BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

Existen en este mundo tres maneras de hacer las cosas: hacer las cosas bien, hacer las cosas mal, y hacerlas al estilo Saltillo, que definitivamente no es que las cosas queden hechas a satisfacción de todos y resueltas de una vez por todas, y tampoco es la mala, que equivale a no hacer absolutamente nada, podría decirse que es un punto intermedio… cargado más a lo malo que a lo bueno, o si se puede imaginar algo así, es algo todavía peor, pues en vez de avanzar en la resolución de un problema, se le complica más, vendiéndolo mientras como que sí se hizo algo, lo que limita que en el corto plazo alguien mueva un dedo para dejar las cosas mínimo como estaban, que de ninguna manera es lo ideal.
Indicios los tenemos todos, vivir en Saltillo no es vivir en una sucursal del cielo, como hace décadas presumían que era, o sí para cierta gente contenta con el estado de cosas, pero para la generalidad, es desesperante la casi nula acción transformadora del entorno colectivo. Todavía en el sexenio de Rogelio Montemayor tuvimos un indicio de cómo no se hacen las cosas en la capital, el gobernador había ordenado que se prepararan planes de desarrollo urbano para todos los municipios de la entidad, cosa que se logró conforme a sus instrucciones, con una salvedad, Saltillo, por más que se hizo, por más que se pretendió consensar, nomás no se pudo convencer a los terratenientes pasados, presentes y futuros, de que accedieran no a hacer algo en concreto, sino a pensar que hubiera un papel en el que se estableciera por donde debería ir el crecimiento de la ciudad. Nomás no se pudo.
Recordamos el incidente porque hace pocas semanas se dio a conocer lo que sería el plan de desarrollo de Saltillo a un horizonte el 2050, documento en el que entre otras aberraciones se plantea que ciertas calles del centro histórico se conviertan en peatonales… en el año 2030… lo que quiere decir que durante el actual trienio que recién comienza, y en el siguiente y en el siguiente, nadie va a hacer nada para que se lleve a cabo una acción que en otras ciudades, tan grandes o tan pequeñas como Saltillo, se resuelva a satisfacción de todos los involucrados, en un fin de semana, con los correspondientes ajustes por lo que haya quedado mal, no, acá se toman nueve años, lo que tampoco es ninguna garantía de que al final, alguien le haga caso al mentado plan, porque ese es otro de los encantos de esos catálogos de buenos deseos, que al paso de los años, o de los pocos meses, nadie se acuerda de su existencia.
Y bueno, a lo que veníamos, la ciclovía. La ciclovía de Saltillo se creó al puro trancazo, como todo lo que suele hacer quien era en esos momentos presidente municipal. Como lo suyo era hacer obras de relumbrón, que costaran poco y dejaran mucho, entienda por eso lo que usted quiera, no se planeó ni ejecutó el trazo de la ciclovía con un solo metro de asfalto adicional, propio, lo que se hizo fue montar la magna obra vial de su administración sobre la infraestructura vial existente… de la cual es obligado decir que ya en esos momentos era insuficiente tanto para la circulación como para el estacionamiento de los cada vez más vehículos que hay en la ciudad, pero como eso a él le importaba muy poco, pues quitó un carril entero a todo lo largo de la ciclovía, congestionando aun más el tránsito.
Soberbio como siempre ha sido el niñote Jericó, cada vez que alguien le reclamaba algo de lo que para él era lo máximo en vialidad, respondió que las calles no eran de nadie más que del republicano ayuntamiento, que se bajaran de sus carros y que se trasladaran caminando o en la bici, lo que además beneficiaría su salud… y tan-tan, el estilo jericollesco de zanjar las cuestiones.
¿Cuántos alcaldes han seguido a Abramo Masso?, realmente lo que menos importa es el número, lo que más, es que todos han sido saltilleros de pura cepa, ni uno solo ha movido una falange para hacer algo con la herencia maldita de Jericó, algo que si se hubiera pensado y hecho bien quizá habría proyectado a Saltillo hacia el futuro como una ciudad sustentable en materia de vialidad, con cada vez más personas convencidas de que la bici es el mejor sistema de transporte para un asentamiento como el que habitamos y para el número y distancia media de los viajes que realizamos, pero no, circular por la ciclovía en dos ruedas es peligroso, tan sencillo como que ningún alcalde ha considerado llamemos oportuno, darle una bacheada a la ruta, ¿y sabe lo que puede pasarle a una rueda de bicicleta, o a una rodilla, un codo o una cabeza, de caer en una casi zanja, registro o alcantarilla destapada, así sea de veinte centímetros?
No es la primera ocasión que tocamos el tema, es de esos recurrentes que nos gusta restregar en la cara a los burócratas, que con su inacción demuestran que la solución del asunto está por encima de su nivel de incompetencia, siguiendo los principios de Peter, que todos ellos vieron así fuera e pasada en sus licenciaturas o maestrías, lo volvemos a hacer ahora por dos razones, la primera de ellas es porque está comenzando un nuevo trienio, y como la esperanza no muere antes de los cien primeros días de la gestión, pues a lo mejor el flamante alcalde José María Fraustro Siller, saltillense de toda la vida y poco amigo de la bicicleta como medio de transporte, podría plantear algo ingenioso respecto de la más que maltrecha ciclovía.
Esa es una, la otra razón es que… nos enteramos por casualidad que el presidente municipal de Parras, a menos de quince días de haber asumido el poder, y ante las quejas de muchos ciudadanos y vecinos, olímpicamente levantó la ciclovía que había en la cabecera municipal, ¿y qué cree?, pues que no hubo ni una queja, ninguna manifestación de algún colectivo ciclista, solo aplausos y agradecimientos.
Claro, Parras no es Saltillo, o al revés, Saltillo no es Parras, pero… si en aquel municipio que no pocas veces se ha pasado de bronco, que ha experimentado con todas las franquicias políticas ante el incumplimiento de sus gobernantes, toman al toro por los cuernos… ¿por qué aquí, con todos los recursos imaginativos, con “todo el power”, apoyo y demás, no se atreven?, la respuesta la dimos al principio, por saltilleros.
Pero bueno, para que no digan que nomás criticamos, aquí ofrecemos el remedio y el trapito: lo que le hace falta a Saltillo no es invertir millones y millones, que no hay, en infraestructura vial, sino crear una cultura vial de convivencia, algo que puede parecer tanto o más difícil que construir otro periférico de veinte puentes, pero es la solución a los problemas, se necesita, urge una campaña de cultura y educación vial para que los automovilistas respeten, cuiden a los ciclistas, para que los choferes manejen a la velocidad permitida, que todos le den espacio a peatones, ciclistas y personas en sillas de ruedas. Urge que los cafres no le echen el carro encima a las motos y bicicletas, y que los que usan estas no se sientan que todo se les debe.
Saltillo dejó de ser un pueblo bicicletero, y ahora añora volver a serlo. Sí, pero no con carriles exclusivos, sino como parte del ecosistema vial en el que todos debemos tener lugar sin el temor de ser atropellados, humillados, aventados, o sufrir un accidente.
Allí está, el problema y la solución, solo falta… que las autoridades decidan portarse como autoridades.

Seguro has de ser de la Laguna … mental