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PEMEX: EL REGRESO DEL MONOPOLIO

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

En lo que es un retroceso en la política energética nacional, un rompimiento abierto con la reforma energética promovida por Enrique Peña Nieto y aprobada por el Congreso el sexenio pasado, la Secretaría de Energía anunció a finales del año pasado que dejará de otorgar permisos a particulares por veinte años como están ahorita, para restringirlos a solamente cinco años cuando mucho, permisos que concederá a su criterio, solamente si coinciden con la política pública vigente en materia energética, y responden a la situación contingente de seguridad energética del país en ese instante concreto.

A lo mejor en la Secretaría de Energía o en el gobierno de la República tienen la idea de que un negocio en el ramo de los combustibles se puede tratar de la misma forma que si fuera un puesto de pepitas, de aguas de frutas en el mercado o un carrito ambulante de churros. Por supuesto que cada uno de estos cae en la definición más amplia de empresa, de empresa productiva, todas estas requieren de inversión de parte de sus promovientes, sin embargo hay su diferencia, porque mientras que los tres micronegocios mencionados pueden montarse en pocos días, una semana cuando mucho, y comienzan a recuperar la inversión casi inmediatamente, una compañía que entra al mercado energético requiere de inversiones mucho más fuertes, cuya recuperación a veces puede tardarse décadas, son negocios que no se planean sobre las rodillas, y que buscando garantizar hasta donde sea posible la seguridad de la inversión, requieren de un marco jurídico inamovible, de permisos y contratos firmes, sin los cuales prefieren no entrarle, llevándose su dinero a cualquier otro lado.

En su momento criticamos agriamente la reforma energética que promovía Enrique Peña Nieto. En el rubro específico de comercialización de combustibles a usuarios finales, planteaban una apertura a empresarios nacionales e internacionales que, la mera verdad, no era necesaria ni para la empresa productiva del estado Petróleos Mexicanos, pero que se dio para adelante por una variedad de razones que poco tenían que ver con la capacidad de PEMEX de conservar su hegemonía en el mercado. A lo mejor fue por presiones del exterior, las cuales como sabemos, ocurren todo el tiempo, y para una empresa y para un país en permanente crisis económica como México, se entienden como obligación; a lo mejor fue que los grupos de poder en México, públicos y privados, vieron esta como una oportunidad más de hacer suculentos negocios a costa de quitarle mercado a la petrolera mexicana, y ya en una mucho menor probabilidad, había la idea de que en un mercado competido, PEMEX pudiera conservar clientes a fuerza de ofrecer excelente servicio y excelentes productos a precios adecuados, lo cual era difícil dado el odio que siempre tuvimos los mexicanos contra el  monopolio oficial de los combustibles.

Predijimos en aquellos años que PEMEX, que tenía el cien por ciento del mercado de combustibles, podría perder la proporción que fuera, cincuenta, setenta o más por ciento del mercado, a  manos de empresas extranjeras, de aquellas con nombres que uno conoce aunque sea de las películas y de la televisión, pero sobre todo de empresas que aunque no fueran tan conocidas, ofrecieran menores precios que PEMEX, así fueran unos pocos centavos, cada llenada de tanque sería entendida por muchos conductores como una venganza contra las décadas de afrentas y malos tratos de la petrolera. Ocurrió tal cual, Petróleos fue perdiendo cada vez más mercado, ¿Cuánto?, es difícil de saber, pues la información se la guardan muy cuidadosamente, pero nos imaginamos que habrá llegado a tal grado, que el gobierno actual decidió extender su manto protector sobre la otrora paraestatal, a la que está empeñada en rescatar para poder rescatarse a sí mismo con los recursos que pueda luego generar, y es que efectivamente, es triste ver a una empresa que se decía hace años que era de todos los mexicanos, desangrándose miserablemente, ante la incapacidad manifiesta de reinventarse como empresa de mercado, ya no como monopolio.

El acuerdo ya salió publicado en el Diario Oficial, no tardaremos en ver las consecuencias. Por lo pronto las empresas que ya están establecidas en México, que para hacerlo lograron permisos por veinte años, harán lo posible por prorrogarlos, pues su visión de negocios era a largo plazo, nadie se pone a construir infraestructura de almacenamiento, de distribución y de venta en predios comprados o rentados, pensando en que apenas saldrá tablas con el dinero invertido, ahora se toparán, bueno cuando se venza el permiso y dependiendo cómo estén las cosas en este país tan veleta que es México, con que la renovación no será indefinida, sino acotada, bastante acotada y dependiendo de una nebulosa política energética nacional, que todavía está por verse si se establece y si tiene bases para operar. Situación incómoda, pero no imposible de sobrellevar.

Malo para aquellos que quisieran incursionar por primera vez en el mercado de los combustibles, a ellos ninguna gracia les hará que la opción sea de obtener permiso máximo por cinco años… que lo pidan por cinco y se los otorguen por uno, por un año, en esas condiciones mejor que les digan que no lisa y llanamente.

La situación que se plantea es simple. A quienes tienen permisos por veinte años se supone que no se les revocarán, al menos no se ha dicho nada hasta el momento, y no habrá nuevos permisos, con lo que el crecimiento del mercado podrá ser cubierto solamente por Petróleos Mexicanos, en lo que es ni más ni menos que una vuelta al antiguo monopolio, bajo la protección y auspicio del gobierno, y eso si en el 2024 no hay un cambio en la dirección del viento, que podría ocurrir.

Todo el extraño asunto pende de un hilo. Para empezar la mayor parte de la gasolina que se expende en México proviene de proveedores internacionales, para más señas de Estados Unidos. De la regular como el 90%, y de la Premium el 99% o ya el 100. Si la importan particulares o la importa PEMEX, es combustible que viene de fuera, yo no me pelearía con el que me surte, pero bueno, la 4T piensa diferente.

Otra, todo el proyecto se sustenta en que se cumpla la promesa presidencial de que la refinería de dos Bocas estará operando a pleno empleo en el 2023, algo que está totalmente en el limbo, una refinería que se está haciendo en un sitio inadecuado, aplicando una inversión por debajo de la especificación internacional, a matacaballo, habrá que ver si funciona. Si no, pues habrá que replantear todo el asunto de los permisos.

Y la cereza del pastel, que nunca debe faltar. En el acuerdo de la Secretaría de Energía se hace referencia a los permisos para importación y exportación de combustibles… ¿qué combustibles exporta México, si no puede producir ni lo que consume localmente?

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