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Amores tóxicos, borrachos y bares, van de la mano de las canciones de José José

PAPELERÍA EN TRÁMITE…

Por Sergio Alvizo.-

Hace días platicaba con mi buen amigo Marino González, mejor conocido en los bajos mundos como “el Chaparrito”, quien por cierto está trabajando en un libro muy interesante sobre la fiesta brava; ese día al calor de un buen tequila y como telón de fondo y premonitorio a nuestras vidas, un hombre de avanzada edad lloraba. El buen hombre rompía en llanto al tararear los versos de la canción Desesperado, que fue compuesta por el gran compositor Rafael Pérez-Botija en 1982:

Vuelve

Aunque vengas de Dios sabe donde aquí esta tú casa

Aunque te hayan tocado mil manos para mí es igual

Mi amigo el Chaparrito decía: “el tema de la canción hoy lo bautizarían como el de una relación tóxica”. La canción describe un grado de desprendimiento del amor propio y rebajarse al pedirle al amor de su vida que vuelva aunque te hallas manchado de todo, pero todo es todo. Espero darme a entender. Incluso no le importa si ha pecado con medio circo, la mujer barbuda y todos los animales. ¿Apoco no es la canción de amor tóxico de nuestra época?, me preguntó afablemente mi amigo Marino.

Y creo que todos los mexicanos de cierta edad llevamos un poco de José José en nuestro ADN, incluso me hizo recordar el paso 12 del Al-Anon, “habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otras personas, y practicar estos principios en todas nuestras acciones”.

Sin pretender entrar en controversias con los alcohólicos anónimos y, por supuesto, aislando los vicios del Príncipe.

Lo digo porque todos al menos una vez despertamos de un letargo de pendejez con algún mal de amores. Y después de ahí, intentamos comunicar el mensaje del mal de amores a otros gavilanes que pasan siendo palomas.

Durante la plática alegre en el “Bar Avenida”, donde sirven unas albóndigas sabrosas, con una atención de primera y trato ameno, mi amigo el Chaparrito, quien ha llevado una vida agitada en el departamento de amores, aseguraba con esa labia providencial “que las canciones son parte de la vida de cada uno, como si fuera una vieja radiola que se programa de acuerdo a la situación que vivimos”.

Y el Chaparrito continuaba su perorata con el alcohol bulléndole la sangre: “la canción Soy así me representa, porque si algo me ha enseñado José, es a nunca traicionar mis ideales”. Y cerró los ojos, dándole un hondo trago a su cerveza con ese brillo “josejosesco” que todos los borrachos bohemios iluminan las cantinas.

Yo sé que no he nacido para rey

Ni para príncipe

Tú quieres admirarme

Te has confundido

No sirvo para estar en un altar

Ni ser tu ídolo.

Las canciones de José José se han incrustado en la vida, en el amor y en las mujeres que hemos conocido a lo largo de este viaje de música y pasiones. La relación entre el alcohol y la música van de la mano, por eso desconfío de los artistas abstemios. ¡Salud!

Por ahí nos encontraremos algún día por las cantinas de esta ciudad y si ven a mi compadre Chaparrito, avísenle qué lo está esperando su mujer.

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