120 mil muertos… ¡Y Mejía en campaña!

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Cuenta la anécdota, que alguna vez el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez definió la dedicación que tenía derecho a esperar el pueblo de México de su mandatario: el presidente debe ser el primer hombre que se levanta por las mañanas, y el último que se va a dormir por las noches… y esto de lunes a domingo, y esto los seis años que dure su mandato. Así de simple, así de barato. Y sí, ponga que Luis Echeverría ha sido señalado como un político represor, y no particularmente hábil, pero por lo menos podía la gente saber que por dedicación no paraba.

Otro cuento fue Carlos Salinas de Gortari, quien laboraba exclusivamente semana inglesa, y los fines de semana aprovechaba para irse a su rancho, hacienda, residencia palaciega en Agualeguas Nuevo León, donde hasta una pista de aterrizaje se construyó para recibir con toda comodidad a tan insigne personaje, que sin embargo y pese a ser uno de los mandatarios más jóvenes que ha tenido México, necesitaba tomarse sus descansitos.

Más o menos así era también Vicente Fox Quesada, aunque él no era precisamente neoliberal de formación, de hecho ni formación tenía, pero sí había llegado alto en el mundo empresarial, donde aprendió que para poder trabajar mucho y bien… es un decir, hay que tomarse su merecido descanso, él se iba a su rancho de San Cristóbal, a donde parecía que había hecho manda de ir a escuchar misa todos los domingos, así el país se estuviera cayendo en pedazos, y quizá a meditar en un futuro mariguano, mientras recorría los amplios terrenos con cada vez más productivos cultivos.

Total que hemos tenido gobernantes muy dedicados y otros menos dedicados. Sabemos por ejemplo que Enrique Peña Nieto gustaba de hacer yoga y practicar la meditación trascendental, jugar al golf en Ixtapan de la Sal, momentos, horas en que nadie podía molestarlo con nada. También presume el mandatario actual que él trabaja dieciséis horas al día, razón por la cual no aspira a reelegirse, si ha trabajado el equivalente a dos sexenios… aunque sus detractores, que los tiene por legiones, dicen que solo trabaja las dos horas que duran las mañaneras, el resto del tiempo le da para irse a “macanear”, para andar de gira por aquí o por allá, para escribir sus best Sellers, y para recorrer hasta el último rincón de palacio nacional, siguiendo los fantasmas de quienes lo habitaron antes que él.

En nuestro tiempo tuvimos oportunidad de conocer a algunos funcionarios, y saber de muchos otros, que literalmente vivían dedicados al ejercicio de su función, y por extensión al ejercicio del poder, que esa y no otra era su pasión, si no es que su vicio. Había, no digamos presidentes, secretarios de estado, directores generales, encargados de dependencias, que poco menos que vivían en sus oficinas, tenían, los de cierto nivel para arriba claro, hasta un departamentito, un vestidor, un baño completo, y por supuesto, cuenta abierta para alimentos, cuando no, acceso a un comedor o su comedor privado. Todo obvio, con cargo al presupuesto de su área, pero se consideraba bien empleado, pues no había pretexto de que “el señor se fue a su casa”, nada, disponibles las 24 horas, los 365 días del año, todo el sexenio, nada más, nada menos.

Conocimos gente acá a nivel de tropa, que no había descansado un domingo en años… que llegaba a trabajar a las 8 de la mañana, o a las 7 al cambio de guardia, y podían pasar doce, catorce o más horas, y seguía, si no trabajando, de imaginaria, en calidad de disponible. ¿y sabe cuándo se quejaron?, nunca, esa era la vida que habían elegido, y a la que se dedicaban de cuerpo entero.

Todo esto sirva de introducción para analizar brevemente la conducta “política” de Ricardo Mejía Berdeja, quien ocupa uno de los puestos más críticos de toda la administración pública federal, no solamente por su posición en el organigrama, sino por la carga de trabajo auspiciada por una realidad insoslayable: la de que el país está en un estado poco menos que de guerra civil, aunque desde las alturas del poder digan que está en perfecta calma y que los 120 mil muertos y el clima de terror, son inventos de los “adversarios” políticos del presidente y su fumada de opio, la cuarta transformación.

Una de las reglas no escritas del sistema político a la mexicana es que los policías no aspiran a un puesto de elección popular, por el hecho de que nadie los quiere… ¿Quién puede tener simpatías, políticas, para alguien que se encarga de mantener limpias las cloacas de la sociedad?, bueno, eso suponiendo que lo haga bien, ¿pero si encima lo hace mal?, pues menos todavía.

El último de la vieja guardia que aspiró a brincar de la policía a una gubernatura, fue Arturo El Negro Durazo Moreno, quien se soñaba como gobernador de Sonora. No se le hizo, y mire que durante el sexenio de López Portillo se vio cada barbaridad… más adelante en el camino fue Fernando Gutiérrez Barrios quien saltó de las tenebras del sistema político a gobernador de Veracruz, y de allá se lo trajeron para ser secretario de gobernación, pero pocos casos más.

Bueno, hasta que llegó la cuarta transformación a hacerse rosca, y es el caso que, repetimos, estando el país ahogado en sangre, propició que Alfonso Durazo compitiera por MORENA para gobernador de Sonora, permitió que Manuel Espino, que también ocupa una posición estratégica en el área de seguridad, buscara la nominación para la gubernatura de Durango, y ahora Ricardo Mejía Berdeja haga lo posible por ser candidato del partido del presidente a gobernador de Coahuila.

A ver, alguien a quien los muertos se le apilan un día sí y otro también, con un promedio de 82 asesinatos diarios en el mes de mayo, que es cuando más fuerte ha estado su actividad proselitista para su eventual candidatura, debería estar de tiempo completo dedicado a la solución de los casos, o ya se que no es su función, a prevenir que continúen ocurriendo. Vamos, si tuviera que cargar sobre su espalda 82 cadáveres dos pisos, se le quitarían a Mejía Berdeja las ganas de hacer otra cosa que renunciar, pero claro, no es su estilo, él siempre quiere más, y no conformándose con haber ocupado una subsecretaría, ahora quiere brincar el sexenio, amacizándose como gobernador de Coahuila.

¿Sabe a quien nos recuerda Mejía? A Fox, a Fox cuando salió con aquella barrabasada de que “era un gobernador de celular”, que él todo lo de Guanajuato lo resolvía por teléfono, pues así el subsecretario, que las masacres, las olas de crímenes, los asesinatos en masa, los individuales, no los ve ni en una lista… y dudamos que su secretaria siquiera se los lea ¿para qué?

Pero solo suponga, por un malhadado momento que llega a candidato y en otro todavía peor, que llega a gobernador ¿cuándo se va a interesar por algo, si ahora que tiene cosas tan concretas, cadáveres, 82 diarios, no se ocupa en nada?, ha habido gobernantes dedicados, policías de 24 horas por 24 horas, pero este no es uno de ellos, ni de lejísimos.

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