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Los Futuros Energéticos

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas Zardoni.-

Los seres humanos primigenios vivían terriblemente condicionados por el entorno. Hasta antes de la domesticación del fuego, que utilizaban principalmente para calentarse, todavía mucho antes de pensar en su utilidad para la preparación de los alimentos que consumían, los grupos humanos tenían un radio de acción limitado por la capacidad de su cuerpo para soportar el frío.

En general los humanos contemporáneos sufrimos incomodidad por las bajas temperaturas, y eso que tenemos toda clase de artilugios para convivir con él, desde ropa hasta calentadores, pasando por tecnologías para el aislamiento térmico. Bueno, pues los fríos de estos años poco tienen que ver con los que soportaron nuestros ancestros durante las últimas glaciaciones, cuando se supone que ocurrió el paso desde el continente asiático al americano a través del congelado estrecho de Bering y las Islas Aleutianas, en parte sí, como dicen los antropólogos, persiguiendo las manadas de animales, pero también como ellos, huyendo del frío intenso, y tanto, que podía congelar y preservar especímenes en perfecto estado de conservación, que solo ahora con el cambio climático comienzan a aparecer en algunas regiones del planeta.

Para nuestra fortuna como especie, el clima comenzó a mejorar, lo que permitió la expansión de los asentamientos humanos a sitios donde cientos o miles de años antes, hubiera sido imposible que vivieran nuestros ancestros.

Ah pero ya con el producto de la caza en forma de alimento y de pieles para cubrirse, y con reservas que parecían inacabables de vegetación seca para poder quemarla y calentarse, el mundo pareció mucho más amigable para la especie humana, que ya no se restringió como en un principio, a habitar en el África originaria.

Salvo las tribus de esquimales que habitaron mucho tiempo en las cercanías del casquete polar ártico, alimentándose exclusivamente de lo que podían cazar de la fauna con la que compartían los desiertos helados, el resto de los humanos ha contado con algunos recursos para hacer llevadera su vida en sitios tan poco hospitalarios.

Aun los indígenas canadienses y los habitantes de los países nórdicos y Siberia, por lo menos tenían acceso a la madera de los árboles, como para poder encender fogatas. Esta capacidad de utilizar los recursos del entorno nos ha permitido extendernos prácticamente a todos los ecosistemas del planeta, llegando a darse una situación que podríamos considerar extraña, el arraigo a espacios que muchos otros consideraríamos inhóspitos, esos grupos de población los tienen sino por ideales, sí como su propio sitio en el mundo.

La historia de la humanidad ha estado marcada, a excepción de esas razas y pueblos especiales por su capacidad de adaptación y su voluntad de sobrevivir, por una lucha dura, no siempre exitosa, contra el frío, y a últimos tiempos cuando se hizo disponible la tecnología, también contra el calor. Antes era por cuestión de estricta supervivencia, ahora lo es más por comodidad, que no es el rasgo más enaltecedor del ser humano, ese gusto por disfrutar de cuanta comodidades existan o pueda existir, mostrándonos además a disgusto con lo que se tiene.

Ni que decir que desde el punto de vista económico, esta búsqueda de comodidad tiene un impacto que se multiplica exponencialmente, si tuviéramos como punto base el consumo de energía indispensable para la sobrevivencia. Como símbolo del dispendio energético nos suelen exhibir fotografías y videos del planeta Tierra visto desde el espacio, los continentes que están de noche, aparecen sin embargo alegremente iluminados, pues nuestra sociedad ha llegado a asociar la luz artificial como emblema de civilización. En esas tomas se aprecia la diferencia entre los países altamente desarrollados y aquellos que lo están menos, que aparecen mucho menos aluzados que los otros, y bueno, ni que decir de las imágenes de Las Vegas, la ciudad que nunca duerme, o de Paris, la ciudad luz, donde el derroche de energía es casi parte de su definición como polos de atracción, o de envidia.

Si pensamos que la energía es tan importante para los seres humanos, repetimos para la sobrevivencia y para todo lo que nos gusta, es interesante preguntarnos ¿cómo es que no hemos puesto mayor interés en garantizar su abastecimiento en las mejores condiciones posibles?, y por esto último estamos queriendo entender que acceder a la energía, suponiendo que hubiera una disponibilidad ilimitada de la misma en el presente y en el futuro indefinido, fuera posible para todos los seres humanos sin ser onerosa.

Recordamos varias novelas de Dickens, de Dumas, de Zola, entre otros autores, en que los habitantes pobres de las ciudades europeas más envidiadas, recorrían las calles recogiendo el carbón que caía de las carretas que lo transportaba a las casas elegantes, las que podían pagar una carga completa del combustible. La gente se moría de frío, aquella que no tenía nada para quemar, la falta de energía constituía un efectivo control de la población, muy ligado a la situación económica de las personas. Queremos pensar que hemos avanzado mucho de aquella época al momento actual, acotando que la población mundial ha aumentado exponencialmente de número, y mucho más en lo relativo a los requerimientos de energía, ahora no concebimos comer alimentos son cocinar, voltee a ver a todos lados, y verá personas permanentemente buscando donde conectar su teléfono celular, aparato sin el cual no es entendible la vida de la actual generación, como probablemente lo será todavía más de las que están por venir.

Para acabarla, perdimos la capacidad de construir viviendas naturalmente adaptadas para soportar el frío o el calor, confiándonos en que habrá siempre energía para accionar los modestos ventiladores, o los mucho más demandantes sistemas de aire acondicionado, cuya operación continua cuesta mucho más de lo que requieren varias familias para satisfacer sus necesidades, todas excepto la de energía, se entiende.

En México el costo de la energía no deja de elevarse, en un reflejo de lo que ocurre en Europa y en otras latitudes. No que la electricidad o la gasolina o el gas hayan sido baratos alguna vez, no, para el nivel de ingresos de los mexicanos, siempre ha significado una parte importante del dinero de que disponen, pero ahora nos acercamos a un punto en el que ya no alcanza para cubrir su costo.

¿Qué nos ha fallado como sociedad para ocuparnos en desarrollar la capacidad para generar toda la energía que requerimos?, ¿o será que hemos incrementado fuera de toda proporción nuestro requerimiento de la misma, al grado que nunca sea suficiente para todos y para todo lo que la queremos usar? La situación es crítica en este momento, pero amenaza ponerse mucho peor en el transcurso de los próximos años sin que se avizoren los grandes proyectos energéticos para que este satisfactor alcance para todos.

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