BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

En otros países se le suele denominar partido oficialista al partido que detenta el poder en determinado momento. Allá están acostumbrados a esta nomenclatura, pero no deja de llamar la atención y causar cierta diversión el hecho de que un partido que durante décadas, a veces a lo largo de toda su historia, siempre fue oposición, e incluso hasta se movió en el clandestinaje, de repente pasa a convertirse en el partido oficial u oficialista, pasando a ostentarse con un apelativo que siempre combatió y al que se le cargan todos los vicios y defectos.
La gente se queda de a cuatro, de a seis, o de a ocho, cuando unos políticos que toda la vida fueron revolucionarios, con toda la carga que esta denominación suele llevar, y de repente se les ve trajeados, encorbatados, bañados y hasta afeitados, y es que ¡que caray!, la investidura, usted sabe, demanda respeto, cuando estaban lejos de tenerla no le tenían ninguno, pero ya con ella como abrigo, que nadie se atreva a elevar una trompetilla contra ella, porque se le van encima con todo el peso de la ley.
No importa cuántas veces antes la mandaron a los mismísimos infiernos, a la hora buena de estar arriba, se contagian de lo que decíamos al principio, de oficialismo.
En México no se usa tanto eso de oficialismo, ponga que acá el sistema político sea un poco más hipócrita, un poco más listo o más refinado que en otras naciones, el caso es que acá eso no pega.
Las veces que se llegó a hablar de partido oficial, todavía en tiempos del viejo PRI, de inmediato los gobernantes que recibían la crítica de pertenecer al partido oficial, brincaban para decir que en México no había eso, que acá el gobierno gobierna para todos, que nunca ha favorecido, ni favorece ni favorecerá jamás a los priístas por encima de cualquier otro ciudadano, de ideología afín, de alguna contraria, o simplemente abúlicos a la cosa política.
Este discurso duró años y años, cuando mucho los políticos aceptaban que el suyo era “el partido en el poder”, no el partido del poder. No había manera de sacarlos de esa idea.
De la época de Ernesto Zedillo Ponce de León como presidente viene la expresión aquella de la “sana distancia” entre el gobierno y el partido, lo que son las cosas, ahora es lema del combate a la pandemia del gobierno federal, y de su origen nadie se quiere acordar, por ser neoliberal, conservador, fifí, corrupto y lo demás, pero ese es.
Todo esto viene a cuento porque sí, el partido que gana la elección, literalmente se saca la lotería, puede aspirar a un trato único de parte del gobierno, por más declaraciones y discursos en contra, los analistas de la grilla a la mexicana hablan de que el partido en el poder, vamos el partido oficial, se convierte de facto en una secretaría de elecciones, que tiene la misión trascendental de lograr que el mismo partido repita sus triunfos y los incremente, de tal forma de perpetuar el control de las posiciones que se ha echado en la bolsa.
Esto funciona a nivel federal, pero también en los estados y en los municipios, o será que eso funcionaba, porque ahora en los tiempos de la Cuarta Transformación, el partido en el poder, el partido del poder, el que de plano ha sugerido la extinción de todos los demás partidos para quedarse ellos con el mote de liberales, contra todos los demás, que se agruparían como conservadores.
En este partido, que originalmente no iba a serlo, tan es así que nació como Movimiento de Regeneración Nacional, y es fecha que así se sigue llamando, pese a haber traicionado la promesa de no aspirar a convertirse en partido político, a nivel nacional MORENA es una cena de negros, están tan enloquecidos con hacerse de cualquier trozo de poder, que a finales del año pasado nos encontramos, se encontraron mejor dicho, con que no había un solo presidente, sino dos…
MORENA es un partido tan sui géneris, que no puede arreglar las cosas a su interior, tiene que llevarlas a los tribunales electorales, y así resulta que este árbitro tiene que dictaminar, delante de toda la gente, los trapos sucios que no deberían ni colgarse en el tendedero del propio partido.
Es fecha que el dirigente nacional de MORENA ni siquiera puede ostentarse como titular, es el interino o el provisional, encargado de llamar a un proceso de renovación de la dirigencia, asunto que no tiene para cuando, pese a que en más de una ocasión se ha puesto a las patadas con el patrón, con el presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien de plano le mandó el mensaje, a través de la prensa, de que él sí que no es florero de su administración, para estar de adorno.
Y llegamos a MORENA en Coahuila, donde la cena de negros se convierte en un canibalismo de negros mascogos, sin intención de ofender a esta tribu norteña. En los escasos seis años de vida que tiene MORENA en Coahuila, ni una sola vez ha podido llevar a cabo un proceso de renovación partidista que se pueda llamar mínimamente terso.
Los morenos coahuileños, que se reconocen individualmente como pertenecientes a MORENA, pero que no pueden verse con los otros militantes, dirigentes o simpatizantes del mismo movimiento, se han dado cada zancadilla, cada piquete de ojos, cada golpe bajo, todo porque sea un individuo, un grupo, o ¿le extraña?, una familia, la que controle la dirigencia… y la siguiente dirigencia… y las candidaturas a puestos de elección popular… y todo hueso que contenga un poco de carne que roer.
Pero no solo es el problema de la lucha intestina, nunca mejor aplicado este paralelismo digestivo, por la dirigencia estatal, también está la orfandad en la que se encuentra el partido, que nomás no ve las mieles de ser el partido en el poder.
En efecto, hay un distanciamiento tremendo entre MORENA Coahuila y el superdelegado del gobierno federal en el estado. Reyes Flores Hurtado, quien para acabarla aspira a ser candidato a gobernador en el año 2023, no quiere nada que ver con la grilla estatal, y menos desde que estos lo denunciaron por tráfico de los beneficios de los programas sociales federales bajo su supervisión.
Reyes no los soporta, no los quiere ni ver, y obvio no les tira un hueso mordisqueado. Así que más se reconcentran los morenos en sus odios, y el pleito ahora, para no variar, es el de la dirigencia, están los que quieren a Tencha, están los que no quieren a Tencha… y por eso han sido capaces hasta de prenderle fuego a una sede municipal del partido, se han enfrentado a golpes entre las facciones, se han declarado en huelga de hambre, nada más falta que amenacen con abandonar el partido, pero nadie se baja del barco cuando va cargado de oro, así no se los den ni a oler.
MORENA se la vive dando espectáculos cada vez más deleznables, ninguno de los cuales contribuye a ganarle simpatías electorales. Sí, una cosa es que lo logrado en la última elección se haya hecho trepados en la ola lopezobradorista, pero esta no va a llegar a las siguientes elecciones, y al contrario, tendrán que enfrentar su resaca, pero en Coahuila nadie quiere a los pleitistas, y desafortunadamente no hay moreno que no lo sea, comenzando con los de su mismo partido, ¿para qué darle alas a esta gente?, MORENA punta para perder en Coahuila lo poco que hubiera podido ganar, y todo se lo deben… a ellos mismos.

Cuál crees tú entonces que sea la fórmula correcta?
Si señalas la falta de unidad !
Entonces por qué no pueden compartir la idea de que los partidos de derecha se unan?
Que no se supone que la derecha está unida?
Si tendrán convicciones ,o solo tienen ambiciones?