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El PAN, un desastre sin final

Por: J. Alfredo Reyes.-

Son muchas las voces que han comentado el desastre que vive el Partido Acción Nacional (PAN) después de haber llegado al poder en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Un régimen al que Jacobo Zabludovsky con mucho ingenio bautizó como la “Docena PÁNica”. Doce años miserablemente perdidos sin concretar una verdadera transición política y que para el PAN siempre tendrá ese amargo sabor que deriva de las grandes oportunidades perdidas, simplemente porque el poder los hizo iguales, los corrompió, el dinero público los pudrió.

Vea usted la decadencia total en la que han caído los panistas. Desde una peripatética Lilly Téllez cuya estupidez nos hace admirar con más justificación a esa asna que le habla con razones al necio profeta Balaam en el Pentateuco hasta el otrora respetado “jefe” Diego, cuya diaria verborrea en contra de AMLO nos hace comprender que ya no es la palabra de un hombre la que gana o pierde valor, sino que es ese hombre el que ya no vale mucho, casi nada, al caer en las argucias de un presidente provocador.

Y si a nivel nacional los panistas no son más que ripio, cascajo, el escombro de una clase política que fue ejemplo de pundonor, decencia y gallardía, hoy, esos panistas representados por los mal llamados senadores de la República, los que se unieron al fanatismo de Vox, son el mejor ejemplo de esa decadencia moral de un partido que dejó atrás el alto valor de las posiciones doctrinales de don Efraín González Luna, fundador espiritual de un partido político que nada tenía que ver con el fascismo, con las concertacesiones dolosas, ni compromisos oprobiosos como la firma de la “Carta de Madrid”, suscrita por la gamberra Téllez y demás estúpidos tardomacartistas.

Si bien es cierto que don Manuel Gómez Morín tenía rasgos muy conservadores también es cierto que nunca vaciló al ser secretario particular de un socialista como el general Salvador Alvarado, ser abogado de la embajada soviética, en dar la espalda a la guerra cristera y en rechazar tajantemente la adhesión del PAN a la Democracia Cristiana.

Lo mismo don Efraín González Luna, el fundador doctrinario del PAN que, siendo un ferviente católico rechazó al sinarquismo fascista y a la ultraderecha católica dentro del PAN. Su hijo, don Efraín González Morfín tuvo el acierto de abrazar a la “iglesia de los pobres”, una especie de izquierda católica contraria a la Democracia Cristiana. Por eso y más Morfín fue apodado el “jesuítico marxista”, siendo que en realidad fue un gran intelectual impulsor del “solidarismo”, como Aldo Moro y su “compromesso storico”, aquel mártir de la Democracia Cristiana sacrificado por fanáticos de su propio partido en Italia.

Felipe Calderón Hinojosa, un hombre que arrastra en su bagaje político el “haiga sido como haiga sido”, vil personaje que añora ser la versión mexica de Álvaro Uribe, fue el que siendo presidente nacional del PAN adhirió a este partido a la Democracia Cristiana, un ente creado en la Guerra Fría para combatir el avance del comunismo, ese fantasma que aún asusta a los macartistas vernáculos.

Y si eso pasa con el panismo nacional es lamentable el estado que guarda el panismo local, con escasas figuras rescatables y que el resto jamás aceptará que más les valdría un final con desastre que un desastre sin final.

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