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Casa Madero, convirtiendo el agua en sangre

BAILE Y COCHINO

Por Horacio Cárdenas.-

Atribuyen a Winston Churchill aquella frase que dice que los negocios son buenos… mientras solo usted sabe que es bueno lo que está haciendo, en el momento en que se corre la voz de que en la actividad que sea que ha elegido, hay dinero, en ese mismo instante se le ocurre a amigos, enemigos, parientes, pobres, ricos e inversionistas entrarle, algunos copiándole íntegramente, otros innovando, algunos bajándole la calidad y vendiendo más barato, y hasta algunos solamente estorbando. Por eso es por lo que hay que mantener los buenos negocios en secreto.

Los empresarios agrícolas, no los campesinos, de la región, no han leído a Churchill, pero tienen su propia versión del mismo asunto. Tan pronto como les pregunta ¿cómo va el negocio?, de inmediato se sueltan poco menos que a llorar, haga de cuenta que está hablando usted con un hipocondriaco, que se sienten enfermo, grave, hasta de lo que no sabe que tiene instalado en el cuerpo, pues así los productores de papa, de cilantro, de chile, de espárrago: desde arriba de su troca de millón o millón y medio de pesos, le sueltan que los precios están por los suelos, que no les pagan los compradores, que las plagas, que las heladas, que todo y lo que sea, ¿qué es lo que están haciendo, así se trate de un amigazo del alma o hasta de un familiar cercanísimo?, ahuyentando la competencia posible, no vaya a ser que se le ocurra entrarle a su mismo negocio porque le sobran por allí unos centavos, y entonces ni gana él lo que cree que usted gana, y lo que antes ganaba, se vendrá abajo.

Es feo no poder presumir de lo que uno tiene, ¿para qué ser millonario si no puede restregarle en la cara a los demás su éxito?, pero así es la vida.

Bueno, así es la vida en las Europas y en el campo de Saltillo, Arteaga y Ramos Arizpe, porque lo que es en Parras de la Fuente… es al contrario: el huevo hay que cacarearlo, y no nomás localmente para que los infortunados con los que uno convive se mueran de envidia, sino ante todo el mundo, para que vean que acá sí saben hacer negocios, y por “todo el mundo” no estamos usando un genérico agregador, estamos hablando de todo el planeta, y para muestra tiene usted a la famosa y no menos tristemente célebre Casa Madero, que hace pocos días presumía de haber llegado o sobrepasado las mil medallas, los mil premios nacionales e internacionales por la calidad de sus productos, el negocio del vino es uno que se la viven cacareando, y no solamente en los confines del municipio Parreño, sino que al parecer ya contagiaron a otros empresarios agrícolas, de entrarle a una actividad productiva que además de billetes, genera cierto glamour entre los borrachos elegantes, y entre quienes quieren darse aires de “connoisseurs” del jugo de uva destilado.

Ya no sabemos si la iniciativa de la “ruta Dinos y Vinos” fue una estrategia de Turismo del Gobierno de Coahuila, o fue de la iniciativa privada, pero el caso es que ha pegado con tubo, ahora hasta las bodas de la “Ensalada Popof” ensarapada, las hacen en viñedos a precios que dejan en limosna la asistencia al Baile Blanco y Negro del Casino de Saltillo. Ahora las noviecitas gustan de llenar sus costosos vestidos blancos de la tierra del campo coahuilense, que por mucho que esté sembrado de uva cabernet Sauvignon, a la hora que levanta el viento, se llenan de polvo hasta los dientes, todo porque está de moda ir a pasearse por las hectáreas y más hectáreas sembradas de vid.

Pareciera que le atinaron con esto de redescubrir la vocación vitivinícola del sureste de Coahuila, que cumple con el requisito geográfico de hallarse en La Franja de la Uva, salvo por un pequeñísimo detalle, de esos que nunca faltan para afear hasta el sueño más lindo: no hay agua para regar tanta planta de vid. Mientras que los inversionistas de Saltillo, Arteaga y más allá se congratulan de esta nueva, glamorosa y productiva manera de multiplicar sus millones, no se les ocurre voltear a ver la situación apremiante que ya se vive en Parras de la Fuente, curiosamente, la cuna de este proyecto, que allí está cerca de llegar al colapso.

No, no es exageración. La cantidad de agua de que disponía Parras de la Fuente todavía hace un siglo, ha mermado significativamente, al grado de que en este año que está por concluir se han registrado conflictos y enfrentamientos entre los ejidos y los grandes empresarios por el líquido, conflictos que amenazan con romper el frágil equilibrio social y económico que se vive en lo que desde fuera se aprecia como un pueblo mágico, pero que al interior está que revienta, y no es una mera exageración.

Usted sabe cómo son esas cosas, los empresarios se hablan de tú con los políticos, y al calor de los buenos alcoholes, de los mejores tabacos y de las cuidadas viandas para no afectar su delicada salud, negocian lo que sea. Y pues eso es precisamente lo que está ocurriendo en Parras de la Fuente, que los empresarios de la uva, y en menor medida también los nogaleros, aunque a veces son los mismos, andan queriendo presionar a las autoridades estatales y federales para favorecerlos a ellos en el reparto de la cada vez mas escasa agua, por sobre los ejidatarios y aun por sobre la población en general, los habitantes de Parras, el pueblo, a los que ya les comienza a faltar el líquido para sus más inmediatas necesidades de consumo e higiene, hablamos de las familias que no tienen si acaso un nogal plantado en su pequeño terreno, ellos son los que se están quedando sin suministro, porque el agua se está yendo ¿A dónde cree?, pues sí, a los viñedos.

Para quienes visitaban Parras de la Fuente, todavía hace tres décadas, recordarán que de la vuelta de Paila y hasta Casa Madero, aquello era campo abierto. Sí había algunos ranchos, pero la actividad agrícola era la que se ve en otras partes. Lo que son los viñedos comenzaba precisamente en los terrenos aledaños al casco de la propiedad, todavía hay quienes nos acordamos de las primeras plantaciones de vid cruzando la carretera. Pues bien, tan generoso ha sido el negocio, que ahora se ven hectáreas y más hectáreas sembradas, lo cual no es malo en sí mismo, sino que se haga a costa del agua que antes utilizaban otros actores sociales, otros grupos económicos, y a los que literalmente se les pretende esquilmar de ella.

No es necesario ser genio para ver lo que se perfila: más gente de billetes queriendo invertir en el glamoroso negocio del vino, esa misma gente dispuesta a hacer lo que sea para obtener agua para sus sembradíos, ¿no se ofenden de que les llamemos así?, y cómo eso de hacer llover es caro y no fácil, pues se están yendo sobre la que hay, siendo el objetivo el despojo de la cabecera municipal y de los ejidos.

Para Brandon Milmo es un asunto de negocio, de imagen y prestigio personal, para los parrenses es uno de supervivencia en la tierra de sus ancestros. La polarización está dada, el enfrentamiento apenas comienza, el agua que se convertía en vino amenaza con convertirse en sangre, y esto no en algún futuro difuso, sino en el curso de estos meses o días.

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