BAILE Y COCHINO…
Por Horacio Cárdenas.-

La hermosa provincia mexicana ha sido desde siempre pasto fértil para que los vivales de las ciudades grandes, allí donde se afilan los colmillos con esmeril desde que tiran los dientes de leche, vengan a encontrar incautos a quienes defraudar, aprovechándose de la cierta ingenuidad, y de que simplemente, por acá no solemos ser así.
No es que Saltillo o Coahuila sean sitios favoritos de los defraudadores porque acá caigamos con mayor facilidad que en otras regiones, nos imaginamos que estos fulanos andan por toda la república, dándole vueltas a las ciudades medias y chicas, y hasta en los ejidos y rancherías se lanzan, que en todos lados encontrarán gente con dinero que les crea sus negocios y sus ofertas, y es que aun en los sitios más remotos y por lo consiguiente aburridos, donde no hay mucho en qué tirar el dinero, la gente lo guarda hasta el momento en que se presenta una oportunidad… que no falta quien aproveche, no para venderles algo que les haga la vida más agradable, lo que se considera una actividad económica lícita, sino para esquilmarlos a cambio de nada.
Recordamos hace más de veinte años, cuando todavía esporádicamente funcionaba como cine el teatro Palacio de la calle Victoria, que se anunció un concierto con Roberto Carlos, aquel cantante brasileño que había sido famoso un par de décadas antes, con lo que muchos de los muchachos que ya comenzaban a pintar canas, se entusiasmaron con cantar las acarameladas rolas de quien los había hecho emocionarse y soñar cuando eran adolescentes. Cosa rara, se vendieron todas las entradas, que no eran precisamente baratas, pero entre la escasez de espectáculos, y la promesa de un intérprete de calidad internacional, los saltilleros dejaron a un lado su fama de codos, y se ilusionaron con una velada familiar.
Todo super bien durante un par de meses, la gente no hablaba más que de la venida de Roberto Carlos a la capital coahuilense, hasta el día mismo del supuesto concierto… en que… no hubo concierto. En el teatro nadie sabía dar razón de que hubiera programado un concierto, y mucho menos uno de tales proporciones, sí se había acercado alguien hace medio año a ver lo de la renta, se habían apalabrado y comprometido a liquidar el mero día del evento con las ganancias de las entradas, pero hasta allí, por eso estaban pegados los carteles, que es lo que le daba confianza a la gente de que sí habría concierto, pero nada más.
Son ya clásicos los fraudes con las agencias de viajes, sobre todo con viajes de estudios o de fin de cursos, que cada año, sin falta, hacen pasto de dos, tres o más escuelas, primarias, secundarias o preparatorias. Les prometen que los entusiasmados graduandos la pasarán de maravilla en Cancún, Acapulco, Vallarta, ah y como nada tontos primero se dirigen a la escuela, a la que no nos extrañaría que le ofrecieran ser socia en la ganancia, pues los papás se confían. Allí dan el adelanto primero, con mucho esfuerzo liquidan el restante, y… y nada, ha habido casos en los que el contingente de viajeros y quienes los acompañan hasta el aeropuerto, no caben de sorpresa de que en el mostrador de la aerolínea les dicen que no, que no hay ni registro, ni reservación, ni vuelo, ni nada.
Esto pasa en Saltillo, pero también en Monclova, en Sabinas y donde sea, porque tampoco se trata de quemar la plaza, desaprovechando otras, así que hay que darle vuelta.
Por supuesto está el hasta peligros fraude con la compra de automóviles usados. Va uno en su mueble con el signo de pesos y un teléfono, o lo publica en el Facebook o donde sea, el caso es que lo contacta un fulano, por lo general muy amable, de buen verbo, que le dice que quiere ver su carro, revisarlo, y si llegan a un acuerdo, comprárselo de contado, ah y para que no haya suspicacias, la entrega de papeles se la hacen contra un cheque en una sucursal bancaria. Todo bien, salvo que el día de la cita es el sábado… y el sábado no pagan cheques, se lo reciben salvo buen cobro, que se refleja hasta el martes.
Hay gente que confía, y se queda con su cheque que no vale ni la tinta con que lo imprimieron, hay otra que sospecha, y allí en el banco quiere reprogramar hasta el lunes, estos son los que corren más riesgo de que los secuestren, los golpeen por hacerse los inteligentes, los maten, y por supuesto se queden con el carro, de estas bandas hay muchas, itinerantes por todo el país, nunca los vuelve uno a ver por acá. La verdad no recordamos noticia de que se haya desmantelado alguna de estas bandas, deteniendo a sus integrantes, están tan bien organizados, tienen tal capacidad de evasión sin dejar rastro, que dejan a las policías rascándose la cabeza.
Pero ahora nos enteramos de una nueva modalidad de fraude, que tiene lo suyo de sofisticado, y es tanto o más productiva que lo de los carros. Nos estamos refiriendo al esquema del remate de casas. Resulta que de repente llega un fulano a su domicilio, propio o rentado, y le dice que está interesado en adquirir la propiedad. Usted por supuesto, pone cara de “what?”, ¿qué, qué, cómo, porqué?, todas estas preguntas se arremolinan en su cabeza, y todo porque, si está viviendo en esa casa es porque no ha pensado seriamente o no tiene muchas ganas de venderla, si es que es suya. El caso que entre la sorpresa y la insistencia del pretendido comprador, comienza a salir la sopa, resulta que está tan interesado porque en una página de Facebook vio que esa casa estaba en proceso de remate, en excelentes condiciones, que el que pagara 300 mil pesos, se quedaba con la propiedad, sin más pago de nada, a cualquiera le brilla el ojo, porque la vivienda de la que le platicamos no baja de los ochocientos o novecientos mil pesos, ¿y hacerse de ella por una tercera parte?, pues sobres.
Rascándole un poco más, resulta que el defraudador, que hasta el momento no ha aparecido en escena, responde a un teléfono que está en la página de facebook, y le dice con esa desfachatez de los que viven de la estafa, que cómo no, con que deposite la mitad, 150 mil pesos, el trato queda firme, y la casa es suya, pendiente de liquidar el resto.
Y allí es donde ¿quiobo? Porque llega el estafado a querer, casi por la fuerza, meterse en una casa que cree que ya es suya, cuando que es de una familia que ni enterada está de lo que está ocurriendo. Se han dado escenas de violencia, del que se quiere meter, a quien ya le bajaron una cantidad fuerte, y que piensa que el del fraude es el que allí vive, y que para esas alturas ya está ilocalizable, si no es que imposible de rastrear, pues ni la página sigue activa, ni el teléfono es fijo, nada. Y no es que se conforme con recuperar su dinero, si es que eso se pudiera, sino ¿Quién le devuelve la ilusión de tener una casa en buen lugar y bien barata?
Total que, ya nos transaron con conciertos que no existieron, con viajes que no salieron, con fajos de billetes que eran papel periódico, con que nos compraban el carro bien pagado y de contado, y ahora nos defraudan con una casa, una lanota. Se lo platicamos porque andan los vivales sueltos a ver quien cae, no vaya usted a ser uno de los afortunados…

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