fbpx

Jericó, un gobierno de balas y de sangre

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Jericó Abramo intentó ser nuevamente alcalde de Saltillo, sin pensar en que la gente recuerda su gobierno de abusos, violencia y crímenes.

Jericó Abramo Masso fue presidente municipal de Saltillo del 1 de enero del año 2010 al 31 de diciembre del 2013, y en días pasados renunció al cargo de Secretario de Vivienda y Ordenamiento Territorial del Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza, donde formaba parte del gabinete legal del gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís, manifestando su interés y su intención de contender por la candidatura de su partido, el Revolucionario Institucional, para ocupar de nueva cuenta la posición de alcalde.

Muy a su estilito, entre atrabancado y atrabiliario, Jericó intentó romper con el delicado equilibrio de fuerzas al interior del PRI, mantenido así por el gobernador Riquelme, que lo que menos necesita es un incendio en la cocina propiciado por el más malcriado de los niños de la casa. ¿Por qué decimos esto?, porque a querer o no, las cosas se alinearan en favor de José María Fraustro Siller, dejando fuera, de pasadita, a Manolo Jiménez Salinas quien corría como candidato a la reelección, cosa que, de haber sucedido, los comicios serían de mero trámite democrático para el Partido Revolucionario Institucional para conservar la presidencia municipal de la capital del estado de Coahuila.

Las cosas cambiaron de pronto con todo y que, aún, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación estaría ratificando en los próximos días la sentencia que permite la elección consecutiva para el caso de los alcaldes coahuilenses que también ocuparon la presidencia municipal por el período extraordinario de un año, con lo cual Manolo pudo tener la vía libre por el PRI, con el casi seguro visto bueno del gobernador, quien se habría encargado ya de poner quietos a los otros distinguidos priístas que han estado trabajando a las calladas, o no tanto, su candidatura. Pero Riquelme no quiso exponerse a que el tribunal decidiera que no se puede la reelección, ah entonces sí, no hay nada para nadie, y es el disparo de salida para que cada quien haga lo que a su criterio sea necesario para hacerse de la nominación del PRI.

Con todo y que Manolo ya no irá por la reelección y que Jericó se conformó con una diputación federal (candidatura), cuando uno pone en la balanza la administración de Jericó Abramo Maso, comparándola con la de Manolo Jiménez, a quien parecía dispuesto a disputarle la candidatura, valiéndole sorbete la opinión del gobernador y la conveniencia misma del partido y del priísmo coahuilense, salen a relucir demasiados asuntos que la población saltillense pensaba que habían quedado en el pasado, y que la necedad de un muchachote que se niega a madurar, personal y políticamente, amenazó con traer de vuelta.

Comenzando por el principio, Jericó Abramo se parece mucho al actual presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, en eso de fijar compromisos ante los ciudadanos y luego andar diciendo que los cumplieron al 100%. Sí, nada más que hacen compromisos para el sexenio, el cuatrienio o el trienio, mismos que dicen que cumplen en menos de un año, y el resto del tiempo se la pasan en el aburrimiento total.

Si usted recuerda la administración de Jericó, comenzó tumbando caña, aquel programa de empleo temporal fue un exitazo, eso de correr a los vendedores ambulante y semifijos de la Alameda Zaragoza, y otras medidas similares, le atrajeron la inmediata simpatía de la gente. Ah pero… ¿alguien recuerda algo que haya hecho Jericó el último año de su gestión?, de plano dejó de ir a cualquier lado, ni a las colonias, ni a los barrios, ni a los eventos políticos, cuando se dejaba ver, rodeado de una nube de guardaespaldas porque ese es el tamaño del miedo, andaba con una jeta de fastidio, que lo que transmitía era desagrado a todos aquellos con los que se topaba. Compare eso con Manolo, a quien le ha tocado gobernar Saltillo en plena pandemia, no solo no ha bajado el ritmo que tuvo desde el principio, sino que si se puede, todavía lo ha acelerado.

Siguiendo con la comparación, a Jericó nunca le importó enemistarse con los saltillenses, con muchos o con pocos, le valió, yo soy el alcalde, así lo decía, y sus decisiones se imponían por la fuerza, no exageramos en decir que a sangre y fuego, porque también Jericó se parecía como gobernante a Felipe Calderón Hinojosa, ambos gustaban de resolver los problemas a punta de balazos, de muchos balazos y hasta granadazos, si había necesidad.

Aquella administración que comenzó con un eminente carácter social, dando empleo a saltilleros que no lo iban a conseguir en ningún sitio, al rato suspendió el programa de empleo temporal y de paso corrió a algunos cientos de burócratas, todo para tener dinero suficiente para pagarse su juguete favorito, los temibles GROMs, grupo paramilitar que actuó como un auténtico escuadrón de la muerte, sembrando el terror entre los habitantes de Saltillo, que respiraron aliviados cuando Isidro López se negó a seguir manteniendo a esa agrupación que rompió todos los records de violación a los derechos humanos.

Qué comparación con el Saltillo actual. Sí, allí anda un GRS, Grupo de Reacción Sureste, nada más que en vez de actuar como fuerza paramilitar que mata primero y averigua después, ha sido la punta de lanza con la que el alcalde Manolo Jiménez responde a las llamadas de los ciudadanos que presencian un delito en su colonia. Antes que los policías normales, llegan los del GRS, y han sido muchísimos los casos en los que atrapan in fraganti a los perpetradores, algo que no se veía con los GROMs y sus fusiles de asalto. Pero fíjese, de aquella administración que dilapidó el dinero en violencia desmedida implantando como ya dijimos un régimen de terror, a hoy, en que Saltillo según la encuesta nacional de percepción de inseguridad, es de las ciudades en las que se puede vivir más tranquilo ¿más claro lo quiere?

Otra para redondear, allí está lo de la mentada ciclovía, programa costosísimo que impuso Jericó, y que ha sido un fracaso desde el punto de vista su escasa utilización, y en comparación con el perjuicio que causó al cancelar un carril que se usaba para circular o estacionar. Ojo, no es que estemos en contra de la movilidad sustentable, pero no se trata de poner topes de neopreno, facturar decenas de millones, y decir que Saltillo se mueve en bici, había que haber hecho un estudio de qué, cómo, por donde, y que la gente se sintiera segura de subirse en bicicleta, en cambio… con ciclovía es tan peligroso andar en ella que cuando no existía. Allí quedó de herencia de Abramo para estorbo de una ciudad que se ahoga en tráfico, ah y es que todo el circo que armó para ordenar el transporte colectivo, quedó en nada, en cambio mírelo ahora, a las calladas, allí anda, no del primer mundo, pero sin tantos problemas.

Lo que ha de estar pasando es que Jericó, el niñote, se aburre en su casa, añora el que fue su juguete favorito, Saltillo, al que llenó de soldaditos y regó de sangre, no se acuerda de lo aburrido que estaba ya del juguete al final de su administración, actuando con una negligencia que daba vergüenza. Pero la gente compara, la gente sí tiene memoria, y si algo no quiere Saltillo es regresar a un escenario de guerra, y a un dictador que no entiende de razones porque la cabeza nomás no le da para ello.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Powered by WordPress.com. Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: