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Home Depot nos hace los mandados

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Saltillo ha presumido durante sus buenos  cien años, de ser la Atenas de México. Dice la leyenda que el autor de tan elevado calificativo fue ni más ni menos que José Vasconcelos, intelectual que fue secretario de educación y aspirante a presidente de la república, quien  en campaña anduvo poniendo lemas, membretes, motes entre burlones y serios, que tuvieron la cualidad de ser tan enredados y esotéricos  que a un siglo, no alcanzamos a dilucidar si era chiste o verdad, solo recordemos lo de que donde comienza la carne asada se acaba la cultura, aplicable del  Trópico de Cáncer para arriba, Vasconcelos en acción.

Pero no. Saltillo no es la Atenas de México, es la ciudad, metrópoli o aldea como le llamaba El tal Rossas de las ferreterías.

Sí, hay como en todos lados montones de negocios, agrupados para hacerse la competencia mutuamente, según decía el borrachales de Memo González, que si pones una pollería y te comienza a ir bien, no te ponen un negocio de pollos para que te quite la clientela, te ponen un criadero de coyotes para que se coma tus pollos. Claro que también hay negocios dispersos por aquí y por allá, por todos lados, sea en colonias pobres o en colonias popoff venidas a menos. Negocios puestos en la cochera de la casa.

 Nada como brincar de la cama al mostrador, o como cuentan que eran los negocios de los españoles, donde recibían a los parientes pobres venidos de la madre patria a hacer la América, que usaban la parte de abajo del mostrador para dormir, vivir por años hasta que podían independizarse. De estos, entre los favoritos están los famosos hoteles de pasión, las misceláneas y las ferreterías.

Es obvio, razonable, que en todo asentamiento humano desde la ranchería más alejada hasta la ciudad que presume de parecer del primer mundo y no del quinto como el resto de México, hay donde comprar clavos, tornillos, pijas y cuanta cosa se requiera para hacer, mejorar, adecuar o componer lo que se necesite. Sí, pero en ningún lado hay tantas ferreterías como en Saltillo.

A lo mejor es pura percepción nuestra, pero mucha gente comparte la apreciación de que hay muchas, demasiadas, que hay más ferreterías per cápita que en otros lados, más por calle, por colonia, por la unidad de medida que elija.

Hay en Saltillo negocios del ramo de gran tradición, respetados desde hace décadas, sus propietarios son hasta admirados, el comercio y la historia de la ciudad se modelaron con los productos allí adquiridos. Así  fue durante años y  más años, y así hubiera continuado hasta que llegó Home Depot, negocio de ferretería al estilo gringo, como si de in supermercado de fierros se tratara.

Noveleros como son los saltilleros,  híjole, salió en verso sin repuesto, la gente de Saltillo se volcó sobre un negocio como no había habido en Saltillo nunca. Cierto, en las tlapalerías de antaño encontraba todo y lo que fuera, además a granel, que se lo envolvían en un cucurucho de papel periódico hasta que llegaron las bolsas de plástico, pero ver un piso de venta de una hectárea o algo así, apantalla a cualquiera y a quien le encanta sentirse en gringolandia, más.

¿Qué importa que una cubeta vacía, de uso general, se la endilguen en 69 pesos, cuando siempre se usaron las que quedaban de la pintura o el impermeabilizante?, estas son naranja del color del negocio y sirve para que la gente vea que somos clientes de Home Depot.

Sí, tiene su utilidad, lo mismo le resuelven su necesidad de madera que de baños, que de cerrajería que de luz, que de jardinería y cuanta cosa, pero… c a r i s i m o.

Para el que compara, de plano va una vez y no regresa, para el que no, si nota que en otros  lados rinde más, mucho más el dinero, y total, da el tarjetazo y a sufrir por meses o años, sin acordarse ni de que compró ni cuando.

Pero donde Home depot se mancha su alma es cuando, además de los precios inflados, tiene su estrategia para pescar clientes, una no muy ética, no muy decente pero muy productiva. Por todos lados en la tienda tienen letreros ofertas, dizque ofertas, con las que los costos al cliente le pueden parecer ya no tan fuertes. Compre dos llévese tres, compre tres y lleve cuatro, precio de mayoreo después de tres unidades, no suena mal… no, hasta que llega a la caja a querer hacerlo bueno, y allí es donde la puerca tuerce el rabo.

Si usted es de los que no se fija lo que paga, no hay problema, ni cuenta se da que se la dejaron ir al precio regular. Si es de los que se fija… enfrentará una o varias de las estrategias que tiene la empresa para birlarle hasta el último centavo.

Desde que la oferta se aplica solo a… que no es lo que usted lleva, que ni el empleado de piso, ni el jefe de turno, ni la gerente, ni nadie le puede hacer bueno el precio que allí está. Que las condiciones son distintas de lo que está en el anuncio, y si amenaza con llevar su caso en ese instante a la Profeco, le contestan con un desplante de soberbia marca diablo,  de que la procuraduría les hace los mandados, que nunca han perdido un caso, que está de su lado…ah y si quiere conocer con quienes está tratando, política del negocio, solo le dan el nombre y nunca el apellido.

¿Cómo la ve? La ferretería de súper lujo es la que peor servicio ofrece a los saltillenses, la que le vende más caro, la que se lo transa si se deja, la que no lo respeta ni como cliente ni como persona.

Cómo extraña uno la ferretería del barrio, ¿pero para que extrañar? Haga como uno, déjeles su mugrero y vaya a la de siempre. Su bolsillo, su hígado y su ciudad se lo agradecerán.

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