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Naufragio en el IMSS… El ‘raro’ contagio de Zoé y Javier

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

El Seguro Social es de esas cosas, de esas instituciones, por las que la gente puede tener un odio cerval, o un amor desproporcionado. Como siempre, todo el mundo habla dependiendo de cómo le fue en la feria, aquellos a los que atendieron “de lujo”, que recibieron un trato amable, cálido, interesado desde un punto de vista humano, a los que no les faltó nada durante su estancia, y que finalmente salieron curados, hablan maravillas del IMSS; en cambio aquellos que desde la puerta de entrada los trataron con la punta del pie, donde quien los atendió es uno de esos burócratas sin alma que odian su trabajo, odian su vida y a la humanidad entera; que los tuvieron estacionados en una silla de ruedas o una camilla en el pasillo durante diez o doce horas porque no había donde los pudieran auscultar, ya no digamos pasar a cuarto, de esos a los que el médico no les dedicó ni una mirada de desprecio, que se toparon con que no había medicamentos, que no había jeringas para aplicárselos, que presenció las horas de descanso del personal displicente delante de pacientes que se quejan de dolor, seguramente hablará horrores del Seguro Social, y más si es de los que despachan con un diagnóstico erróneo, uno por encimita para quitárselo de enfrente, o uno que pueda ser calificado de negligencia criminal, esos trinan contra la institución asistencial por excelencia en este país.

Historias las ha habido siempre en torno a lo que ocurre en el IMSS, entidad pública que es tan grande, que aquellas que parezcan más disparatadas y exageradas, probablemente si no han ocurrido, estén a punto de hacerlo en cualquier instante. Por supuesto, uno siempre quisiera ubicarse dentro del grupo de los que les va bien… no de los que les va mal, y ponga que uno aguante los malos tratos, ¿pero que se los hagan a un familiar, al conyugue, a los hijos, a los padres?, eso sí que no lo perdona uno tan fácilmente, y menos lo olvida.

Pero ahora con la pandemia de coronavirus, lo que eran conversaciones incidentales de lo que a uno le llegaba, se ha convertido en la comidilla de todos los días de millones de mexicanos, que ven con terror el avance del virus, y con todavía más pánico, la posibilidad de caer en uno de los hospitales del IMSS reconvertidos en COVID 19, donde lo que se cuenta, lo que reproducen los medios de comunicación, lo que las fake news multiplican al infinito, es para morirse de miedo… o de pulmonía atípica, o de cualquier otra cosa que se les ocurra poner en el acta de defunción, con tal de no aceptar la causa original, que alteraría sus otros datos de que las cosas no están tan mal o de que van domando la pandemia.

En esta semana que terminó nos enteramos de varias cosas que vienen a abonar la opinión de podredumbre rampante en el Seguro Social: comenzando con la noticia de que la familia del director general del IMSS, Zoé Robledo, había sido beneficiada con la asignación directa de contratos por parte de distintas dependencias de la administración pública, algunas federales, otras en donde gobierna MORENA, y lo peor de todo, por parte del propio Seguro Social, en lo que solo puede ser calificado como tráfico de influencias. Y dijéramos que hay justificación, como en el caso escandaloso también, de la compra de los ventiladores al hijo de Manuel Bartlett Díaz, negocito que se vino abajo por la pésima calidad de los equipos que pretendió ensartarle al gobierno, si no es que por la presión de la opinión pública, digo, hay cosas que hay que comprar, con sobreprecio y todo, pero acá no se justifica, porque la especialidad del hermanito de Zoé es el análisis de medios de comunicación… bajo ninguna circunstancia se puede considerar de urgencia saber si los periódicos o la televisión habla bien del Seguro Social, sabedores además de lo que la gente opina de la dependencia, cualquier gasto en el tema es redundante. Pues esos contratos por gastos superfluos bajo cualquier concepto, se asignaron sin licitación.

Eso fue el fin de semana, luego el lunes se dio a conocer, ¡pobrecito!, que el mismísimo Zoé Robledo, había dado positivo en la prueba del COVID, razón por la cual, procedía a guardarse en su casa para hacer la cuarentena, ¿no sería que se está escondiendo?, ¿no sería que busca despertar simpatías y que la gente se olvide de las trácalas que involucran a su familia y a el mismo?, y es que pese a haberse dado a conocer a nivel nacional, nadie se pronunció por que se realice una investigación a profundidad, casi como si hubiera un cerco protector en torno a los Robledo, que no se extendió por ejemplo para cobijar a los Bartlett.

Lo del contagio de Zoé suena un poco raro, porque aunque estamos conscientes de que es el personal del IMSS el que mayor número de contagios tiene en el país, hablando como gremio de los profesionales de la salud, nadie se traga eso de que los contagios hayan alcanzado hasta la más alta, protegida y sanitizada oficina de la dependencia, la del director general, quien sí es muy bueno para andar en reuniones con el presidente, con gobernadores y funcionarios de alto nivel, pero eso de andarse paseando por los pabellones de contagiados, de eso nada.

Luego al día siguiente se dio a conocer que no solamente se trataba del director general, sino que también varios integrantes de la plana mayor del Seguro estaban contagiados, de entrada el Secretario General, Javier Guerrero García, quien todavía antes de que reventara la pandemia, se paseaba cada fin de semana por distintos municipios de Coahuila con el pretexto de andar supervisando las unidades médicas del Seguro, cuando que la verdad andaba de grillo en campaña, y que desde que la cosa se puso contagiosa, nomás no se le volvió a ver por acá, según, que porque desde sus cómodas y asépticas oficinas estaba coordinando las compras de insumos, y otras tareas de su responsabilidad… otro caso de burócrata que le saca al parche a meterse a donde las cosas están críticas, pero así es el coronavirus, no hay que ir a buscarlo, solito viene por nosotros.  El caso es que el IMSS ha estado descabezado toda esta semana, sin director general, sin secretario, sin responsable de las finanzas, total cuatro de las cabezas estaban en cuarentena, supuestamente haciendo teletrabajo que más suena a telegrilla o a teletapar los chanchullos que se habían destapado.

Ya la última de la semana, hasta el viernes, es que en las Clínicas 16 y 18 el personal del IMSS, ese que pese a lo politizado que suele ser, rara vez paraban labores, de nueva cuenta se manifestó por una disposición de la administración de los hospitales, resulta que médicos, enfermeras y trabajadores estaban pidiendo que se les practicaran las pruebas para saber si estaban contagiados… y les dijeron que no, así de plano, que allá cuando presenten síntomas, vemos, mientras que se regresen a trabajar hasta que caigan con fiebre u otro síntoma incuestionable. Además que ¿para qué quieren pruebas?, mientras no haya pruebas no sabemos que están enfermos, y en cambio si se las hacen, puede haber muchos más, mejor así la dejamos.

Esas son las novedades del IMSS esta semana, la siguiente pinta para peor.

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