Los tiempos del partido

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Gracias al desgarriate que son los calendarios electorales en nuestro país, todos los años son años políticos.

Lo ideal en cualquier país, sería que la parte de gobierno, incluyendo aquí la electoral que implica la sustitución de un gobierno por otro, ah, pues que somos bien democráticos y está prohibido eternizarse en el poder, a menos claro, que medie una elección para la renovación, que termine convirtiéndose en ratificación por todo el tiempo que el cuerpo aguante, o la paciencia de los ciudadanos disfrazados de electores, ocurriera solo en fechas específicas, conforme a plazos acordados, y que el resto del tiempo la gente se dedicara a lo que la gente se dedica, sin tener permanentemente una porción, mínima o no tanto, de su CPU ocupada en cuestiones que sí, son muy importantes, pero sobre las que puede hacer bien poco, salvo por supuesto, poner una tacha encima de un logo partidista o el nombre de un candidato, y es triste que a estas alturas del partido, sigamos poniendo una cruz, una equis, una tache al final de cuentas, que siempre, desde hace siglos, ha sido la representación de lo que los analfabetas tienen que decir.

Según esto los calendarios se han ordenado, por eso es que en Coahuila tuvimos la monserga de unas alcaldías de un año que luego quienes las ganaron anduvieron explorando la posibilidad de reelegirse, hasta que les pararon el alto diciendo que no. El esquema perseguido con esta alineación es que, años políticos, en los que haya elecciones pues, sean cada tres años, coincidiendo con la elección federal en que se elige presidente de la república y senadores diputados al congreso de la Unión, y la intermedia, en que se elige otra camada de diputados federales ¿pero y qué onda con las elecciones de gobernador que no coinciden ni con una fecha ni con la otra?, ah pues valiendo lo que se le unta al queso, y como en el caso de Coahuila, además de los dos años electorales de cada sexenio, le agregamos un tercero, el de la renovación del ejecutivo estatal.

Ya con esa pretendida ordenación, los ciudadanos deberíamos estar contentos, año político es uno sí, y otro no, o bueno, uno sí, otro no, uno sí, otro también y vuelta a comenzar, que el sexto se convierte en primero. ¿entiende ahora el hartazgo, el hastío de la gente con la cosa política?

Lo que quisiera uno es de veras poder distanciarse de la política, y es que a querer o no, es un factor de distracción de cosas más inmediatas como el trabajo, la familia, la salud, pero no solo eso, también es un elemento que contribuye no a la mejor convivencia, al debate de ideas que nos haga superarnos como sociedad, sino al contrario, a la polarización y el abierto odio entre unas posiciones y las contrarias. Muchas amistades se han perdido por irle uno a un partido y otro al opuesto, hasta en las familias ha habido distanciamientos y rencores entre hermanos, todo por una cosa en la que optamos por este o aquel partido, sin que este o aquel político siquiera nos hagan en el mundo, salvo como abono a su contabilidad de sufragios, fuera de eso, nada.

Pero a lo que veníamos ¿qué es lo que la clase política hace en los años que no son años políticos?, ah, pues muy sencillo: hacer política, con ganas de llevarnos al baile en la siguiente elección al resto de los ciudadanos. Hasta hay un tanto que dice Silencio en la noche, el músculo duerme, la ambición trabaja, pues ni más ni menos, en los tiempos en los que la sociedad debería estar laborando para fortalecer los lazos que la hacen existir, no, hay quienes andan cortando aquí y allá, con ganas de llevarse esos tramos de hilo para su partido, su campaña, su proyecto y eventualmente su gobierno.

¿Qué tan cierto es esto que le comentamos?, compruébelo usted mismo, era para que los años en que no hay elecciones el Instituto Nacional Electoral y los 32 institutos electorales estatales le pusieran un candado a la puerta de sus edificios, y dijeran nos vemos para la siguiente elección, nada más alejado de la realidad, los años que no son electorales tienen el mismo presupuesto que los años de elecciones, y además les sirven para pedir ampliaciones ¡faltaba más!, ya de allí podemos sacar que a las calladas o no tanto, siguen tan activos como en los años fuertes.

Sobre todo en el Revolucionario Institucional, pero en todos los partidos, se ha hablado siempre de “los tiempos del partido”, expresión vacía, que sin embargo todos entienden perfectamente, los tiempos del partido son cuando este da a conocer su calendario, en el cual se especifica con fechas y hasta con horas, cuándo se pueden registrar los que quieren ser candidatos a alguno de los puestos de elección popular que están en contienda en el futuro próximo.

En teoría la cosa debería ser tan sencilla, o tan complicada, como determinar cuÁndo va a caer la semana santa, y como de eso entendemos menos que nada, le copiamos textual lo que dice el Google: La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de marzo y se debe calcular empleando para el cálculo la Luna llena astronómica.

Puede ocurrir no antes del 22 de marzo y el 25 de abril como muy tarde. ¿clarísimo, no?, pues igual para los calendarios políticos, en algún lado dice que las elecciones deben celebrarse el primer domingo del mes de julio… aunque hay otras que son el primer domingo de junio, pero dejémoslas en el de julio, las más usuales, y tanto que así se llamaba un caballo de Vicente Fox, que además ese día cumplía y cumple años, y es día en que Andrés Manuel López Obrador nos receta sus aburridísimos y reiterativos informes de gobierno, sin ser fecha oficial.

Pues del primer domingo de julio, comenzamos a contar para atrás, ese es el día de la elección, quítele el período de veda, cuatro días o una semana, quítele tres meses de campaña, una semana para los registros, los dos o tres meses de precampaña, la elección interna si es que hay, todo esto son períodos tentativos, y entonces llegamos al momento cumbre de los tiempos de partido: el destape o la designación del candidato, que estuvo precedido del golpeteo, el proceso interno, las presiones, las zancadillas, las añagazas, las amenazas cumplidas de Si no soy yo, me voy. Todo esto nos retrotrae (¿así se dirá?) más o menos a diciembre del año anterior.

Hablando de la elección de julio de 2023, en que se elegirá gobernador de Coahuila, la decisión del PRI, a la que se sumen o no los partidos de la alianza PAN y PRD, debería darse en diciembre del 2022… o adelantarse, pues el horno no está para bollos, si mete la mano la saca no quemada, calcinada… eso fue lo que obligó a Rigo Fuentes a salir a dar un avance de cómo será la elección, por consulta a las bases, con piso parejo y cuantas cosas más.

Por supuesto allí anda Jericó Abramo diciendo que fue por él y por nadie más, que el PRI se abrió de capa, eso sería echarle mucha crema a sus tacos, que no debe, porque siempre está a dieta, el partido, lo que queda de él, en su casi último reducto que es Coahuila, sabe cuándo, y sabe por qué y para qué. Por lo pronto que nadie coma ansias, lo que va a llegar, va a llegar, al que le va a llegar, y a los que no, pues no. Son los tiempos del partido.

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