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Ola «lopezobradorista» se estrelló contra el bastión más sólido del PRI: Coahuila

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

En aquellos años se decía mucho en torno a la persona de Vicente Fox Quesada, como presidente de la República se comportaba como si fuera candidato en campaña, repartiendo denuestos y tirando cacayacas a diestra y siniestra, un día sí y el siguiente también, sin darse cuenta de que ya no le tocaba a él señalar los errores, sino que le tocaba como titular que era del poder ejecutivo federal, corregirlos.

Los extremos se tocan, poniendo en claro que finalmente no son tan diferentes como se empeñan en hacer creer, y de Andrés Manuel López Obrador, también como presidente de la República que es, se le ha señalado reiteradamente su tendencia a comportarse como si fuera un aspirante al cargo, una copia al carbón de su archienemigo Vicente Fox, que busca evadir responsabilidades de lo que no hace y de lo que deja de hacer, en presuntos enemigos de su gestión y de su persona enquistados tanto en la estructura de gobierno como fuera de esta, operando, según, desde las sombras para “descarrilar la cuarta transformación”, como si realmente alguien tuviera una intención tan aviesa.

A lo mejor no estamos hablando solamente de individuos, sino de un rasgo de la tan llevada y traída condición humana, ¿será que todos los seres humanos, puestos en situación de vernos acorralados por lo que era nuestra obligación hacer y hemos incumplido con ella, el tratar de escurrir el bulto, buscando y encontrando culpables ajenos a uno?, quien sabe, lo que sí es indudable es que los enemigos suelen ser muy hábiles, muy imaginativos y extremadamente poderosos, tanto así, que logran su objetivo de hacer fracasar las mejores intenciones de los ungidos por el pueblo para acabar con el estado de cosas imperante, con el que están a disgusto. Lo que son las cosas, tantas historietas, noveluchas, programas de televisión, películas, telenovelas, con argumentos en contrario, y viene a resultar que la realidad se impone: los malos siempre le ganan a los buenos… cuando menos en el radioteatro que es la política a la mexicana, así ocurre.

En Coahuila, en ocasión de la elección intermedia del 18 de octubre de 2020, se cumplió lo que hasta los más optimistas favorecedores del Partido Revolucionario Institucional se mostraban cautelosos en creer: como en los mejores tiempos del partido aplanadora, según decían las caricaturas de Rius, el PRI se iba a llevar el carro completo en la elección de diputados al congreso local, de 16, 16, ni una concesión a la oposición, ni la oficial de izquierda, ni a la de derecha, ni siquiera dejándoles los bastiones que tienen facturados a su nombre desde hace décadas los cacicazgos locales, nada.

El triunfo del PRI tiene multitud de lecturas inmediatas, más otras que irán saliendo al paso de los días y las semanas.

La más importante desde nuestro punto de vista es que contra el bastión más sólido del priismo en el país, a saber, el estado de Coahuila, vino a estrellarse miserablemente la “ola lopezobradorista”, esa que se pensaba que por la fuerza con la que arrasó el país en la elección del 2018, todavía permitiría que MORENA se erigiera sin problemas con el triunfo en la elección intermedia, posibilitando desde el Congreso de Coahuila estorbar la segunda mitad de la gestión de Miguel Ángel Riquelme Solís, minándola ante la opinión pública estatal, y sobre eso apuntalar a quien sea su candidato a sucederlo en la elección del 2023, eso terminó en nada.

Riquelme caminará cómodamente hasta el final de su administración, operando a favor del PRI su sucesión, y todavía más importante, capitalizando que la poderosa ola morenista se ha convertido, siguiendo las leyes de la física tradicional, en resaca, de igual magnitud pero de sentido contrario.

La referencia inicial a que Andrés Manuel, al igual que Vicente Fox en su momento, se porta como candidato, y no como mandatario en funciones, viene a cuento por la reacción del pretendido líder del partido del Movimiento de Regeneración Nacional, Alfonso Ramírez Cuellar, quien por increíble que pudiera parecer, desempolvó la antigua retórica de cuando era líder del Barzón y militaba en distintos partidos de oposición, diciendo que la de Coahuila había sido una elección de estado… que sí claro que lo fue, ocurrió en el estado de Coahuila de Zaragoza, libre, soberano e independiente para más señas, pero fíjese qué curioso, lo que salió a relucir días antes de celebrarse la elección, fueron marrullerías atribuibles a los candidatos de MORENA, con la venia, con el apoyo o con recursos de entidades de la administración pública federal, la superdelegación que lo abarca todo, de la Secretaría de Bienestar, y hasta de la secretaría general del Instituto Mexicano del Seguro Social, si se comprueba que las miles de despensas que se encontraron en San Pedro en supuesto apoyo del candidato de ese partido, y quien es familiar de quien ocupa ese puesto en el IMSS, grillo de mil tempestades, de las que siempre sale bien parado.

¿O sea cómo?, ¿la del 18 de octubre se trató de una elección de estado solo porque la ganó el PRI, pese a los escandalosos apoyos brindados por el Estado Mexicano?, más nos parece que se trata de un discurso intencionadamente dañoso, a ver si logra sembrar la duda en el electorado, en la población en general, entre las entidades electorales y judiciales, sin el aporte obligado de las pruebas de los dichos.

Ramírez Cuéllar, en su alocado discurso también acusó que en Coahuila se presentó la “compra de votos y actos de violencia”, remachando que estas estrategias fueron “producto de una organización criminal en materia electoral”, por supuesto, vinculada al Partido Revolucionario Institucional.

Hasta donde hubo denuncias, públicas, no penales, se hablaba de compra de sufragios, pero por parte de los candidatos de MORENA, y para que vea lo que es la pobreza de la que Ramírez no se entera, de los de MORENA se dijo que era de a “quinientón” el voto, mientras que los priístas apenas ofrecían 300 pesos, si alguien está dispuesto a vender su sufragio ¿a quién cree que se lo vendería?, pues ni aun así MORENA logró refrendar en una elección estatal, intermedia que prometía una importante abstención por parte de los votantes apáticos, o temerosos del contagio de la pandemia de coronavirus. Error de cálculo: ni fue tan desairada, ni se dio el refrendo como le gustan al presidente López Obrador, lealtad y obediencia ciegas, pues los coahuilenses no respondieron como lo deseaban.

La última frase que nos interesa resaltar en esta primera apreciación de la elección es la que lanzó Alfonso Ramírez Cuellar al referirse que había una “cerrada competencia” de su partido contra el PRI en nueve distritos, más de la mitad, pues. ¿Pues qué no tenían representante en el IEC?, ¿Qué no tenían representantes de casillas?, ¿pues qué no saben contar o usar calculadora de perdida?, tanto si le cree al PREP como si se va por sus números propios, la ventaja del PRI era incuestionable, de cerrada competencia no tenía nada, o sí, yéndonos un poco más allá: para MORENA quedó cerrada la competencia en el estado ¿Por cuánto tiempo?, atendiendo a lo que es el partido, su dirigencia, su militancia, sus métodos en el estado, cerrada por muchos años por venir.

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