La exigencia perentoria: devuelve el dinero

BAILE Y COCHINO

Por: Horacio Cárdenas.-

Hay anhelos que forman parte prácticamente de nuestro ADN como mexicanos, sueños de los que nos damos cuenta a muy temprana edad, cuando comenzamos a conocer la realidad de nuestro país, y que conforme pasan los años, o para ponerlo en términos políticos, los sexenios, y no se avanza un paso para hacerlos verdad, al contrario, con cada nuevo gobierno, pareciera que en vez de acercarse, se alejan, al tiempo que se vienen a sumar nuevos anhelos, nuevas ensoñaciones de un México mejor, el cual se nos escapa, mientras las generaciones nacen, envejecen y mueren esperando.

En parte por eso hay muchas cosas que rara vez o nunca, forman parte de los programas de gobierno, de los presupuestos de obra pública, de las evaluaciones que se hacen del desempeño de las administraciones de todos los niveles, y que tampoco nadie es llamado a cuentas por su incumplimiento craso, incluso se da el más bizarro de los casos, que pese al descontento con el estado de cosas, la población siga sufragando por un partido o para ponerlo más ampliamente, por un sistema que es el responsable de que las cosas sigan como las conocimos en un primer momento o peor.

Los discursos están llenos de lugares comunes, es más, podríamos aventurar que las plataformas políticas sin esas expresiones, serían casi imposibles de construir, a ese grado de sometimiento mental estamos acostumbrados, que no podemos imaginarnos un estado de cosas diferente.

A ver ¿qué político, aspirante a gobernante o gobernante no ha mencionado recurrentemente ideas como “justicia social”, “bienestar”, “equidad en la distribución de la riqueza”, “mejora en las condiciones de vida”, entre otras muchas por el estilo que conforman un catálogo único de expresiones politiqueras?, todos, todos sin faltar uno. Sean políticos de izquierda, de derecha o de centro; sean de partidos opuestos, adversarios o enemigos, a la hora de tratar de convencer de que ellos y no otros son la mejor opción, caen en los mismos rollos.

Claro que la gente está acostumbrada a escuchar los discursos vacíos, y a olvidarlos tan pronto como fueron pronunciados, si no fuera así, en cualquier momento podrían caer en la tentación de querer reclamar a sus políticos que se convirtieron en gobernantes, su falta de probidad, su falta de respeto, en una palabra, su incumplimiento con lo que dijeron que iban a hacer, y no hicieron. Ya enchilados, quien sabe qué es lo que la gente haría con mentirosos consuetudinarios, que tienen décadas viéndonos las caras.

Solo para abundar un poco: la justicia social es un concepto de lo más abstracto, a lo mejor no se da en ningún país ni en ningún régimen, pero habrá naciones donde la gente esté menos fregada que en el nuestro, y que es lo que se pretende resolver cuando los políticos hablan de justicia social; salir de la pobreza… ese es bueno, a cada rato nos lo mencionan como el gran objetivo gubernamental, sin que se avance más que a nivel de estadística para presumir, y eso sólo enfatizando que es gracias a los programas de apoyo del propio gobierno, que a la hora que desaparecen las becas, las despensas, y demás esquemas, la realidad se asoma descarnada, una pobreza que no ceja, y tanto, que los apoyos que debieran ser de una sola vez o de un solo período, tienen que hacerse permanentes para dar la impresión de que hay progreso.

Hay otros elementos igual de abstractos, ideas como democracia, como federalismo, como respeto a la voluntad popular y a las distintas ideologías, no son más que “hacer olas”, para esconder que en la práctica se busca hacer y se hace exactamente lo contrario: se impone a políticos afines, se aplasta y denigra a los gobiernos electos de otros partidos y en instancias que no sean la federación, todo en un ambiente de falsedades.

Y podríamos decir que esto es lo de siempre, ¿qué nos quejamos de lo que no va a cambiar nunca?, ah pues precisamente tocamos el tema porque hay un atisbo de que el método de enredar las cosas para confundir a todos está dejando de funcionar. Lo que son las cosas, es la pandemia de coronavirus la que está dando la oportunidad de replantear algunas cosas que son injustas, que son ineficaces, que son falaces.

Sabemos, todos, que se ha venido reuniendo un grupo de gobernadores para tratar aspectos del interés de sus respectivos estados, pero que además por ser comunes, da la oportunidad de unificar criterios y hasta de integrar un frente común, para que no nos sigan jugando el dedo en la boca, como ha ocurrido infinidad de veces en el pasado.

Los gobernadores de Coahuila, por delante porque así está en el alfabeto, los de Tamaulipas y Nuevo León, en la primera comalada, más los de Durango, Michoacán, a lo mejor los de Jalisco, Colima y algún otro para la segunda, han estado planteando algo que, no podría ser de otra manera, cae en el terreno nebuloso de lo intangible, piden la revisión, la actualización del pacto fiscal, existente entre la Federación y los Estados federados. Este pacto, que originalmente, para que se animaran a firmarlo en su momento, debió ser lo suficientemente convincente y conveniente, y a lo mejor sí lo fue en algún tiempo, pero de algunos años para acá, y particularmente en este sexenio, ha dejado de convencer y ha dejado de convenir. Pero estamos hablando de algo tan antiguo y tan poco claro, que aunque suene amenazante, a la hora de los trancazos no espanta a quien debería preocuparse, la federación.

Sí, pero de allí, de lo intangible se ha pasado a algo más concreto, más específico y puntual: los gobiernos de los estados, esos que han sido fuertemente castigados por recortes en las participaciones federales, que han tenido que enfrentar gastos responsabilidad de la federación con recursos propios sin que siquiera les den las gracias o tengan la gentileza de pagar intereses cuando hubo necesidad de pedir prestado a bancos, han tenido que incurrir en grandes desembolsos para enfrentar la pandemia de coronavirus, ante la falta de previsión y acción del gobierno federal. Para evitar que su población enferme y muera, han hecho gastos tremendos, algunos como Coahuila han tenido que endeudarse, y mientras allá en México complacientes diciendo que todo está requetebien (sic).

Ante tanta peladez, tanta grosería, tanto desplante y tanto desprecio, los gobernadores han llegado a un acuerdo interesante: pedir a la federación que restituya los recursos aplicados a la pandemia, toda vez que son responsabilidad suya, asumida cuando federalizaron los sistemas de salud, eso. Eso en concreto, que devuelva los miles de millones que los gobiernos estatales tuvieron que distraer de otras funciones y necesidades para hacer lo que le tocaba a la federación, y esta es fecha que sigue haciéndose rosca.

¿Alguien cree que lo van a hacer, que van a devolver el dinero?, claro que no, otra vez ni las gracias, pero la enseñanza es que ya están, estamos dejando de hablar de cosas nebulosas para aterrizar en exigencias concretas: devuelve el dinero o hazte cargo de enfermos y muertos, pero a como son, van a decir que cada quien los suyos. Los gobernadores están en pie de lucha, ahora habrá que pasar de la queja a la presión.

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