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La esclavización de la democracia en México

¿Qué factores consideras han sido fundamentales en el proceso de democratización en México?

Por: Pablo Linares.-

Introducción

El presente análisis pretende aportar algunas líneas de análisis respecto de la democracia en México, cuál ha sido su evolución con el tiempo y una breve reflexión sobre en qué punto nos encontramos dentro de este proceso.

Desarrollo

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 39, establece que la Soberanía Nacional reside esencial y originalmente en el pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Pareciera una evasión a las aspiraciones democráticas, pero el pueblo mexicano se ha constituido en una forma de democracia representativa, es decir, dentro de las formas de régimen político, los artículos 40 y 41 constitucionales establecen que el pueblo ejerce su soberanía a través de los poderes de la unión, en los casos de la competencia de éstos, y  por los de los Estados, en lo que toca a sus regímenes interiores, de este modo las personas que componen los órganos estatales que representan al pueblo, son llevadas a dicha representación a través del mandato popular ejercido en las urnas a través del voto. Lo que significa que el pueblo ejerce ese “poder soberano” mediante la elección de quien o quienes lo van a representar. Por ello, se entiende que quienes detentan este mandato popular ejercido en las urnas, se obligan per se a cumplir la voluntad del pueblo.

La realidad es que para un pueblo permanentemente hundido en la ignorancia y en las crisis económicas -con algunos oasis de estabilidad de breves periodos- se explica la eterna credulidad a la que nos aferramos respecto al cambio, a la transformación de nuestra situación, la cual siempre añoramos y buscamos, pero en realidad nunca llega. Cerrada como es la sociedad mexicana, la política se concibe entre los resultados poco alentadores de las gestiones gubernamentales que anteceden y el cambio sustentado en el pensamiento mágico de las transformaciones democráticas, que en realidad carecen de fundamento alguno;  siempre ha sido así,  llámese el gobierno del cual se trate o del color del cual se pinte, al final de cuentas los gobiernos en turno deciden los términos y condiciones del supuesto “bienestar nacional” que oscila entre el colectivismo tan guadalupano de una que otra vez realizar marchas de inconformidad a las decisiones que terminaron de afectar los intereses sociales y el agradecimiento de las migajas asistenciales convertidas en programas sociales que van más enfocadas a comprar conciencias en las urnas que a verdaderamente apoyar a alguien o solucionar el latente estado de miseria.

Sexenio a sexenio, como atrapados en algún círculo del infierno de Dante, vemos pasar todos y cada uno de los estilos de gobernar frente a la docilidad de los frenos y contrapesos que deberían existir entre los poderes, así como de la oposición que por más reacia que parezca, siempre termina doblando las manos ante el chantaje de exhibir sus pecados o a través del precio adecuado como cualquier otro objeto susceptible de ser negociado bajo la ley de la oferta y la demanda.

Es reveladora la fácil disposición que por ignorancia, o bien, por las pequeñas dádivas convertidas en programas sociales, el pueblo aplaude sin cuestionar las más contradictorias decisiones venidas desde el poder. Satisfecho bajo la ceguera discursiva y quimérica en algunas ocasiones, y de corte autoritario en otras, se celebran muchas decisiones en realidad impuestas que modifican el destino social en gran medida no para bien; ese pueblo que vibra ante una consulta de revocación de mandato que en realidad no lleva a nada, solo el gasto de 1567.4 millones de pesos y si a la carencia de insumos médicos de primera necesidad en el sector público, así de contradictorios somos.

Víctimas de emociones primarias, ajenos en realidad a las decisiones, el pueblo a la fecha sigue careciendo de esa potestad constitucional que mencionamos relacionada a poder decidir su destino; acostumbrados permanentemente al paternalismo de poner la mano y recibir lo que nos den, vivimos temerosos de nuestro destino, de tomar las riendas de él, sometidos siempre a la voluntad superior, vemos correr el tiempo con una latente mirada de docilidad.

Acrítica en lo fundamental, colectivizada y creyente en la superstición y la magia, nuestra sociedad sigue siendo una donde impera la figura del caudillo (cacique) en lo pequeño y en lo grande, con un dominio cuasi totalizador. La clase política a la mexicana, sabe cómo administrar las oscilaciones de un conveniente pensamiento mítico, cuyas bases siempre han recaído en la necesidad y en la ignorancia.

Así pues, pese a los avances institucionales en materia democrática y la capacidad crítica de una parte de la sociedad, lo cierto es que la gran mayoría de la población en México sigue siendo acarreada a votar por el sistema de conveniencias en turno, obligada a ejercer su voto en determinado sentido, como ya dijimos aprovechándose en todo momento de la ignorancia y la necesidad, en ello radica la peligrosidad de las malas decisiones colectivas que se llegan a tomar en las urnas.

Por ello, afirmamos que no puede existir un avance significativo en el proceso de democratización del país mientras el consentimiento del pueblo siga viciado por ese latente estado necesidad e ignorancia de las mayorías. Octavio Paz, dijo en su obra El laberinto de la Soledad: “Aunque nos hemos liberado del feudalismo, el caudillismo militar y la iglesia, nuestros problemas son, esencialmente los mismos. Esos problemas son inmensos u de difícil resolución. Muchos peligros nos acechan. Muchas tentaciones, desde el gobierno de los banqueros, es decir, de los intermediarios, hasta el cesarismo, pasando por la demagogia nacionalista y otras formas espasmódicas de la vida política”.

Conclusiones

Si bien es cierto que hemos tenido avances significativos en el proceso institucional democratizador, es un hecho que el país no podrá tener una verdadera trasformación sino hasta que algún gobierno realmente se enfoque en cerrar la brecha de desigualdad social existente y en educar a las mayorías, a las grades masas en democracia, sin embargo, ello podría constituir una utopía ya que el control del gobierno y la total autonomía en la toma de las decisiones administrativas y gubernamentales, radica esencialmente en la ausencia de esa sociedad crítica (es conveniente para el sistema de poder en turno), con ello es que se han podido realizar grandes fraudes millonarios en el curso del tiempo, ya que una sociedad que no cuestiona y no se ve inmersa en las decisiones públicas, no exige su derecho de transparencia, no pide cuentas a los gobernantes y mucho menos sanciona ese tipo de faltas.

Bibliografía

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

Morales Juárez, Roberto, “El Voto de la Miseria”, Coahuila, 2001

Paz Octavio, “El Laberinto de la Soledad”, Ed. FCE, 2000

Un comentario sobre “La esclavización de la democracia en México

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  1. Yo le agregaría que esto lo ha generado el PRI en Coahuila en los últimos 70 años. Sin un crecimiento estructural con una deuda que ni nuestros bisnietos pagarán y con una complicidad de los medios de
    Comunicación locales han hundido este estado en lo más bajo. La gente depende tanto de este estereotipo de gobernabilidad que muchos están condicionados a que si opinan diferente pueden perder su trabajo.

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