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Representatividad

BAILE Y COCHINO…

Por Horacio Cárdenas.-

Dos hechos en apariencia aislados, pero de alguna manera interconectados, ocurrieron durante la semana pasada, ambos tienen una gran relevancia para el futuro cercano de la nación mexicana en general, y en particular de los habitantes del estado de Coahuila.

El primero de estos eventos fue la publicación de los resultados, en el marco del Mes del Orgullo, como se ha dado en llamar en ciertos círculos, a junio, de la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género, con siglas ENDISEG, correspondiente al año 2021, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el INEGI durante los pasados meses, y para la cual distintas organizaciones y personas relacionadas con el movimiento LGBTI+ estuvieron promoviendo la participación durante los pasados meses.

El otro asunto tiene que ver con la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para obligar la entrada en vigor de una disposición legal, mediante la cual, cuando el titular del poder ejecutivo es hombre, los partidos políticos tienen que postular candidatas mujeres, y viceversa, disposición que estaba planteada para entrar en vigor hasta el año 2029, pero que por un resolutivo de la ministra Loretta Ortiz, esta deberá adelantarse para el año 2023, ya en puerta, y vale decir, con los partidos políticos y los políticos ya encarrerados en una pendiente en la que les va a costar mucho trabajo dar el enfrenón de una manera que resulte más o menos elegante.

¿Por qué mezclamos estos dos eventos que parece que no tienen nada que ver?, ah, pues por el trasfondo que tiene uno y otro que es el mismo, el de la representatividad de determinados sectores o grupos que por las razones que sean, han sido marginados de la vida pública de la nación, de los estados, de los municipios, y si nos vamos a los poderes, del ejecutivo, del legislativo y del judicial.

La Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género encontró, por ejemplo, que en nuestro país, la población LGBTI+, que se identifica como tal y que respondió a la encuesta, asciende a más o menos cinco millones de personas, el equivalente al 5.1% del total de los habitantes de México, ubicados en el rango de 15 años y más, lo que no quiere decir que por debajo de ese límite arbitrario, no les lata también su corazoncito de forma no convencional.

Como lo dice el INEGI con todas sus letras, o más bien sus números, el dato nos dice descarnadamente que una de cada 20 personas en el país se identifica y se declara, que no es exactamente lo mismo, como población LGBTI+.

Este es el dato grueso, ya algo más desagregado nos dice el INEGI que la población gay, lesbiana, bisexual o con otra orientación sexual, que explica, citando a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que utiliza el término «no normativa», para referirse a identidades trans y no heterosexuales que desafían las normas y roles tradicionales de los géneros masculino y femenino, siendo aquí lo interesante la inclusión del término desafío, que es una actitud que determina un estilo de vida y aun más allá, el desempeño de la persona en sociedad, en lo social, lo económico y lo político.

El documento del INEGI señala que la población transgénero, transexual o de otra identidad que no coincide con el sexo que les fue asignado al nacer, es de 909 mil personas, de 15 años o más, así que con los de menos, ha de llegar tranquilamente al millón. Esto para que nos demos una idea del volumen de gente del que estamos hablando. Si lo ponemos en esos términos, de cada veinte personas que conocemos, una es LGBTI+, lo sepamos o no, lo comparta o se lo guarde, pero por lo menos tuvo el interés, la inquietud y la disponibilidad de responder la encuesta, a lo mejor como un acto de valentía, de rebelión o de revelación, pero el dato del uno de cada veinte debe ser suficiente llamada de atención para el gobierno y la sociedad de que ya no se les puede pasar por alto, como se ha hecho hasta el momento, ni para lo malo ni para lo bueno. Imagínese tener que reprimir al 5% de la población… no habría manera.

Ahora en cuanto a datos más particulares, la encuesta arrojó que es en el Estado de México donde se concentra la mayor parte de la población LGTBI+, con 490 mil personas, seguido de la ciudad de México, donde hay 311 mil y Veracruz, con 308 mil, así puestos, no es exagerada la cifra de que en la marcha del orgullo del sábado anterior se hubieran contabilizado 250 mil asistentes… que sea como sea, pesan. También nos dice que es en colima donde hay un mayor porcentaje de población LGBTI+, con un 8.7%, seguido de Yucatán con 8.3, y Querétaro con 8.2%, al menos en el comunicado de prensa 340/22, no dicen cuántos ni qué porcentaje hay en Coahuila, pero el dato de 5.1% nacional nos es suficientemente útil.

A partir de esto cabe preguntarnos ¿qué representatividad hay en las distintas instancias de gobierno de este grupo poblacional?, hasta donde sabemos, en la actual legislatura, la LXV del congreso de la unión, hay dos diputadas trans, Salma Luévano y María Clemente García, dos de quinientos, si respetáramos la proporción del 5% deberían ser 25… estamos muy lejos de que la población LGBTI+ esté adecuada y satisfactoriamente representada.

Ahora regresando a lo de la disposición de la alternancia, que necesariamente tendremos que calificar de binaria de la norma que está en vilo, y de la que depende la integración del siguiente gobierno en el estado de Coahuila, solamente se consideraron dos posibilidades, la de hombre o la de mujer, no se tuvo en cuenta el gran abanico de la comunidad LGBTI+, que es mucho más complejo que lo que cabe en el signo de más. Allí donde lo ve, y que pretende ser una legislación de avanzada, parte del mismo concepto binario, de que, o nace uno hombre o nace una mujer, y para sus derechos políticos, que son de los más importantes de los que puede disfrutar una persona y una sociedad, no hay más que esas dos opciones, sin entrar en cuestiones legaloides de identificación sexual, después de todo hasta en los deportes olímpicos ya hay la posibilidad de que las personas trans participen en la categoría del sexo con el que se identifican, ¿Por qué en la rupestre política mexicana, la que además se lleva entre las patas a la coahuilense, todavía estamos con solo dos únicas opciones?

La alternancia por cuestión de género es una simpleza, así de entrada ¿qué mujer ha manifestado su interés de ser gobernadora del estado?, no si va uno y les pregunta, a lo mejor dicen que sí, pero sin mayor motivación ni mover un dedo, para bien o para mal, para la elección del año entrante solo eran hombres los que se habían movido, y ahora los arrojan fuera por un asunto de cromosomas. Que igual, si no es esta es la siguiente, la de la alternancia a fuerza, esto obliga a los políticos hombres a estarse sentados esperando doce años, para poder aspirar a lo que quieren.

Algo anda mal en lo tocante a la participación y a la representación, pero sobre todo respecto a las leyes, que no solo siempre andan atrás de la realidad, sino que andan mal.

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