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COVID: todo menos el ISSSTE

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Las notas sobre la pandemia de COVID-19 se suceden unas a otras, a cual más de impactante, a cual más de sorprendente, a cual más de bizarra si la fuente es el gobierno de la República.

Con tanta información contradictoria de fuentes más o menos sólidas y pretendidamente fidedignas, o por lo menos oficiales, la gente no sabe, no sabemos qué pensar, mucho menos qué hacer. A lo que vemos en los noticieros televisivos, lo que leemos impreso en los periódicos, hay que sumar el cúmulo avasallador de lo que llega por las benditas redes sociales, que con mucho rebasa lo de cualquier boletín de prensa o cualquier nota redactados con cierta intención de informar, orientar, advertir o lo que sea.

Un meme, hoy por hoy, le da en toditita la torre al más engolado publirrelacionista de gobierno, y se lleva de calle a muchos reporteros de investigación, con lo que se cumple aquella máxima de Umberto Eco, de que con las redes sociales cualquier imbécil se puede y de hecho se convierte en periodista, no por derecho, por experiencia o como el burro que tocó la flauta que por casualidad ganó la nota, sino porque le hacen más caso al chistoso, cuate, tía, influencer, que a quien tiene algo importante que decir, y por descontado que esta tendencia a hacerle caso a unos en vez de a otros, ha causado ya demasiadas muertes en esta pandemia entre gente que se suministra productos milagro, adopta prácticas no probadas y anda por el mundo como si el coronavirus estuviera pintado.

Las mismas fuentes gubernamentales están, sin exagerar, para llorar. Allí tiene al descolorido secretario de salud federal, el dr. Alcocer, descubriendo el hilo negro de que la pandemia está activa… pero está controlada, pues con razón no lo sacan a las conferencias de prensa, para salir con esas barrabasadas, mejor que lo regresen a vegetar a su oficina, mire doctor, un solo ciudadano que enferme, uno solo que fallezca en cualquier rincón del país es prueba de que el COVID no está controlado, y lo de activo, eso lo entiende hasta cualquiera de los grandes intelectos de la Cuarta Transformación, que tanto desprecian la ciencia y la tecnología para cualquier asunto, incluyendo la pandemia, y aquí hablamos de presidente de la República para arriba y para abajo, pues sí, saben que si se mojan se enferman, pero son incapaces de plantarse un cubrebocas para evitar contagiarse, lo cual es bronca de cada quien así sea el hombre del que depende el presente y futuro del país, pero también de contagiar, y eso sí que es una falta de respeto que raya en la negligencia criminal.

Pero bueno, eso es lo que dice el secretario de salud, peor es lo que dice su subordinado, otro doctor, Hugo López Gatell, quien en los últimos días, y coincidiendo con que el país rebasó el millón de personas contagiadas y los cien mil fallecimientos reconocidos, salió a hacer lo que ha sido su especialidad desde que fue nombrado el paladín de la 4T para “domar la pandemia”, generar pleito, contribuir a la desinformación, distraer con cuestiones secundarias, y lo que quizá sea lo peor de todo: minimizar el impacto del virus en nuestra sociedad y en nuestra generación. Llámenos románticos, pero como lo mencionábamos párrafos arriba, una sola vida perdida, una persona con la salud minada probablemente por el resto de su existencia, ya es una muestra del fracaso del sistema de salud oficial y por extensión del conjunto del gobierno de la República, para enfrentar y resolver un problema colectivo que es su responsabilidad, y al cual le ha dado la salida fácil, muy a su estilo político, de darle el tratamiento de complot, por increíble que pueda parecer, la han visto desde el principio como un invento de “sus adversarios” para que su proyecto de nación fracase. Los optimistas entre ellos, del grupo de los duros, han dicho y lo más increíble de todo, han regresado a reiterar que la pandemia les vino como anillo al dedo, en cuanto que como si el virus sirviera al lopezobradorismo, ha permitido acabar con la corrupción de administraciones anteriores… para sustituirla con la incompetencia más flagrante.

El Dr. Gatell para variar se hizo bolas con los datos que se supondría maneja al dedillo: bueno sí, México ha tenido un índice de letalidad del 10%… el más alto del planeta, aun en comparación con países mucho más pobres que nosotros, ah, pero eso no es relevante, dice el funcionario que puede ver caer a sus compatriotas, a sus pacientes en el sentido más amplio de la palabra, y mucho menos debe ser tomado en cuenta como medida del éxito o fracaso de las políticas sanitarias de un régimen que presume le está dando clases al mundo, al universo entero, de cómo se deben hacer las cosas en materia de manejo de enfermedades altamente contagiosas, para acabarla, y barrérsela, Don Gatell dice que lo del 10% no es grave, porque no es un número que se sostenga, sí hubo semanas, diríamos nosotros que muchas, en que se tuvo esa proporción de letalidad, pero que esta ahora ronda el 3.3%, y eso es lo que lleva al gobierno federal a presumir su control sobre la pandemia. Usted sabrá si le cree, o no, a este folclórico señor, digna imagen de este folclórico régimen.

Pero aterrizando en nuestra realidad inmediata, se ha dicho, se ha filtrado, se ha publicado en redes y en medios serios, que las áreas COVID de algunos hospitales en el estado de Coahuila están saturados, que en la puerta rechazan a los pacientes, derechohabientes o no, por falta de espacio para hospitalizarlos, de lo que se desprenden dos secuelas, una que raya en las teorías conspiracionistas, que dice que no, que los centros de salud no están saturados, pero que mantienen las camas vacías precisamente para que el gobierno federal pueda seguir diciendo que no se ha llegado al extremo de total ocupación, y que mientras no ocurra, se tiene, otra vez, el control; la otra es todavía más dramática, y sobre ella se ha señalado sobre todo a los hospitales del ISSSTE y también aunque menos, al IMSS: que ante la saturación contenida en un 30% más o menos, ante la falta de respiradores, la escasez de medicamentos (no los curativos que no los hay, sino los paliativos), y otros materiales, los médicos y los administradores se han arrogado el derecho de decidir a quién se atiende, y a quién no, o más puntualmente, a quien se interna y a quien se despacha para su casa, o a donde decida esperar su suerte… buena o mala, lo que le toque.

¿Se imagina?, toda la vida creyéndose derechohabiente del ISSSTE para que a la hora en que lo necesita por razones, literalmente de vida o muerte, en la puerta le digan que no pueden darle entrada?, peor, suponiendo que lo dejen entrar, y ya que siente que lo van a atender, le salgan con que vuelva a ponerse los zapatos, porque no hay espacio ni personal ni nada para atenderlo. Es el peor de los escenarios posibles para muchos trabajadores y jubilados de gobierno, que a la hora de los trancazos se ponga a un médico, que ok, o a un burócrata, que no ok, a que tome la decisión de que se haga el esfuerzo… es un decir… de salvarle la vida, o de plano lo dejen a lo que el destino le tenga deparado.

Esto está lejos de acabarse, lo del COVID, y lo del pésimo manejo de quienes deberían empeñarse en salvar vidas, también. Amén de recomendarle lo de siempre y lo de todos, que se cuide, solo le deseamos que no tenga que caer en manos de quienes lo van a dejar caer, pero al piso… y afuera del hospital.

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