Advertencia eléctrica

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Por Héctor Barragán.-

En México no hay prisa por sustituir combustibles no renovables. (Foto de La Jornada)

Todo hace mucho tiempo se ventiló la noticia de que el petróleo se acabaría en un plazo cercano, lo que no ha ocurrido pero los industriales del equipo de transporte se dedicaron aceleradamente a desarrollar la tecnología que hiciera caminar a los autos sin ese hidrocarburo, lo que ha avanzado bastante.

Paralelamente se ha buscado la sustitución de combustibles de fuentes renovables, lo que en el mundo ha intensificado los equipos de energía eólica, solar y diversas más, cosa que en México no ha ocurrido.

No solamente se detuvieron prácticamente las inversiones para la generación de electricidad mediante fuentes no fósiles, sino que de hecho no se conoce de trabajos para fabricar los materiales y equipos para explotar la energía eólica, solar y otras, a pesar de que se presume que en este país se cuenta con personal capacitado para eso y más.

Probablemente en un mediano plazo ocurra que los automotores sean eléctricos, conforme la evolución de las principales empresas del ramo. Entonces tendrá que desarrollarse en el país una serie de instalaciones para que carguen energía los autos, pero para entonces se requerirá un incremento considerable en la energía demandada, cuando la característica mexicana es que no se cuenta con recursos financieros y para entonces, quizá ni facilidad para conseguir recursos del exterior.

El endeudamiento mexicano se considera exagerado entre otros criterios, por la elevada carga de los compromisos vigentes, de amortizar (hacer los pagos conforme a su vencimiento cada año) y los intereses y comisiones derivadas de la deuda. La comisión se genera automáticamente cada vez que se adquiera dinero adicional o se renueva el crédito.

De manera que, la gente del dinero, que no es el gobierno, deberá desde luego enfocarse a resolver el problema que se avecina, invertir, investigar, planear, en lugar de estar criticando las medidas gubernamentales encaminadas a mitigar la pobreza extrema, a la que tanto temen, pero debieran respetar en tanto la desocupación y la pobreza traen aparejada la inseguridad, la alta criminalidad y las actividades delincuenciales, se quiera o no.

Se cuenta efectivamente con instalaciones y personal en las universidades, tecnológicos, politécnicos y muchas instituciones y algunas empresas, que en este país no se han coordinado en sus trabajos, a diferencia de lo que hacen otros países, para contar con la tecnología suficiente, la fabricación de maquinaria y equipos.

De lo cual se derivaría la solución de un grave problema, pero se aprendería a solucionar los demás que agobian a este país y sus semejantes, de hecho a la mayor parte de la humanidad.

Es decir, de paso coadyuvarían, como que tienen con que, a resolver problemas no solo económicos, sino humanitarios en general.

Por cierto, es preciso recalcar que los inversionistas nacionales se han rezagado, no en este sexenio, sino desde hace décadas, dejando que la inversión extranjera los supla, pero aumentando la dependencia con el extranjero, que se lleva buena parte del producto del escaso desarrollo de que se han responsabilizado, en la forma de regalías, utilidades, parte de salarios, etc.

Hay que reconocer la importancia de esa inversión que ha obtenido el precario crecimiento de la economía, pero llamar la atención de que al nacional toca la obligación de poner a trabajar su fortuna, como deuda social y por el hecho de que lo importante es que la riqueza creada por la aplicación de sus capitales vaya principalmente en beneficio de su propio país.

Es de aclarar que no es necesario regalar en— puestos, terrenos, exenciones a los extranjeros, que siempre han venido al país y soportado situaciones difíciles, porque su régimen fiscal es más blando que en sus países de origen, les garantiza una parte del mercado, les ahorra fletes, etc. Seguirán llegando porque les conviene, pero hay que vigilar que no se lleven mas de lo que rigurosamente (legalmente)les corresponde, para evitar las costosas experiencias con las petroleras en 1938.

No faltará quien critique algunas de las ideas expresadas, utilizan o inclusive posiciones tan absurdas como  ¿Qué hacer con el petróleo que resultará sin mercado, como irremisiblemente sucederá con el carbón, cuando ambos combustibles son base de una industrialización potencial casi ilimitada?

La petroquímica, como la carboquímica, ofrecen miles de posibilidades en productos económicamente viables, que en el lejano 1962 eran 2.000, pero sin llegar a la tecnología óptima, existen en el mercado con buena demanda desde hace años.

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