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El marrullero Ancira

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

¿Se acuerda de Augusto Pinochet? Fue aquel general chileno que en el año 1973 derrocó al gobierno socialista o medio socialista de Salvador Allende, instaurando una de las dictaduras militares más cruentas de los últimos decenios del siglo pasado.

Luego de haber mangoneado el país al más puro estilo ahora sí que neoliberal, siguiendo los patrones recomendados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, para la instalación de lo que se vino a denominar el ‘Modelo Chileno’ que durante años ha sido puesto de ejemplo de que el capitalismo no es tan pernicioso como lo dicen sus detractores, y que sobre todo logró establecer un sistema pensionario que al menos en el papel, satisfacía con creces las expectativas individuales y del país. A nivel de experimento social y económico, el régimen de Pinochet fue más que elogiado, lo que le permitió al dictador un tránsito mucho menos violento que otros colegas suyos en distintos países latinoamericanos, acceder al senado chileno y llevar una vida civil más que tranquila, según muchos inmerecida.

Pues eso, tan bien había armado Pinochet su salida que era intocable, en Chile, porque resultó que cuando fue a España lo pasaron a detener por orden del juez Baltasar Garzón, quien había armado una causa penal en contra de Pinochet por crímenes de lesa humanidad. De repente el poderoso e intocable exdictador se vio detenido, encarcelado y sujeto a proceso, con peligro de terminar sus días en una mazmorra española.

Ni que decir que medio planeta siguió con alegría, curiosidad, morbo o una combinación de ellos, la aventura legal de Pinochet. Mucha gente en el mundo pudo presenciar el deterioro del general, de un hombre mayor pero en plenitud a un anciano decrépito. Obvio hubo quienes pidieron piedad para el viejo, tachando a quien luego se hizo conocido de los coahuilenses por el caso de Humberto  Moreira, Garzón de cruel e inhumano. Total que el juez tuvo que ceder a la presión mundial y soltó a Pinochet, quien nomás bajarse del avión en Santiago… recuperó el habla, la lucidez, todo. Esta fue una de las marrullerías más sonadas de nuestra  época, como el dictador logró engañar al juez más hacha y a medio mundo.

Bueno pues si esa le sorprendió, la de Alonso Ancira Elizondo no le pide nada. Todos sabemos más o menos como ha estado el asunto de Altos Hornos de México, la más grande empresa siderúrgica del país, con mucho la más importante de la región centro de Coahuila y uno de los eternos problemas de las empresas que fueron de gobierno y pasaron a la iniciativa privada sin ningún beneficio real para el estado mexicano ni para el país.

Ancira fue seleccionado entre los enemigos  favoritos del presidente Andrés Manuel López Obrador, para hacer ejemplo y escarnio  del vínculo de corrupción entre los dueños del poder económico y del poder político.

Lo detuvieron en Mallorca, habiendo orden de aprehensión internacional en su contra girada por la Fiscalía General de la República. Estuvo preso cosa de un año y finalmente fue extraditado a México, donde… en vez de seguirle proceso que se anticipaba larguísimo y muy complicado, se negoció que si restituia el daño ocasionado a las arcas públicas, estimado por el propio presidente en 216 millones de dólares, y vendiendo su participación en AHMSA quedaría libre para hacer de su vida lo que quisiera.

Se supone, todos nos fuimos con la finta, que el día en que Ancira salió del reclusorio, habría pagado si no los 216 millones, por lo menos una buena parte además de una fianza, por aquello de la sana y razonable desconfianza de la justicia en los procesados. Y… pues no.

A fines de la semana pasada nos enteramos que Ancira ni pagó, desconoció el acuerdo de restitución, y viendo que el negocio del acero promete un boom para los próximos meses y años, decidió echar para atrás la venta de Altos Hornos, dejando a la FGR, al gobierno federal como torpes, ingenuos, inocentes y quien sabe que más, pero nada bueno.

Los casos de Pinochet y Ancira se parecen bastante. Ni que decir que lo más granadito de la justicia de dos países intervinieron para que los señalados como culpables, fueran procesados, sentenciados y purgaran la pena correspondiente. Pues los dos, cada uno por su lado, se las ingenió para burlar abogados, fiscales, jueces, políticos y gobernantes, además con una elegancia suprema.

No los estamos encomiando, cada uno por su lado fue uno y es el otro, criminales, pero en su momento Pinochet y ahora Ancira han hecho unas faenas fenomenales.

Aterrizando en Coahuila, Monclova que se sentía ya encarrilada para liberarse del cacicazgo que tanto perjuicio ha causado en todos estos años, recibió un baldazo de agua helada al enterarse que ni se vende AHMSA, ni el gobierno federal le perdonará nada, ni vendrá nadie a rescatarla. Ni siquiera se puede decir que todo queda igual, sino mucho peor.

Para acabarla, ni crea que este escape maestro será la última marrulleria de Ancira, todavía tiene mucho daño que hacer, y lo hará, no lo dude.

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