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El juego macabro para conservar el poder

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Todo el tema nos parece una ridiculez de principio a fin, pero el mundo está tan reburujado, la política tan revuelta y la sociedad tan confundida, que este asunto que no tendría ningún sentido de ocuparnos de él, está allí en el escenario nacional, con el agravante de que de él puede depender mucho del futuro, e incluso del presente de amplios sectores de población, regiones y estados.

A lo que nos estamos refiriendo es a la cuestión de la paridad en la selección de candidatos por parte de los partidos políticos, que aunque como un chipote que no quiere sanar ni se deja tratar, está allí presente en la legislación electoral vigente, y tanto, que aunque prospere la intentona de reforma del presidente Andrés Manuel López Obrador para entre otras cosas, transformar al Instituto Nacional Electoral en un apéndice de la cuarta transformación, disminuir el número de diputados y senadores plurinominales, reducir los montos de dinero que se pueden utilizar en campañas políticas, entre otras grandes ideas, no alcanzaría a normar los procesos electorales del año 2023, específicamente los del Estado de México y Coahuila, que renuevan al titular del poder ejecutivo y a los integrantes de sus respectivos congresos locales.

No somos juristas, y menos juristas XXI como les llama Luis Efrén Ríos a los abogados que eventualmente egresen de la academia interamericana de los derechos humanos, ahora habilitada para impartir licenciatura, pero algo hemos escuchado sobre el tema del factor de la paridad en la selección de candidatos a las gubernaturas de los estados referidos, o más bien, algo habíamos escuchado, porque de un tiempo para acá, y quizá por haber tantos otros temas relevantes en el tintero, este fue relegado hasta que tuviera que salir de nuevo, por razones estrictas de calendario.

Hasta donde lo teníamos entendido, la legislación electoral aprobada por el Congreso de la Unión, que luego tuvo que ser ratificada por los de los estados, dispone que debe haber igual número de candidatos hombres y candidatas mujeres a los puestos de elección popular, lo cual se quiso vender, y se compró, como un gran paso adelante para eliminar la discriminación de las personas, en este caso las dedicadas a la política, en función de su sexo.

Pues sí, pero una cosa es ser un político de gran corazón, y otra muy distinta que a la hora de querer echarlo a andar cuadren detalles como la aritmética, eso solo para empezar. Pensemos en el estado de Coahuila, con sus 38 municipios, allí sí la cosa es sencilla, cualquiera o todos los partidos que quieran postular para todos los ayuntamientos, tendrá que seleccionar 19 hombres y 19 mujeres, que suman 38.

Malo en estados donde el número de municipios sea impar… allí por necesidad un género quedará sobre representado y el otro por debajo de lo estrictamente aritmético. En nuestro estado y en todos se han presentado casos de lo más tonto, de lo más bizarro, de: te cambio este macho por aquella mujer, te cambio esta dama por aquel vaquetón, todo porque aunque al presidente le caiga en los hígados eso de que la ley es la ley, ¿pues qué creen? Que sí, la ley es la ley, pero sigue existiendo el machismo y la conveniencia, y a los partidos y a los directamente involucrados les interesa que sean hombres los que gobiernen los municipios más grandes, los más poderosos económicamente, y allí sí que no hay provisión legal que valga, pero luego para complicar más la cosa, están los cabildos… cada partido debe postular el número de síndicos y el número de regidores que corresponda según el tamaño del municipio, de acuerdo, pero mitad y mitad, mitad hombres y mitad mujeres, simpleza que luego vale lo que se le unta al queso, porque la asignación de las regidurías se da por número de sufragios, no por sexo, al menos no todavía. Esto ya es un enredo mayúsculo, pero allí va saliendo más o menos, a gusto de nadie.

Pero luego salió el asunto de que en el año 2023 hay dos gubernaturas en disputa, y a alguien se le ocurrió que debía operar el mismo principio, ¿son dos?, pues una y una y tan sencillo, en una se postula a un hombre y en la otra se postula a una mujer, sí, pero… ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿un estado con el otro?, ¿los priístas, morenistas, panistas del estado de México con los de Coahuila?, si nos bajamos al nivel de los ciudadanos ¿cuántos de los de allá pueden señalar en un mapa a Coahuila, y al revés, cuantos de los nuestros pueden ubicar al estado de México?, nada, no tenemos nada que ver, y sin embargo así está la cosa, o al menos esa impresión todavía tenemos, porque reiteramos el silencio que campea sobre el tema.

Por más que nosotros, los coahuilenses, nos queramos mucho, hay que ver la realidad de que poco o nada tenemos que competir en importancia política, económica, electoral con el Estado de México. Tan sencillo como que nosotros somos una de las entidades menos pobladas del país, y aquel es el primero o segundo después de la ciudad de México, quien conquista los votos mexiquenses tiene mano en lo que ocurra en la elección presidencial del año siguiente, en cambio Coahuila pinta poco, pese a las distancias de todo tipo, estamos atados por un mismo proceso electoral para renovar gobernador.

La ecuación es bien simple: si un partido postula un hombre para el Estado de México, para Coahuila tiene que postular una mujer, y viceversa. Habíamos escuchado de recursos ante el INE para que esta medida tan necia quedara sin efecto, pero hasta donde sabemos, hay partidos que siguen pensando y actuando en sus procesos de selección de candidatos como si estuviera vigente.

El caso más relevante, no podía ser de otra forma a estas alturas, es el de MORENA, en donde al parecer hay un marcado interés del presidente López Obrador, pese a sus declaraciones de no meterse de destapador para no perder autoridad moral, de que sea su secretaria de educación pública, Delfina Gómez, la candidata al gobierno del Estado de México, lo que obligaría a que para Coahuila tenga que ser un candidato hombre, a saber Ricardo Mejía Berdeja.

Para nosotros pocas cosas más claras: Delfina es secretaria de estado, Mejía es subsecretario, así de radical el peso que tiene un estado y otro en el ánimo presidencial, en el caso de que Delfina no sea candidata y sea Horacio Duarte o Higinio Martínez ¿a qué mujer podría postular en Coahuila? ¿A Tania?… ¿A Hortensia…?

En el PRI hay varios tiradores fuertes, muy bien, pero todos hombres, en el caso que allá postulen también un hombre ¿qué mujer pudiera ser candidata a gobernadora de Coahuila? ¿Verónica…? ¿Quién más…? La cosa es de lo más ridícula, insistimos en ello, si alguien quiere competir con un puesto, su género no debe ser limitante que lo descarte o lo proyecte.

En fin, nadie dice nada, ni para aclarar cómo va a estar, mucho menos para pavimentar el piso que siempre dicen debe ser parejo, pero la política a la mexicana es así, un juego macabro por conservar y no ceder el poder.

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