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Mejía Berdeja y el México sangriento

«… el agorero de las mañaneras, que camina sobre charcos de sangre, recogiendo muertos por todo México, en actos anticipados de campaña, pretendiendo gobernar Coahuila, mientras la morgue se llena de cadáveres.»

Por: J. Alfredo Reyes

Tiene razón el presidente Andrés Manuel López Obrador cuando dice que en este país ya no existen las masacres perpetradas por el Estado y dice bien, es muy cierto que ya no existen Huitzilac, ni Tlatelolco, ni halconazos, ni masacres de Aguas Blancas, Acteal o Ayotzinapa que fueron calificadas como crímenes de Estado, algo terrible pero no tan terrorífico como lo que ahora existe, algo más sangriento y criminal que todo el autoritarismo del antiguo régimen, ahora existe la estrategia de los “abrazos, no balazos”, la ausencia del Estado ante el brutal asedio de la delincuencia organizada que domina a todo México, excepto a Coahuila y otros pocos estados a donde no queremos que llegue ese mal, ese infierno, esa catástrofe.

Y para nuestra desgracia México ocupa el cuarto lugar entre los países con más criminalidad en el mundo según el Índice Global de Crimen Organizado 2021, donde el más violento es El Congo, luego Colombia, le sigue Myanmar y después está México seguido de Nigeria, puro rastrojo, el ripio de los países más degradados del planeta, los más peligrosos, como la Colombia asesina de Fernando Vallejo, el de la Virgen de los Sicarios, cuyo espanto es mínimo comparado con el México de hoy donde a diario nos topamos con las señales más horrendas de la perversidad humana como son tortura, mutilación, canibalismo, decapitación, infanticidio, desaparición, feminicidio, violación, calcinados y demás atrocidades.

Aquí asesinan no solo en los palenques, las carreras de caballos o en los burdeles. Ejecutan a la gente en misa, bodas y bautizos. En restoranes, hoteles y playas. En el hospital, en el mismo velorio o camino al panteón. Fernando Vallejo se ponía optimista cuando en la Colombia asesina mataban a treinta y cinco cristianos, quince menos que el día anterior, aunque asegura consternado que había días en que mataban a más de cien, y lo decía como algo muy excepcional, eso que hoy es normalidad en México, con un espeluznante promedio de cien homicidios diarios, 123 mil asesinatos en lo que va del sexenio de AMLO, un homicidio cada 15 minutos. Y no es difamación, este es un México asesino, un país criminal, la simiente del odio.

Y en medio de todo ese desastre está el jefe de la policía Ricardo Mejía Berdeja que en estos trágicos tiempos se ha convertido en el vocero catastrófico del presidente, en el profeta Micaías de Josafat y del cual el rey Acab decía consternado: “Yo le aborrezco, porque nunca me profetiza el bien sino solamente el mal”, igual que Mejía, el agorero de las mañaneras, que camina sobre charcos de sangre, recogiendo muertos por todo México, en actos anticipados de campaña, pretendiendo gobernar Coahuila, mientras la morgue se llena de cadáveres.

Y dice Fernando Vallejo, el de la Virgen de los Sicarios, ante el cúmulo de muertos: “¿Y la policía? ¿Acaso no hay policía en el país de los hechos? Claro que la hay pero es invisible, es transparente, es la que corre ante los sicarios”.

Lo bueno es que aquí en México don Ricardo ha estado al pendiente de la seguridad 24/7 en lo que va del sexenio, pero por teléfono, como se lo dijo al periodista Robledo, que para eso estamos en la era digital.

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