, no para que les diga como cambiar de costumbres, que conlleven en el corto plazo a que aquellos desaparezcan de manera natural, siempre para el doctor y para la mayoría, una pastilla, una inyección, hasta un by pass, es mejor que dejar los vicios.

En el momento en el que explotó la bomba mediática, la situación era ya inocultable, ocho médicos, ocho enfermeras, habían dado positivo en la prueba para detectar la presencia del COVID19, el virus lo adquirieron trabajando en el cuidado de uno de los casos que se habían presentado en el estado de Coahuila, concretamente en Monclova. ¿En qué momento específico, si fue directamente el contacto o a través de segundas y terceras manos, si fue por manejo de instrumental o equipo médico, o si fue por un exceso se confianza, por malas prácticas profesionales o institucionales, o si de plano fue por no cumplir con las recomendaciones elementales que la Secretaría de Salud ha hecho a la población y que obvio, deben ser condición para todo el personal de los centros hospitalarios, lo de lavarse las manos frecuentemente, en su caso, cada fin y principio de consulta, guardar la distancia, toser en el codo y lo demás, pero tratándose del sector salud, para más señas el sector salud oficial, para el triple de señas, ese que presume de tener procedimientos estandarizados para todo, y por si fuera poco, protocolos para casos de enfermedades infecciosas, como el tan llevado y traído coronavirus.

Uno realmente no le sabe a esto, pero como todo el mundo, hemos visto películas, programas y leído una que otra novela, y tenemos una idea más o menos general de cómo se actúa en un centro de salud cuando se declara una emergencia nacional, que tarde o temprano, y para el caso de Monclova fue más bien temprano, habrá de llegar. Oiga, si hasta en los supermercados el vigilante está armado con un termómetro electrónico, ¿me van a decir que en el IMSS de Monclova no?, no es necesario contestar, estamos enterados de la situación más que crítica que viven las clínicas del Seguro en Coahuila, pero obviando eso, lo del termómetro, a ojo de enfermera, de trabajador social, de intendente, hay pistas antes del “triage” que cualquiera que trabaje en el medio podría reconocer como sintomáticas de un paciente con coronavirus, a saber la tos, la febrilidad, el cansancio, la actitud general, y sobre eso, proceder a lo que se debe, aislarlo, pero la cosa no para allí: ¿por qué áreas del hospital pasó, que puertas tocó, que manijas accionó, en que mostrador se recargó, con que personal y a que personas habló y a que distancia estaba de ellas?, si fuera un caso policiaco, sería una reconstrucción de hechos forense, si fuera ingeniería, sería la deconstrucción de la cosa, y así, ¿nos van a decir que en Monclova, en el Seguro, se ocuparon de lo del paciente de lo de afuera, pero no de lo que pasó en el Hospital?, la verdad no queremos ni enterarnos, así como hay las comedias de enredos, esto es una tragedia de equivocaciones, en la que culpables los hay entre los administradores del centro de salud que respecto de los protocolos se concretaron a pegar unas hojas de papel con instrucciones en los vidrios, están las omisiones de los médicos, de los enfermeros, de los sanitarios, y lo que nos debe importar más, mucho más, es el de los políticos, allí sí que las fallas se vuelven imperdonables, si no por otra cosa, porque el caso de Monclova puede reproducirse en cualquier otro centro de salud del sector oficial. Lo hemos comentado en varias ocasiones en el pasado reciente.

Sobre el IMSS Coahuila hay una lupa enorme, pues por cosas de la grilla en la época de la Cuarta Transformación, se ha convertido en un terreno de competencia entre los aspirantes a la candidatura de MORENA al gobierno del estado, y la prevalencia de este o aquel grupo político en la entidad.

Todo el mundo pensó, los ingenuos, y él mismo lo publicitó así, que al haber sido designado Javier Guerrero García en la Secretaría General del Instituto a nivel nacional, él utilizaría todo el aparato del seguro para allegarse simpatías entre el electorado coahuilense ¿cómo?, pues destinando a los centros de salud ubicados en territorio coahuilense los insumos suficientes para operar, el personal necesario, todo aquello que pudiera convertir los servicios del IMSS en un modelo de atención… y nada, no hay nada, y no lo decimos nosotros nomás por mala onda, sino el propio personal que ha hecho paros en Saltillo y en Torreón, los derechohabientes que han bloqueado calles. Tacha para Javier, que andará en otras grillas, cualesquiera otras grillas, menos en las de acá, el caso del hospital de Zona de Monclova es más que prueba de que todo es bla bla bla, y nada de sustancia.

En el otro frente lo mismo, Reyes Flores, delegado, súperdelegado al que no le hace gracia la influencia de Javier era para que al controlar la oficina administradora del IMSS en la entidad, hubiera movido sus telarañas para dotar a los hospitales de lo indispensable y que se supiera que fue él, claro, pues tampoco. Así están las cosas en el IMSS Coahuila, la lupa política lo que encontró fue una ausencia total de capacidad de detectar pacientes, aislarlos y tratarlos, una incapacidad insultante de contener el virus… no en la ciudad, en su propio hospital, una historia de equívocos que trascenderá el Facebook, y que debería ir a dar hasta un comité de honor y justicia, pues la incompetencia no tiene parangón, y hasta el ministerio público por negligencia criminal.

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