El inutilísimo IEC y las elecciones aplazadas

BAILE Y COCHINO


Por Horacio Cárdenas.-

¿Cuántos van, tres, cuatro sexenios, 18 o 20 o más años? En todo este tiempo el Instituto Electoral de Coahuila, con los diferentes nombres y reencarnaciones que ha tenido, se la ha pasado presumiendo de una sola cosa: su urna electrónica, con la que, según ellos, no sólo revolucionarían los procesos electorales, si no es que, con esa soberbia que los ha caracterizado siempre, hasta la democracia misma.


La verdad es que el dato se nos pierde en las neblinas del Alzheimer, ¿Quién fue el primero que ideó lo de las urnas electrónicas, que compró o mandó fabricar los aparatos y elaborar el software?, se nos ocurre que Homero Ramos Gloria cuando fue presidente del entonces IEPC, aunque quizá ya lo hubiera heredado de antes. Homero vino y se fue, luego llegó el siempre folclórico y rezumbón Pollo Lara, y lo que siguió después hasta nuestros días, pero la constante ha sido siempre lo de la urna electrónica.


¿Pues qué no se les ocurre otra cosa a los consejeros ciudadanos, al consejero o consejera presidente para aportarle a la convivencia democrática en el Estado Libre, Soberano e Independiente de Coahuila de Zaragoza?, por el lanal que perciben como salario y prestaciones, más las oportunidades que tienen de hacer negocio, lo sorprendente es que nadie haya tenido una mejor idea que la de la urna de pilas, y no porque esta en sí sea una mala idea, todo lo contrario, se puede decir que al que se le ocurrió y caminó los primeros pasos en ese sentido, repetimos hace dos décadas, tenía los ojos puestos en la tendencia mundial hacia la informatización, de todo y hasta de los procesos comiciales.


Pero hombre, si están convencidos de que allí está el futuro, ¿Por qué durante todos estos añísimos se la han pasado con los mismos pocos trastos de toda la vida, a los que de vez en cuando sacan de la bodega, les dan su desempolvada y los prueban a ver si todavía jalan, en vez de tirarse a fondo con ellos de una vez por todas? Apenas a la actual gerencia del Instituto Electoral de Coahuila, esa que está viviendo en animación suspendida, toda vez que según se había dicho y legislado, se iría derechito a la goma, ya que los procesos electorales estatales serían absorbidos por el Instituto Nacional Electoral, que para eso y para poca cosa más se reformó, bueno pues a la presidenta Gabriela María de León Farías se le prendió el foco que ya chole con las urnas electrónicas, esas que parecen el portafolios desde el que el presidente de los Estados Unidos puede apretar el botón rojo que mande el coronavirus y a todo el planeta al infierno, y que había que cambiarlas por unas nuevas.


Sí oiga, porque de veras, las urnas del IEC parece que soportan hasta una explosión nuclear de diez kilotones, y pesan en consiguiente, en estos tiempos de los celulares y tablets, con cualquier dispositivo de estos podría perfectamente reproducirse la boleta electoral para que la gente ni siquiera tuviera que tachar nada, con poner su dedo en el partido o nombre del candidato de su preferencia, con eso está concretado el sufragio, en tiempo real se alimenta la base de datos, y al cierre, se tendría el resultado de la elección en nanosegundos, pregunta al margen ¿ya fueron a su casa los del censo?, pues se está haciendo con una “app” descargada en el celular, tan pronto se concluye el levantamiento en un domicilio, se envía y tan tan… tan tan antes que algún malandro venga y les robe el aparato a los pobres encuestadores. Ya que estamos en eso, ¿alguien pensará que una elección en Coahuila, o para el caso en todo México, es más complicada de manejar desde el punto de vista informático, que un censo, que EL CENSO de Población y Vivienda?, esto para darnos idea de las dimensiones de lo que estamos hablando en cuanto a número de reactivos y población a cubrir.


Pero bueno, a lo mejor, si el coronavirus no regresa a Coahuila a la época en la que tobosos, borrados e irrítilas recorrían el inacabable semidesierto coahuilense, el Instituto Electoral avanza algo, mediante una nada despreciable inversión de dineros públicos, en una nueva urna electrónica, una que puedan seguir utilizando en su eterna fase de prueba para la elección de la reina de la Feria de Saltillo, de la Sociedad de Padres de Familia de la Escuela Centenario, la renovación de la Directiva del Club de Leones, y procesos electorales así de complejos.


Y a nosotros no nos queda más que añorar ¡ah, que útil nos hubiera sido la urna electrónica en esta contingencia sanitaria!, con un proceso electoral en puerta para la renovación, es un decir, del Congreso del Estado de Coahuila, una urna electrónica hubiera sacado al buey atorado en la barranca. Pero no nos estamos refiriendo al kelvinator de los dispositivos electrónicos que usa el IEC, sino al concepto, al concepto de urna electrónica.


Haciendo una comparación muy por encimita: ¿qué es la banca electrónica?, si a esas vamos, el cajero o cajera que está físicamente en el banco hace banca electrónica en la terminal de computadora que tiene detrás del vidrio, por supuesto el ATM, el cajero automático es banca electrónica, usted mee su tarjeta y su nip, y el banco consulta en su base de datos si tiene dinero para cubrir lo que está solicitando, si no ni “mais paloma” que le suelta un cinco. No, lo que se entiende por banca electrónica es lo que puede usted realizar a distancia, a través de la computadora o el celular, que con las debidas medidas de seguridad e identificación, le posibilita hacer operaciones financieras sin tener que apersonarse en el banco, ahora la pregunta clave ¿qué tan distinto en cuanto a concepto, y sobre todo en cuanto a grado de complicación y seguridad es la banca electrónica del voto electrónico?


Todo esto se nos ocurre ahora que estamos de ociosos, pensando en la inmortalidad de las instituciones democráticas mexicanas… y al enterarnos de que finalmente la Comisión Nacional de Salud, el INE o quien sea, tomó la decisión de suspender temporalmente las elecciones en los estados de Coahuila, el jumento por delante, e Hidalgo, con el cuento de que es por las condiciones extraordinarias que ha impuesto la pandemia, que hará riesgoso acudir a emitir el sufragio, pero además todos los pasos previos, incluyendo la campaña que siempre ha sido pretendidamente masiva.

Nosotros gritamos airadamente ¿por qué?, suspender la elección, así sea una desabrida elección intermedia, ni siquiera de alcaldes sino apenas de los edulcorados diputados al congreso local, lo que implica es que los que están… se queden, y eso sí que no. La democracia mexicana, todavía, manda que cumplido el período, y salvo que se hayan reelegido en una elección abierta, se van mucho a la goma, ahora resulta que por un cochino Coronavirus vamos a tener que seguir soportando y peor, manteniendo a cuerpo de legislador a una caterva de vividores… no, todo menos eso.


Otra cosa fuera si existiera una urna electrónica, pero no la monstruosidad antediluviana que presume el IEC cada vez que quiere aparecer en la prensa, sino un dispositivo económico, funcional, efectivo, confiable, que están al alcance de cualquier preparatoriano que maneje Windows 365 u otro similar. Ah, si hubiera visto alguien el futuro, no estaríamos en este ridículo brete electoral contra el que en el momento no hay vacuna.

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