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EL RIESGO PARREÑO

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Obras «millonarias» como de la fotografía, han servido para que estos dos morenistas, el delegado federal y el alcalde de Parras se embolsen el dinero del pueblo.

Allí le va una de esas analogías horribles, siempre cuestionables pero que también tienen lo suyo de ilustrativas. Imagínese que es uno de esos seres humanos, por lo demás educados, que pasaron por una o varias escuelas donde habrá aprendido los rudimentos de las ciencias de la salud, uno de esos formados en familia, donde a punta de coscorrones le instruyeron lo más elemental de la higiene, una persona normal, de esas que a lo largo de su infancia eran viciosos de los dulces y poco amigo del cepillado de dientes, por lo que tuvo que hacer no una, muchas pesadillescas, espeluznantes y bastante dolorosas visitas a uno o varios dentistas.

Bueno, pues ya con ese recuerdo, mírese en el espejo ¿es usted de los que no se lava los dientes tres veces al día, como mínimo, o como debe ser, cada vez que consume alimentos?, ¿es usted de esos que pese a que lo ve en los comerciales de televisión, que recibe consejos de su odontólogo de cabecera (y mire que eso es para espantarle el sueño a cualquiera) no utiliza el hilo dental para retirar el sarro y los residuos de alimentos que pudieran haber quedado luego de sus opíparas bacanales alimenticias?, ¿es usted de los que, aun a sabiendas que la dentición es como la máquina de un carro, que debe ir a consulta de su mecánico o de su estomatólogo cada seis meses o cada diez mil mordidas, lo que ocurra primero, solo va cuando comienza a dolerle algo?, y ya para hablar de cosas de machos y machas en estos tiempos de equidad de género: ¿es de los que no hace caso del sangrado de la encías, de que  aun doliéndole un diente se lo cura con un parecetamol, con un ibuprofeno, y si es de los que cree en la medicina tradicional, con un clavo de olor para “adormecer el pedazo”, o si es de los consumistas “new age”, se unta un aceitito o pone su vaporizador con un par de gotas del mismo?

Bueno, pues va la pregunta incómoda ¿qué es lo primero que hace un cardiólogo que le ha detectado una larga cadena de vicios alimenticios, de falta de ejercicio, de exceso de trabajo y de estrés, que milagrosamente no han dado todavía con su osamenta en el cementerio, antes de abrirlo en canal para ver “qué se puede hacer” todavía por usted?, pues siguiendo nuestra línea de pensamiento hasta aquí, la respuesta es muy sencilla: mandarlo de volada a que se arregle la boca. Quienes han pasado por ese duro trance lo saben, lo saben, porque se los han dicho especialistas, o se los ha contado el amigo de un amigo: la mala dentición es terriblemente riesgosa para una operación de corazón, ¿por qué?, bueno, lo obvio, porque se trata de un mismo cuerpo, y si hay algo mal en él, hay una alta probabilidad de que incida en el resultado de una intervención quirúrgica, pero lo no tan obvio, sí, existe una muy elevada correlación entre las enfermedades bucales, caries, infecciones, y los resultados positivos o negativos de una operación de corazón. Como lo confirman muchas necropsias… el paciente se murió porque una bacteria se le alojó en el corazón recién intervenido, bacteria que adivinó usted, venía de la boca, donde tampoco tenía que estar en un primer momento, si el ciudadano se hubiera lavado la boca tres veces al día, usado su hilo dental, ido con su dentista, lo que usted ya sabe.

Ahora… vámonos a Parras.

Todo gobierno comienza como una esperanza de cambio, de cambio para mejor, respecto de los gobiernos que lo precedieron.

No es extraño en nuestro municipio, como ya tampoco a nivel de estados y de la propia nación, que la gente emita un voto de castigo, no hacia personas, sino hacia partidos políticos que postularon a gobiernos que salieron balines… sufragando por cualquier otra opción, con tal de que los aleje de lo malo conocido.

 El caso de Parras de la Fuente es paradigmático, luego de gobiernos municipales que rayaron en lo desastroso, cada uno con su propio sello, los parrenses decidieron darle el voto a un partido nuevo en la escena política estatal y municipal, y a un candidato que como todos los del Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, venía montado en la personalidad de Andrés Manuel López Obrador, gran capitalizador del descontento popular de los mexicanos respecto de los gobiernos priístas y panistas, que tanto le habían quedado a deber a México y a los mexicanos.

Todo comenzó con esa aura de esperanza en que la gestión de Ramiro Pérez Arciniega sería una de trabajo, de respeto a las fuerzas políticas, de interacción constante con la población, de superación de lo que Parras ya tenía de bueno, y de hacer realidad el remoquete de pueblo mágico, ya no como una estrellita ensalivada puesta por la burocracia federal, sino porque realmente Parras fuera algo mágico para sus habitantes y para quienes hacen favor de visitarlo.

Nada, al mes o menos, Ramiro y su equipo, o más bien, su pandilla, ya tenía armado un modelo de negocios para esquilmar las arcas municipales de todo el dinero que les fuera posible. Ya sabe, en enero hay que cobrar el impuesto predial, ¿y qué mejor manera de hacerse de un buen billete que “condonar” el pago de este impuesto a causantes mayores, a cambio de un moche?

Desde aquel primer mes del 2019 era un secreto a gritos que los ramiristas habían llegado a arrasar con lo que pudieran. Los informes salían de la tesorería, llegaban a la contraloría, llegaban al cabildo… donde se comenzó a armar expediente. Se llega, obvio, el momento de enterar de los movimientos financieros a la Auditoría Superior del Estado, ya con aquellas irregularidades documentadas, y como en el caso del dentista que ve una manchita, pero todavía no considera necesario extirpar la carie, a ver si el diente reacciona y se cura solo… ajá.

Entre aquel primer mes del 2019 y el día de hoy, ha ocurrido en Parras mucho, demasiado de lo que nos hemos enterado, trácalas, abusos de confianza, raterías, excesos de poder, negocios de la camarilla del alcalde, escándalos de faldas, y lo que más importa: afectación a las funciones gubernamentales, para las cuales nunca hay dinero y menos todavía voluntad de realizarlas por una administración que vive para servirse a sí misma, para lo cual es capaz de lo visto recientemente, pretender destituir autoridades electas, con lo que la problemática parreña ya llegó al extremo de ventilarse en tribunales, que hacen en nuestra analogía la parte del internista que amablemente sugiere, eh, arréglese esa dentadura, antes que comience a darle problemas de verdad.

Mientras, el cardiólogo, ha de ser de la Clínica del Magisterio de la Sección 38, se toma las cosas con toda la calma, ni atiende al paciente, ni lo conmina a corregir su forma de vida disipada, ni le pone un ultimátum de que o cambia o se lo lleva Pifas, nada.

Lo de Parras comenzó con una manchita negra, que podía ser caries o no, con desidia para atenderse, con desinterés de quienes podían hacer algo, y bueno, hemos llegado al momento de pasar al quirófano, ni que decir que con esa boca podrida, el pronóstico no es muy optimista que digamos, capaz que se nos muere el paciente en la mesa, mientras el médico está contando chascarrillos a sus ayudantes.

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