Parras: a horas de la catástrofe

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

La expresión Capacidad de Maniobra tiene su origen en el ámbito militar. Es de esos conceptos que cualquier ciudadano que ha recibido una dosis entre mediana y masiva de películas de guerra y programas policiacos, siente que tiene habilidad innata no solamente de comprenderlo, sino de hacerlo propio, y normar su existencia conforme a los más estrictos, y por supuesto efectivos, principios de la estrategia castrense.

Eso piensa la gente que está afuera del ejército, porque la que está adentro le tiene un lugarcito muy especial a la expresión capacidad de maniobra, con la que se suele referir más a lo que no se puede hacer, por exceder los límites de lo que se alcanza a lograr con los recursos disponibles, agotados los cuales todo cae en el nebuloso terreno de la incertidumbre, allí donde se construyen los héroes y las leyendas, de gente que hace lo que simple y llanamente es imposible.

Pero así como uno en lo individual se siente una mezcla de Robocop con Soldado Universal, y que tiene a su disposición más divisiones Panzer que el mariscal Rommel en su mejor momento, así cuando uno se vuelve burócrata o gobernante, se siente que todo lo puede, que con la secretaria y los dos auxiliares, por lo menos dos de entre todos, sindicalizados, con eso logrará lo que ninguno de sus antecesores en el cargo, y no solamente ese acto modesto que conseguirá en 15 minutos (¿le suene a alguien?), sino que sobre eso construirá una exitosa carrera política que lo proyectará al mismísimo cielo, donde no hay límites para un hombre, sobre todo hombres, ambiciosos y decididos.

Allí entra también la capacidad de maniobra. A cada jefe de oficina pública, de las de primera línea o de las de última, anualmente se les dice que disponen de equis cantidad de dinero en calidad de presupuesto de operación. Los recursos humanos, materiales, tecnológicos, más el dinero que se les asigna, y órale, pónganse a jalar en lo que les toca. A ojo de burócrata, lo que le asignan a un área determinada ni remotamente es suficiente para el tamaño de los problemas que tiene a su cargo resolver, pero como lo importante es cuidar el hueso y usarlo de trampolín, ni de relajo va a renunciar por falta de recursos.

Visto así, entre los gastos fijos, los irreductibles, los imponderables, los recortes, que sobre todo en este sexenio han sido el pan birlado de cada día, la capacidad de maniobra que antes representaba, digamos un diez por ciento del total de presupuesto para proyectos, se ha ido reduciendo a poco más que nada. Pero como los políticos piensan que sería una tontería, casi un suicidio dejar pasar una oportunidad de proyección, por el simple hecho de que no hay dinero, así que empieza a echar mano de otras estratagemas, que no estrategias, con tal de que parezca que hace algo, por más que en la práctica esté perjudicando la mismísima capacidad de trabajar de su área de responsabilidad.

Es aquí cuando comienzan las transferencias entre partidas, el recortar aquí para gastar allá, el comprar y utilizar productos por debajo de especificación, entre otras muchas posibles, gracias a las cuales se libera algo, mucho de recurso, con el cual ahora sí, a darse la gran vida, y a jugar a la política, por más que las dependencias a su muy poco digno cargo no tengan ni lápices para escribir ni papel sobre el qué escribir, en un vicio que ha perjudicado a los gobernados durante décadas.
Para no andarnos por las ramas, hablemos del caso más lastimoso en la escena política coahuilense, el republicano ayuntamiento de Parras de la Fuente, donde el presidente municipal Ramiro Pérez Arciniega, muy al estilo del partido que lo llevó al poder, el Movimiento de Regeneración Nacional, ha hecho del presupuesto del municipio lo que ha querido, llevando los abusos al nivel de escándalo.

Gracias al gusto de Ramiro de no lavar la ropa sucia en casa, sino por el contrario, ventilar los asuntos más pedestres de la administración municipal en los tribunales estatales y federales, México entero se ha dado cuenta de lo que pasa en el otrora pueblo mágico. Que tampoco vamos a decir que les importe mayormente, sino que oye la gente las cosas que están en el ambiente, pero algo queda.

El último de tantos detalles que se han dado a conocer de la escabrosa administración de Parras, es que al alcalde le dieron un ultimátum, el Tribunal Electoral del Estado de Coahuila de Zaragoza le ordena al ciudadano presidente municipal restituir en sus cargos y funciones a los integrantes del cabildo que en un acto de soberbia… y también de interés político, económico y para sus intereses particulares, destituyó a principios del año.

El tribunal no se conformó con darle el ‘manazo’ y ordenarle a Ramiro que dejara las cosas como estaban, sino que para que no quedara ninguna duda de que conocen hasta el fondo sus tracalerías, le instruye para que les restituya sus ingresos como parte de la administración municipal, y que de paso les cubra los salarios caídos y las prestaciones a las que tienen derecho como empleados municipales que son.

¿Qué pasa entonces?, pues que Ramiro se topa con que abusó de su capacidad de maniobra, si había corrido a los regidores, era para que el dinero que se “ahorró” de sus remuneraciones se hubiera conservado en las cuentas de la tesorería, en espera de un resolutivo judicial que tenía que ocurrir, por el simple hecho de que tenía que ocurrir, tarde o temprano, como finalmente sucedió. Pero si se lo platicamos no nos lo va a creer.

A lo mejor pensando que no hay poder sobre el de un alcalde que valga, y de un alcalde de MORENA para más señas, Ramiro olímpicamente se gastó el dinero que de origen estaba presupuestado para la retribución quincenal del cuerpo edilicio. ¿En qué?, en nada que los ciudadanos noten como mejoras en lo servicios o la imagen del municipio, en vehículos, en gastos de representación, en viajes, en pitos y flautas, dirían los clásicos.

Llega la resolución en forma de orden terminante: o cumple con la restitución en sus puestos y el pago inmediato de lo que se le debe a cada regidor… o el señor alcalde enfrenta la posibilidad de un proceso por desacato, que podría llevarlo a prisión, no sin antes pase por la vergüenza de una destitución fulminante.

Y uno pensaría ¿pues qué Parras, el Oasis del Desierto, el Pueblo Mágico, no tiene un par de millones de pesos para saldar una deuda que ni siquiera existe o tiene razón de existir? pues ese dinero estaba allí, formaba parte del presupuesto de egresos del municipio, pero del que Ramiro dispuso ya sin nadie que lo controlara, pues había destituido al órgano autónomo de control, pues con la tesorería y la contraloría no se puede contar.

Muy al principio Pérez Arciniega tenía su capacidad de maniobra, limitada pero íntegra, algo podía hacer con ella, pero se le hizo poco, y de allí el saqueo hasta de las partidas intocables, entre ellas la sagrada, sin exagerar, de los salarios.
Ahora lo ven por allí, tronándose los dedos, viendo de donde sacar un dinero que nunca se debió perder, como tampoco se debió perder la vergüenza y menos el respeto a los gobernados. Cúmplase ahora lo que tiene que suceder.

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